¿Y si cae AMLO?

¿Y si cae AMLO?
Hugo Martoccia – Mesa Chica 

 

El título de esta columna es intencionalmente provocativo. Tiene que ver con el entorno político nacional, y alude al empoderamiento de la derecha más rancia en todo el continente, pero también a un hecho más tangible y potencialmente peligroso: la caída de Andrés Manuel López Obrador en las encuestas.   
Esos hechos apuntan también de manera muy específica al entorno local. La 4T en Quintana Roo sufre como pocos esa merma en la imagen de AMLO, porque el Presidente es el único sostén político y electoral que tiene MORENA aquí. 
Los problemas comienzan a juntarse, y el partido no tiene ninguna capacidad de reacción, simplemente porque en Quintana Roo no existe un partido llamado MORENA como tal.  
Las idas y vueltas del Tren Maya (la apuesta real es un tren Cancún-Tulum, el único tramo financieramente viable de esa obra) la demora o cancelación de la promesa de una zona libre en Chetumal, los gobiernos inestables del morenismo local, la inconcebible bancada del lopezobradorismo en el Congreso, y el inminente recorte de recursos federales a estados y municipios, podrían convertirse en un golpe al morenismo local.   
Además, sus principales figuras empiezan a perder peso político. Hasta sus legisladores federales, que estaban en una suerte de manto de protección presidencial, se encuentran ahora ante la incómoda posición de tener que explicar porqué no se cumplen las principales promesas que se hicieron. 
La amplia base social del lopezobradorismo podría disminuir, y quedar sólo limitada a la parte más importante de su gestión, que son los programas sociales. No se trata, por cierto, de una base desdeñable. Pero en el caso de Quintana Roo quizá no alcance para consolidarse como una fuerza política indiscutible, y que casi descontaba que se quedaría con el poder estatal en 2022. 

 

LOS NÚMEROS 

 

El periódico El Universal ha publicado desde hace meses una de las encuestas más consistentes sobre la aprobación presidencial. Los datos de su última encuesta de octubre son relevantes, porque empiezan a marcar las fortalezas y debilidades de la 4T, a un año de gestión. Veamos esos números. 
Entre agosto y octubre la aprobación a AMLO cayó 10 puntos porcentuales. Pasó de 68.7% a 58.7%. En marzo era del 72%. Es una caída muy pronunciada, que la encuesta atribuye principalmente a la inseguridad y la violencia, con el aporte fundamental de los casos de Ovidio Guzmán y la familia LeBaron. 
Para el 35% de los entrevistados, los principales errores del Gobierno Federal son el combate a la violencia, al narcotráfico y la delincuencia.
Aún así, el 50% cree que AMLO cumplirá sus promesas, pero un dato relevante es que en agosto un 65% creía eso. O sea, esa expectativa cayó 15 puntos en dos meses, aunque aún 55% dice que el país va a mejorar con él. 
Un dato realmente impactante es que un 61% considera que los problemas del México han rebasado al Presidente.
De otro lado de la balanza, 7 de cada 10 votarían a su favor en una consulta ciudadana para saber si debe mantenerse en el cargo; el 27% considera que los programas sociales son su principal acierto, y las políticas públicas que tienen los mayores porcentajes de aprobación son educación, salud, y combate a la pobreza.
O sea, AMLO está cumpliendo sus promesas en cuanto a las prioridades de su gestión, pero está reprobado en seguridad, y el crecimiento de la economía es aún un pendiente. 

 

EL MORENISMO LOCAL 

 

Ante ese escenario, el lopezobradorismo local aporta muy poco. 
El Gobierno de Laura Beristain en Solidaridad acaba de romper una de las principales promesas de AMLO, y subió los impuestos. En La Opinión se publicó a inicios de año que el presupuesto que la alcaldesa presentó era un dibujo insostenible. Y lo fue: el Gobierno no recauda lo que presupuestó (tiene un déficit de 213 MDP) y gasta más de lo que tiene. La incapacidad de la propia Laura Beristain ha hecho la otra parte. Su Gobierno no tiene rumbo alguno.
En Othon P. Blanco, MORENA enfrenta un conflicto político permanente, y una capacidad de gestión que está completamente acotada por la falta de recursos. Sobrevivir el día a día es casi el único reto. 
En Cancún, Mara Lezama mantiene el orden político, y ha salido a la calle a poner la gestión de gobierno más cerca de la gente. Pero enfrenta dos problemas muy complejos. Uno es administrativo y financiero: la 4T no le ha dado, económicamente, los apoyos que esperaba. El otro es histórico: Cancún es una trituradora de políticos. 
Del Congreso hay poco que decir. La agenda legislativa del lopezobradorismo, hasta ahora, brilla por su ausencia. La presentación de algunas iniciativas como la de reforma a la “Ley Casitas”, muestra una enorme falta de estudio y análisis, y otra, como la de la Ley de Movilidad, es francamente inaceptable. 
Como se ve, no hay un sólo aporte positivo al proyecto de AMLO. Y, como quedó demostrado en la elección del 2 de junio pasado, con su sola imagen no alcanza. Un ejemplo: Juan Carlos Beristain perdió por más de 10 puntos en el distrito de Playa de Carmen, el más grande bastión electoral histórico del lopezobradorismo en Quintana Roo. 
Ni AMLO puede levantar a candidatos tan malos. 

 

LA OTRA CARA DE LA MONEDA 

 

Si aún no han comenzado a sonar las alarmas del morenismo quintanarroense, es porque del otro lado del espectro político no se ha visto aún nada parecido a una estrategia. Pero la luz amarilla ya está encendida. 
El pasado 2 de junio el lopezobradorismo ganó 11 distritos, pero sumando los votos de MORENA, el PT y el Verde, tuvo el 40% de los sufragios. O sea, hay un 60% de quintanarroenses que le dio la espalda a ese proyecto local. 
Otra vez; no es desdeñable esa base electoral, pero dista mucho de ser imbatible. 
La semana pasada aquí mismo se publicó que en Quintana Roo podría haber una gran alianza de partidos contra MORENA para 2021 y 2022. Esa alianza, que parecía casi innecesaria o inútil meses atrás, empieza a tomar forma y sentido. Ha sucedido lo que no se esperaba (al menos, no lo esperaba esta columna) que es una caída considerable en la popularidad de AMLO. 
Por supuesto, ahora falta que los demás partidos hagan su parte. El mapa está; ahora falta que alguien lo trace en el territorio.