¿Borge aún conserva algo de poder?

¿Borge aún conserva algo de poder?
Hugo Martoccia – Mesa Chica

 

La imagen de un Roberto Borge flaco, algo demacrado, quizá aturdido o confuso, pero con una mirada profunda, desafiante, fue el hecho político de la semana. La figura del ex gobernador de camino a una cárcel mexicana significa muchas cosas. Es quizá, un triunfo de la justicia. Pero es también una sensación extraña, la persistencia de un recuerdo ingrato para muchos. El recuerdo de un poder sin límites.
Las preguntas surgen solas ¿Su poder se ha diluido lo suficiente? ¿O su regreso al país, aún encarcelado, puede significar algo para la política del estado? ¿Existen relaciones o complicidades que pudieran activarse con su presencia? ¿O es Borge sólo un despojo político?
Las opiniones están bastante divididas. Hay quienes dicen que Borge es una sombra de lo que fue, y que aún no se ha visto en lo que se convertirá. La caída del ex mandatario, aseguran, apenas comienza. El inicio formal de su proceso penal sería un calvario para sus familiares, socios y viejos aliados.
Hasta ahora, la revisión del Gobierno de Borge ha pasado por la integración de expedientes, y la investigación o el eco de la prensa. Casi una novela de política y corrupción. Ahora, serán los jueces los que hurguen en una red criminal (según la acusación de la PGR y la Fiscalía del estado) que produjo un desfalco monumental en el estado. La red de complicidades podría cimbrar profundamente la política quintanarroense.
Esa versión concluye en un escarmiento casi brutal. Propone la idea de otro ex gobernador de Quintana Roo que pasará al menos un par de décadas en la cárcel.

 

LA OTRA MIRADA

 

Hay quienes sostienen, sin embargo, que la realidad no será tan amarga con el ex gobernador. El aspecto central de esa teoría habla del lugar que Borge ocupa en el ecosistema político del estado y del país.
Alrededor del ex gobernador hay una intrincada y vasta red de amistades, complicidades y acuerdos que, como ya se ha descrito en las mismas causas de las que se lo acusa, movilizó miles de millones de pesos.
Que nadie haya visitado a Borge en su cárcel panameña puede ser una señal de sensatez política para muchos, pero eso no significa que le hayan dado realmente las espalda.
Vale la pena recordar un dato: hasta ahora, solo se han recuperado 40 millones de pesos del desfalco del borgismo. Hay cientos, o quizá miles de millones de pesos detectados, a los que se puede seguir la pista. Pero hay otros miles de millones de los cuales no se tiene ningún registro.
Mucho de ese dinero, se supone, está insertado en el circuito legal, en empresas de todo tipo que generan más y más dinero. Una porción de esos recursos, también, forma parte de una u otra manera de proyectos políticos vigentes.
Hay que recordar un dato de la realidad política local: el PRI y el PVEM nunca se han deslindado categóricamente de Borge. Todos han dicho, casi a coro, que ahí está la justicia y que el ex gobernador se debe defender. No ha habido una condena explícita. Y, hasta cierto punto, es lógico y natural que así sea.
En este punto hay que insistir con un concepto: hay proyectos políticos vigentes en todo el estado que cobijan remanentes del sexenio pasado.
No hay que analizar mucho. Hasta el “partido de la transformación”, MORENA, ha abierto sin recato alguno las puertas al “borgismo residual”.

 

CAPACIDAD DE DAÑO

 

Hay que ser claros. Roberto Borge no tiene la estatura política de Mario Villanueva, por ejemplo. El villanuevismo es una fuerza política vigente; su líder es un animal político que tiene, sobre todo en el sur del estado, un arraigo popular muy importante.
Meses atrás, desde el mismo penal en el cual hoy está Borge, Villanueva generó un enorme revuelo político con dos cartas públicas que ponían en duda la capacidad del gobernador Carlos Joaquín.
Roberto Borge no es eso, ni lo será. Pero hay que recordar que aún no ha hablado. Si lo decidiera, sin embargo, sus palabras podrían calar muy hondo, por ejemplo, en el medio de la campaña electoral. Haciendo una rápida lista de nombres de los candidatos que se preparan para la elección, uno supone que Borge podría sepultar varias carreras políticas si quisiera contar sus verdades.
Hay que recordar que lo último que un hombre de poder pierde es su capacidad de hacer daño.