Chanito, Vergara, pragmatismo y confusión

Chanito, Vergara, pragmatismo y confusión
Hugo Martoccia – Mesa Chica

 

La elección de 2018 quedará en la historia por varios motivos. Uno de ellos será, sin duda, el pragmatismo político, que ha llegado a niveles inimaginables. No hay buenos ni malos; no hay aquí ni allá. Sólo hay socios, acuerdos, perdones, y decisiones prácticas. Nunca como hoy, se puede decir que el fin justifica cualquier medio.
El pragmatismo ha encontrado su punto más álgido en MORENA. El líder de ese partido, Andrés Manuel López Obrador, ha santificado a personajes polémicos, o directamente impresentables, de todos los partidos en el país. Ha sido objeto de críticas que, hasta hoy, no lo han debilitado.
En Quintana Roo lo de MORENA es más extraño. Es uno de los pocos estados del país en los cuales AMLO no necesita de ayuda extra. Sin embargo, la fue a buscar en el peor cajón de la política: el borgismo. Su alianza en Quintana Roo es una mezcla de borgistas, priistas y personajes polémicos, que son una incógnita para el 1 de julio próximo.
Las otras alianzas locales caminaban, hasta hace poco, por otro rumbo. La coalición PRI-PVEM-PANAL no puede ser refugio de nadie. El viejo partido de Estado está lastimado, y sus socios también lo sufren. Para bien o para mal, sus candidatos serán las caras de siempre. Y, varias de ellas, serán competitivas en las elecciones locales.
La alianza de gobierno, PAN-PRD-MC, tiene una tarea más difícil: debe refrendar su victoria de 2016 en un escenario muy complejo. Aún así, había decidido refugiarse en sus cuadros.
Pero eso cambió definitivamente esta semana. En unos pocos días frenéticos, el frente oficialista vio cómo su principal discurso electoral se diluía por decisiones propias, y abonaba a la confusión y el pragmatismo generales.

 

CHANITO

 

Al inicio de la semana reapareció el nombre del diputado federal priista José Luis Toledo Medina, Chanito, como probable candidato de esa alianza en Cancún. Días atrás, el propio gobernador Carlos Joaquín había dicho que no veía claro ese acuerdo. Dijo, textualmente, que era muy difícil, como lo publicó en su momento La Opinión.
Pero en el PAN y en el PRD dicen que algo lo convenció: no hay candidato para Cancún, y las proyecciones no dan más de 10 por ciento de votación en el municipio para julio. Una debacle inimaginable.
“Chanito nos hace competitivos”, dicen, casi al unísono, dirigentes del PAN y el PRD. En el peor de los casos, dicen, se podrán acercar al 30 por ciento de los votos, aunque no ganaran, y mantener una estructura y una presencia en el municipio.
Es cierto; los números no tienen discusión. El problema es el discurso. Chanito Toledo fue el delfín de Roberto Borge. Tanto lo apoyó el ex gobernador, que se enfrentó a gran parte del priismo local y nacional para intentar imponerlo. No pudo.
Hay que dividir lo personal de lo político. Chanito no tiene, que se sepa, una denuncia ni una investigación en su contra. Y no deberá cargar toda su vida haber sido amigo o aliado de Borge. Pero esas razones, que no afectan su carrera política, no las puede adoptar la alianza oficialista.
La investigación contra el borgismo es, aún hoy, el discurso más potente del Gobierno. Es el área donde se pueden mostrar los mejores resultados. Si Chanito es su candidato, ese discurso murió.
En la alianza oficialista dicen que no, que hay formas de “vender” esa candidatura. Y que Chanito ha jurado que pondrá su estructura en Playa del Carmen y Tulum al servicio del proyecto. Otra vez, los números, el pragmatismo, y lo conveniente.
No se habla aquí, que quede claro, del mérito electoral, político o personal de Chanito, que seguramente los tiene. Se habla de la forma en que una alianza de Gobierno que no supo construir candidatos propios, debe presentar a los electores una decisión que es, por donde se la mire, incongruente con el contexto político estatal.

 

VERGARA

 

La otra mala noticia tuvo que ver, justamente, con otro discurso positivo del Gobierno.
El saneamiento financiero del estado ha sido una de las cartas fuertes de la administración. La reestructuración de la deuda fue polémica, pero alguna decisión había que tomar. El creador de ese acuerdo, Juan Vergara, logró que la administración pública pudiera volver a funcionar. El gobernador le ha reconocido públicamente ese mérito, que no es menor.
La detención de Vergara por parte de la PGR, que lo acusa de operaciones con recursos de procedencia ilícita, quebró ese otro discurso.
Como pocas veces en el estado, MORENA hizo la crítica más firme. ¿Un hombre que en su vida empresarial tiene la maña de estafar al Estado, pueda llevar las finanzas de un gobierno? Esa es la pregunta que hicieron.
La respuesta del Gobierno es natural. Apuntan a que la detención del ex funcionario es un hecho de naturaleza político-electoral; una represalia del estado nacional por el encarcelamiento de los borgistas. La idea no es descabellada, por supuesto, e incluso puede ser cierta. Pero muy distinto es sostener eso en una campaña.
El ciudadano quintanarroense viene muy golpeado por lo que sucedió en los últimos años. La sola mención de un acto como el del que se acusa al ex titular de SEFIPLAN, es lapidaria para un político. Hasta que no quede claro qué sucedió, Vergara difícilmente podrá ser candidato, y el discurso de su eficiencia estará manchado.

 

PRAGMATISMO Y CONFUSIÓN

 

Las horas siguientes a esa detención fueron caóticas. Dirigentes del PRD y PAN cruzaron mensajes preguntándose qué certeza tenían de que una posible candidatura de Chanito
Toledo no terminaría igual. Si se trata realmente de un hecho político-electoral, sería el desenlace más natural.
Algunos, incluso, se agarraban la cabeza ¿Porque dejamos que Vergara fuese candidato si ese rumor ya lo conocíamos? Se preguntaban. La salida de Vergara del Gobierno, recuerdan, tuvo que ver con eso.
La realidad es que el ambiente se ha enturbiado bastante. El PRI ha recurrido a sus viejas figuras; el borgismo residual ha renacido en MORENA y, posiblemente, en la alianza oficialista. Y esa alianza se ha quedado sin discurso electoral.
Los núcleos duros de los partidos, sin embargo, hacen cuentas. Planean la elección de julio como un mero choque de estructuras electorales. Pareciera que los números y los cálculos son lo único que importa.
La sociedad asegura, en ese mundo incierto que son las redes sociales, que esta vez será distinto. Si tiene razón, la lista de políticos y proyectos heridos el 1 de julio será sorpresiva y devastadora.