El Fiscal en su laberinto

El Fiscal en su laberinto
Hugo Martoccia – Mesa Chica 

 

La probable renuncia del Fiscal General Miguel Ángel Pech Cen se ha convertido en algo así como la novela política del momento para el Gobierno Estatal. El tema cruza transversalmente la administración; tiene que ver con los hechos, con la percepción, y con las definiciones de un proyecto político que vive un momento muy particular y complejo.
El corazón del tema se puede reducir a unas pocas palabras: hay un hartazgo social con la inseguridad, se pide la cabeza del Fiscal, él ha dicho que no va a renunciar en estas condiciones, y hay una maraña legal que hace imposible echarlo. Así está el tema. 
A eso se le puede sumar, quizá, que nadie puede asegurar que el gobernador Carlos Joaquín lo quiera fuera del cargo. 
La inseguridad es un problema, quien lo duda, pero el gobernador ha decidido poner los datos en blanco y negro, para distinguir lo que está pasando, más allá de las percepciones.   
Lo dijo esta semana: el crecimiento en los homicidios dolosos no debe tapar el hecho de que los demás delitos van a la baja. Los homicidios tienen que ver, en un 90%, con ajustes de cuentas entre integrantes de grupos del crimen organizado, aseguró. 
El problema es que esa versión no encuentra eco en la sociedad. En el tema de la seguridad, el Gobierno parece estar solo. No hay un sector social u organización que lo acompañe realmente en su discurso y en la defensa de lo que se hace.
En el oficialismo hay quejas sobre esa actitud. Dicen que nadie se hace cargo de los años del borgismo, cuando todas las corporaciones de seguridad se desmantelaron y la Justicia se degradó, y gran parte del empresariado y la sociedad civil organizada miró hacia otro lado. 
Los empresarios, aún los que no ven con malos ojos al Gobierno, dicen que tampoco pueden defender lo indefendible. Reconocen que se han hecho cosas, pero los asesinatos suceden todo el tiempo y en todos lados. 
 En lo que todas las partes coinciden es que la percepción o sensación de inseguridad es alta. Es en ese contexto donde la cabeza del fiscal Miguel Ángel Pech Cen aparece como una suerte de ofrenda para calmar a las fieras. El funcionario ya avisó que va a resistir ese embate. 
Los que conocen a Carlos Joaquín dicen que no es afecto a los cambios en el Gobierno. La postura que ha asumido el gobernador en los últimos días parece apuntar en ese sentido. Ha decidido recorrer el estado, y hacer una defensa de su administración. 
Nadie ha dicho que en esa defensa no esté incluido el Fiscal. 

 

LOS NÚMEROS 

 

Una de las fuentes más confiables para medir la situación es la tabla de delitos cada 100 mil habitantes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
En esos números se lee, en parte, lo que ha dicho el gobernador estos días.  
Los homicidios dolosos en el estado aumentaron casi el doble en 2017 con respecto al año anterior, y van camino a duplicarse otra vez en 2018, como se ve en la tabla de abajo. 
En los otros delitos hay tendencia a la baja, pero no en todos. El secuestro lleva un menor nivel que en 2017, aunque está arriba de 2015 y 2016; la extorsión disminuye; el robo a casa habitación disminuyó alrededor de un 30 %, tomando como referencia 2015, y el robo a transeúnte bajó a la mitad. Sólo se ve un aumento considerable en el robo de vehículo, que se duplicó. 
Esos números demuestran que la sensación de inseguridad es responsabilidad principalmente de los homicidios, como ha dicho el gobernador.
La organización Semáforo.Mx muestra dos mapas que son, quizá, la mejor expresión de lo que pasa en el estado. Uno, muestra el crecimiento de las ejecuciones en el primer semestre de  de 2018 contra 2017. Quintana Roo está en el tercer lugar nacional, con un aumento del 158%.

Pero también hay un mapa que muestra una tasa hipotética de homicidios si no hubiese ejecuciones del crimen organizado. En ese mapa, con datos de 2016, Quintana Roo aparece como uno de los estados donde casi no habría asesinatos. 

 

Ese alivio, sin embargo, es meramente virtual. En la reunión del pasado sábado con los perredistas del estado, Carlos Joaquín les dijo que en las últimas reuniones de la Mesa de Seguridad, la Federación les ha confirmado que aquí operan, en mayor o menor medida, todos los grandes grupos del crimen organizado que hay en el país. 
Se trata, entonces, de un problema de gran magnitud y muy difícil solución. 

 

ESPACIOS DIFÍCILES DE LLENAR 

 

En ese contexto, el futuro del Fiscal pasa por lo político y lo legal. 
El aspecto legal es muy complejo. En los hechos, la Constitución del estado no tiene un mecanismo para su remoción. El Ejecutivo podría echarlo por “causas graves”, pero aún así, el Congreso tiene la facultad de revocar esa decisión. 
Además, esas “causas graves” deberían probarse y justificarse, lo que implicaría una batalla política y mediática de un enorme desgaste. No es un camino viable. En ese sentido, el Fiscal parece estar blindado. 
Nadie debería sorprenderse por ello, sin embargo. Justamente la reformas que se hicieron tiempo atrás, buscaban blindar a las fiscalías de los embates del poder político. Parece que eso se logró en la forma, pero se ha transformado en un problema para el fondo del asunto. 
El otro costado del problema, el político, tampoco es menor. Un diputado oficialista reconoció que allegados al Gobierno llegaron a sondearlos previendo una posible renuncia de Pech Cen. Y lo primero que los legisladores preguntaron fue: ¿A quien tienen en mente para el cargo?.
La respuesta fue un silencio que se mantiene hasta hoy. 
Miguel Ángel Pech Cen ha dicho, a quien se le debe decir, que no va renunciar, y mucho menos en medio de una ola de violencia. Sería casi como admitir que todo es su culpa. La impunidad de los homicidios se incuba en otros frentes, dicen en su entorno. Incluso, en la misma sociedad. No va a pagar él sólo esa cuenta. 
La Fiscalía es apenas una eslabón de esa cadena de errores, insuficiencias, incapacidades, o complicidades. Si hay que hacer cambios allí, todo el equipo de seguridad del estado debería presentar la renuncia a la misma vez. 
Lo peor de todo es que la dinámica que se ha vivido en otros estados, nos dice que los homicidios no van a parar. Quizá, con suerte, se pudiera lograr frenar en algo su crecimiento. 
Lamentablemente, parece que Quintana Roo se enfrenta a un reto mayúsculo, que apenas ha comenzado.