Los déficit de MORENA en QR: estructura electoral y presencia política

Los déficit de MORENA en QR: estructura electoral y presencia política

El partido de AMLO no ha podido consolidar una estructura que le permita cuidar sus votos

Ha faltado trabajo y capacitación, se quejan al interior del partido

Es la principal preocupación hacia la elección de 2018

Además, se desperdició el espacio político ganado en 2016: sus regidores y diputados no han ganado en participación ni influencia

El temor por el arribo de borgistas que “presuman” su estructura y se queden con las candidaturas

 

 

Hugo Martoccia

 

MORENA vive actualmente dos realidades en el Estado.

1- Cualquier encuesta actual y los resultados de las últimas elecciones federales demuestran que Andrés Manuel López Obrador tiene un caudal de votos capaz de ganar todo lo que se ponga en frente.

2- Pero la realidad local dice que es difícil encontrar candidatos electoralmente rentables, y que además en el Estado el partido no ha logrado consolidar ni su posición política ni su estructura electoral.

Esta realidad dual la ha venido estudiando el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del partido desde el inicio de año, y explotó luego del evento del Parque de las Palapas de Cancún del pasado 2 de julio.

El diagnóstico hoy es que hay una grieta entre dirigencia y bases del partido, e incluso entre aquella y referentes locales de MORENA

En pocas palabras, el tema puede explicarse así: hay un sector de la dirigencia local que siente que las candidaturas le corresponden por el trabajo realizado. Son los que se opusieron al ingreso de militantes de otros partidos el 2 de julio, instigando los silbidos y abucheos.

Pero esas potenciales candidaturas solo están colgadas de los votos que pueda arrastrar López Obrador. Y, como ya ha quedado demostrado en todo el país: AMLO puede ganar, pero sus candidatos no necesariamente lo acompañan.

LA ESTRUCTURA

 

Los políticos de formación priista que están cerca de MORENA no tienen duda de cuál es uno de los principales déficit: la estructura electoral.

El Partido trabaja a marchas forzadas para tener representantes en cada casilla en junio de 2018. Pero eso no es suficiente.

El delegado del partido en Quintana Roo, José Luis Pech Varguez, explicó días atrás cuál es la situación del partido en ese sentido. Dijo que en el Estado hay 1910 casillas y ya tienen representantes para 1600. Para septiembre tendrán todas las casillas cubiertas.

“Tenemos que armar estas estructuras y que trabajen con convicción. No tenemos otra, no tenemos dinero”, explicó Pech.

Pero hasta el mismo Pech, que viene del PRI, sabe que eso no es suficiente. Habrá que luchar cuerpo a cuerpo, en cada casilla, con la estructura electoral tradicional de PRI, y con otra estructura del Gobierno Estatal, que tiene la capacidad operativa del PRI, ligada al gobernador Carlos Joaquín, más el posible apoyo del PAN y PRD, si se sostiene esa alianza.

 

EL INFORME

 

Este cuadro de situación está en manos del CEN de partido desde enero pasado. Desde ese momento, la Secretaria General del CEN, Yeidckol Polevnsky tuvo en sus manos un informe preocupante de la realidad del partido en el Estado.

En el informe se le decía:

No existe una estructura electoral organizada y definida en todo el Estado
No hay formación ni capacitación político electoral
No hay apoyo material ni económico para el trabajo del partido
No hay órganos municipales que determinen el rumbo de los trabajos
No hay comunicación entre el delegado y las bases

Y alertaba sobre la pérdida de los espacios políticos que se habían ganado en 2016, si los que quedaron en los cargos no representaban coherentemente al partido.

La realidad lo demostró: se ganaron dos diputaciones y, hoy, ninguno de esos dos diputados está en MORENA. Se hicieron joaquinistas desde la primera sesión del Congreso.

Hay 12 regidores en nueve municipios y varios de ellos brillan por su ausencia. La mayoría han sido poco opositores, o directamente oficialistas. Los que han intentado ser oposición, navegan prácticamente solos, sin el apoyo del partido.

Un dato: el regidor de MORENA en Benito Juárez, Julián Ramirez Florescano, anunció días atrás que le gustaría volver a contender por la Presidencia Municipal. ¿Qué tendría para ofrecer distinto a lo del alcalde Remberto Estrada, si nunca se opuso a esa gestión de gobierno? La mayoría de los casos son similares.

Desde inicio del año se pidió que hubiera una suerte de grupo de regidores y asesores que trabajaran juntos para manejar una agenda de temas de cada Ayuntamiento de acuerdo a la visión general del partido. Nunca se hizo.

Incluso, la propia dirigencia estatal perdió mucho tiempo en buscar su propia agenda que lo distinguiera del Gobierno estatal y del PRI.

Nunca se reunió a los distintos grupos internos del partido para buscar un camino conjunto. Y no hay una estrategia de medios para fortalecer la identidad de MORENA en el Estado, más allá de la imagen de AMLO.

El medio que publica algo que no les gusta, es de la “mafia del poder”. Esa es la estrategia.

LOS BORGISTAS AL ACECHO

 

Todo eso quedó expuesto como una realidad luego del evento del 2 de julio. Allí, entre los silbidos, los abucheos, y la presencia de “impresentables” en la firma del Acuerdo de Unidad, quedó claro que algo estaba funcionando mal.

El informe ya había advertido que ante la situación de debilidad del partido, era inminente la llegada de gente de otros partidos ofreciendo algo que no tienen a cambio de candidaturas

Esa amenaza está más presente que nunca. Los morenistas de la primera hora se ofuscan de sólo pensar que el borgismo se pueda quedar con candidaturas del partido con promesas de dinero, estructura y votos.

Los nombres de las borgistas Maribel Villegas o Berenice Polanco son repudiados en toda la base partidaria; es quizá el único aspecto en donde todos los militantes activos están unidos.

“Son lastres políticos que van a presumir una estructura que no tienen para ganar con los votos de AMLO”, explicó con crudeza un integrante de MORENA que trabaja cada día para consolidar su candidatura desde adentro del partido.

Esa es la realidad hoy. Andrés Manuel López Obrador logró en 2012 el 42 por ciento de los votos en el Estado; 226 mil votos. Ese año, ganó Benito Juárez por 40 mil votos; en Solidaridad logró el 50 por ciento de los sufragios, y en Othon P Blanco más del 40 por ciento.

En los dos primeros casos, logró más votos que los alcaldes que ganaron en 2016.

Es una cantidad suficiente para ganar dos senadurías, un par de diputaciones federales y tres o cuatro municipios.

Pero si no se solucionan los problemas, los candidatos locales del partido verán cómo el tren de la historia le pasa por sus narices y, distraídos en sus luchas mezquinas, no se pueden subir.