CJ le da la operación política a Juan Carlos Pereyra, y el Gobierno es un caos

CJ le da la operación política a Juan Carlos Pereyra, y el Gobierno es un caos

La “parcial retirada” de Juan de la Luz Enríquez Kanfachi dejó un enorme vacío de poder. 

Los secretarios de estado se mandan solos. 

Y la comunicación está en el peor momento del sexenio.

La última operación política de Pereyra es la gubernatura de 6 años, para ofrendársela a Mara, y está a punto de naufragar. 

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(La Opinión) 

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La salida parcial de Juan de la Luz Enríquez Kanfachi del Gobierno estatal, por problemas de salud, llevó al gobernador Carlos Joaquín a darle la jefatura de gabinete a uno de sus principales aliados históricos, el ex diputado local Juan Carlos Pereyra. 
La decisión la tomó varias semanas atrás, y los resultados hasta ahora no han sido satisfactorios. 
Hay en el gobierno la idea de que las órdenes no “bajan”, y los secretarios de estado se mandan solos. 
El gobierno no encuentra dirección ni rumbo, y Pereyra no tiene cómo ordenarlos, porque no tiene el poder, el conocimiento, la capacidad política ni la ascendencia para hacerlo.
Lo que sucede es que el vacío que deja Juan de la Luz es grande.
Como asesor principal del gobernador, Juan de la Luz fue un hombre más odiado que amado en la política quintanarroense, pero sobre él siempre hubo, sin embargo, una coincidencia: es un político inteligente y preparado. Esos atributos se fueron con él. 
Según Carlos Joaquín, Juan de la Luz aún está vigente, pero en el entorno del poder estatal se sabe que no tiene la misma capacidad de operación política de antaño. 
Uno de los huecos más grandes se nota en la comunicación del gobierno. 
El gobernador Carlos Joaquín dijo durante su V Informe que estaban comunicando mal, y el ejemplo fue el propio Informe: el mensaje que dio no llegó a ningún lado. 
Hace ya varios meses que las operaciones mediáticas del tándem que quedó al frente de comunicación, mueren en las tapas de periódicos que nadie lee. Hace mucho que el Gobierno no marca la agenda, y eso es un problema grave para una administración en retirada. 
Lo que sucede es que, además de todos los males de la comunicación en sí misma, Pereyra no tiene ascendencia en esos sectores.
Y para colmo, más allá de eso, sus operaciones políticas se caen. 
La última operación política de Pereyra fue apuntalar la iniciativa de una gubernatura de 6 años, para ofrendársela a Mara, y está a punto de naufragar. 
La iniciativa camina contra reloj, pero ya hasta Mara le bajó el pulgar, porque no le interesa quedar pegada a una operación tan deficiente. 
Lo último que se recuerda de Pereyra en la política local, antes de acceder a la jefatura de gabinete, fue la operación política para intentar bajar a Chanito Toledo Medina como candidato del PRD en Cancún en 2018. 
Al final, fue Emiliano Ramos el que se encargó de encontrar la ruta jurídica para bajar a Chanito, que no contaba con residencia legal para ser candidato. 
Con esos antecedente, en el último tramo de su sexenio, Carlos Joaquín enfrenta un grave riesgo de descomposición política si no mete mano firme en las principales líneas de su equipo de Gobierno.  Y, al menos hasta ahora, Juan Carlos Pereyra no ha sido una solución satisfactoria.