A pleno, el “sexting” en las redes sociales de Cancún

A pleno, el “sexting” en las redes sociales de Cancún

Los jóvenes tienen nuevas formas de relacionarse, y hasta el sexo ha encontrado nuevos espacios de recreación

Sin embargo, también hay peligros implícitos

Una reflexión sobre los riesgos virtuales y los riesgos reales de las redes

 

(La Opinión)

 

La revista en línea Sin Embargo, publicó este sábado una nota sobre dos menores de edad que ofrecen favores sexuales, y operan en la zona del Mercado 28 de Cancún. En términos generales, la nota dice que los menores trabajan para otra gente, que los regentea y los protege.

Se trata de una crónica breve de un periodista que habló con dos menores, un hombre y una mujer, quienes le contaron lo que hacían. Se trata de un hecho grave, pero no desconocido para cualquier gran ciudad, y mucho menos cuando esa ciudad es turística.

Esta información disparó algunos interrogantes con respecto a un trabajo que ha venido realizando La Opinión, sobre los riesgos del sexting, o sexo virtual, que se realiza a través de las redes sociales.

El sexting puede ser sólo el contacto virtual entre dos personas que disfrutan de ese ejercicio (algo totalmente válido) pero también puede incluir algunos riesgos.

En Europa se ha generado una corriente bastante importante de oferta de sexo por internet. Puede ser una oferta de sexo virtual, pero también se puede convertir en una oferta de sexo real.

Ahí es donde las historias se juntan y generan un llamado de atención.

 

NOCHES DE SEXTING

 

La Opinión realizó un ejercicio mediante interlocución virtual por medio de Facebook con ocho perfiles, seis de mujeres y dos de hombres. La razón de los ejercicios fue el constante intento de algunos de esos perfiles por iniciar conversaciones.

En todos los casos se trata de ese tipo de solicitudes de amistad en Facebook que se aceptan casi por inercia, sin saber exactamente quién es el que la envía. El llamado de atención se generó porque todas las conversaciones, una vez aceptadas e iniciadas, tenían un claro sesgo sexual.

Tres de esos perfiles (dos Mujeres, un hombre) se comportaron como en una clásica relación de “sexting”, que es como se le llama a la relaciones de tipo sexual en las redes sociales. En general, se trata de una conversación que va subiendo de tono, y se acompaña con el intercambio de fotografías de ambas partes hasta el punto de intimidad al que quieran llegar.

En estos casos, se trata de una relación entre adultos, absolutamente válida, cuyo mayor riesgo es el grado de exposición que los participantes quieran tener. De cualquier modo, es un comportamiento de la vida privada de las personas, que hoy utilizan muchos jóvenes, principalmente.

 

LOS RIESGOS

 

Pero en otros perfiles se advirtieron algunos peligros. En otros tres perfiles (dos mujeres, un hombre) se notó una dinámica más profesional o estudiada en el intercambio, con una clara intención de obtener fotografías o videos que pudieran comprometer a la persona.

Una vez que comienza el intercambio de fotografías y la conversación va ingresando en un ambiente más erótico, una d las partes comienza a pedir fotos de cuerpo entero, o incluso videos. También hay preguntas más personales, casi como se intentara tener una idea más clara de quién es el que está del otro lado de la pantalla.

Allí se frenó el ejercicio, porque parecía una clara señal de que podía tratarse de casos de extorsión.

Los perfiles generales son de mujeres u hombres que casi no tienen publicaciones en Facebook, con pocas fotografías. Perfiles que parecen falsos, inventados.

Los otros dos perfiles tuvieron un comportamiento diferente y más preocupante. La dinámica es igual, pero cuando se crea un cierto ambiente en la conversación, los perfiles (don mujeres) aseguran que se trata de menores de edad. En estos casos particulares, de 16 años y 17 años, lo cual se propone casi como si ese fuese el “valor” del intercambio. Parece más bien una oferta de un servicio, que un intercambio de cualquier otro tipo.

Allí es donde este tipo de situaciones ingresan en un terreno más pantanoso, que tiene que ver con la información publicada en Sin Embargo, ya comentada en esta nota. La pregunta es en qué momento lo virtual puede convertirse en parte de una actividad real.

 

ESTAR ALERTAS

 

Como se dijo, esta nota debe considerarse más un ejercicio que una investigación periodística. Para llevarla a este punto de investigación se debería trabajar con perfiles diversos, en cuanto a edad y sexo, e incluso nacionalidad.

Y también llevar la comunicación al extremo, para ver qué hay del otro lado, sobre todo en los casos de los perfiles sospechosos. Por ejemplo, asegurarse de que se trate de perfiles falsos.

Pero no es la idea; lo que se busca es hacer un llamado de atención sobre el peligro general, y no sobre un peligro particular.

Con este breve informe sólo se quieren presentar datos que sirvan como una alerta sobre la facilidad con la que se ingresa a un submundo muy complejo y riesgoso. Sólo hace falta una computadora o un smartphone, y se puede formar parte de ese espacio desconocido.

La información puede ser muy valiosa sobre todo para los padres de hijos adolescentes, porque esos menores a veces pueden no distinguir exactamente con quién están tratando.

Hay muchos adolescentes que pasan varias horas de sus días conectados a diversas redes sociales, y que quizá ni siquiera entiendan la magnitud del peligro que puede estarlos rondando.

No sabemos en qué momento una relación virtual puede devenir en un peligro real.

Y no sabemos cómo un adolescente puede procesar el peligro si se mete en un tema de extorsión o en alguna invitación a participar de un encuentro personal. La curiosidad es parte de ser adolescente.

Para los de más de 40 años, el mundo virtual contiene varios misterios y zonas oscuras que es bueno conocer y tener en cuenta.