“Estilo Mara”: administración frenada, y desconcierto entre aliados y funcionarios

“Estilo Mara”: administración frenada, y desconcierto entre aliados y funcionarios
Hugo Martoccia – Mesa Chica 

 

A un lado de la oficina de la Presidencia municipal de Benito Juárez hay una pequeña sala de espera. Ambos ambientes están separados por una puerta. Los alcaldes suelen utilizarla para reuniones furtivas, urgentes, mientras tienen algún encuentro más formal en la oficina central. 
Allí, en ese lugar, Mara Lezama ha desplegado un gigantesco organigrama de la administración pública. Están los nombres de los directores, y desde allí se ramifican los de sus colaboradores. En ese organigrama detallado y minucioso, la alcaldesa ejerce la virtud y el defecto de la obsesión. 
Analiza y palomea cada nombre. Todo lo que suceda debajo de sus directores debe ser ratificado por ella. No quiere que ningún nombre escape a su control. Se sabe de un funcionario fundamental de la administración que ha dicho en las últimas horas: “No puedo nombrar ni a mi secretaria”. 
Un viejo conocedor de los ritmos y los procesos administrativos internos dice que esa suerte de constante toma de decisiones ínfimas ha paralizado el Gobierno. Esa minuciosidad, esa precisión por los detalles, convertida casi en obsesión, le ha jugado también otra mala pasada a Mara Lezama, y justamente en su mundo: la comunicación. 
La alcaldesa ha optado por la estrategia de una conferencia de prensa semanal, cada lunes a la mañana. El problema es que en esas conferencias es tal la proliferación de temas, y la falta de un eje rector entre estos, que se habla de todo pero no se dice nada. No hay mensaje, no se marca agenda, no se comunica.  
Luego del enorme fallido del pasado lunes, cuando una comparación entre la proliferación de la fauna callejera y los partos múltiples de las mujeres la llevó a una mini crisis (ver nota abajo) la alcaldesa tendrá este lunes una nueva prueba. 

 

DUDAS CRUZADAS 

 

Los aliados de la alcaldesa dudan de ese proceso de toma de decisiones, y, por consiguiente, dudan de los resultados. Y las dudas arrancan en el corazón de la administración. 
Voces confiables al interior del Gobierno dicen que se ha sembrado una semilla de inconformidad mutua entre Mara Lezama y su secretario del Ayuntamiento, Jorge Aguilar. 
El funcionario ha cometido algunos deslices llamativos, de esos que surgen por el uso y abuso de las redes sociales. Por ejemplo, en medio de una multitudinaria manifestación de mototaxistas en la Plaza de la Reforma, subió a sus redes sociales una foto comiendo pescado frito. Luego, tuvo que aclarar que estaba en Chetumal enviado por la presidente, y que ella misma había atendido el tema.  
Pero no es el primer desliz en ese sentido. El secretario de Ayuntamiento no encuentra aún el equilibrio entre la presencia institucional en las redes, y la mera exhibición. Quizá sea momento de entender que a los cancunenses les interesan menos los placeres culinarios y turísticos de sus funcionarios, que las acciones de gobierno. 
Querer parecer “uno más” no es siempre la mejor decisión para un político que tiene funciones tan importantes. 
Pero también Jorge Aguilar está siendo víctima del “estilo Mara”. A casi un mes de haber asumido el cargo, hay demasiadas posiciones internas sobre las que no tiene control. La idea de que cada nombre que ingresa al gobierno debe ser palomeado por Mara, va en contra de la dinámica natural de la administración. 
Eso, que sucede hoy, hace que algunas decisiones fluyan muy lentamente, y que el funcionario se pregunte si ese límite excesivo a su campo de acción no será, a la larga, la razón de una gestión ineficaz que le cobrará a él sólo todo el costo político. 
La lista de funcionarios que están inconformes es amplia. Incluye a gente que trabaja de manera muy cercana a Mara Lezama, y que se queja de que hay una suerte de falta de congruencia en la toma de decisiones, que desorienta a todos. 
Un ejemplo: vale más el detalle de un nombramiento de una secretaria en un área intrascendente, que una limpieza a fondo en Fiscalización, una dirección que en los últimos tiempos ha sobrepasado los límites de cualquier descontrol conocido. Nadie comprende esa escala de valores. 

 

LOS VAIVENES POLÍTICOS 

 

Pero quizá es mucho mayor la lista de quienes están preocupados por el destino político del gobierno. Hay una confusión sobre la identidad política de la administración de Mara Lezama.
Desde la campaña, la alcaldesa se ha encargado de manera sistemática de marcar distancia con MORENA. Al llegar al poder, hizo de esa distancia una realidad. Generó un gobierno “ciudadano”, pero que tiene sus principales vínculos con el Verde Ecologista y el PRI. 
Su relación con el gobernador Carlos Joaquín también es dispar. Hay buen trato personal, y, hasta ahora, acuerdos importantes entre ellos. Pero también se ha de notar que el mandatario estatal no ha logrado incrustar a su gente en posiciones centrales de la administración. 
Se le atribuye, en parte, la llegada de Jorge Aguilar al gobierno, pero aún si así fuese, ha recibido dos negativas importantes por parte de la alcaldesa: Mara no le entregará el cobro del predial, y no le aprobó la reforma constitucional para el Fiscal foráneo, que fue una iniciativa directamente impulsada por el propio Carlos Joaquín. 
Esa relación dual preocupa a MORENA, que ha decidido mantener una sana distancia con el Gobierno estatal. Sin embargo, a la hora de los análisis, en el partido de AMLO no dudan demasiado: saben que cualquier injerencia del joaquinismo en el partido podría llegar por el lado de Mara Lezama. 

 

PARADOJAS Y ERRORES 

 

La alcaldesa ve en los reportes críticos de la prensa sólo enemigos. Presupone conexiones políticas detrás de cada nota que la critica. Cada información tiene un origen político, una intencionalidad, le aseguran los asesores que la rodean. 
Si bien la relación de la política y la prensa ha sido históricamente esa en Quintana Roo, no se trata de un comportamiento lineal e inalterable. Y la alcaldesa, que viene de los medios de comunicación, debería saberlo. 
El problema no es, sin embargo, sólo lo que crea o deje creer Mara Lezama, la persona. Si no que de un análisis erróneo surgirán conclusiones erróneas, con impacto en la administración. Una mala lectura de la realidad, no puede deparar otra cosa que malas decisiones para torcer esa realidad, que, en realidad, no existe. 
Si esas malas decisiones suceden, se multiplicarán los errores y se harán cada vez más grandes los enemigos, tanto los reales como los imaginarios. Y en ese momento, esa “trituradora de políticos” llamada Cancún, tendrá los dientes afilados para devorar su nueva víctima.