QR 2018 | Shock electoral; continuismo político
AMLO logró un triunfo aplastante en el estado.
Y MORENA se quedó con los tres principales municipios.
Pero en el estado, la “Cuarta Transformación” es materia pendiente.
MORENA no logra consolidarse como el partido fuerte.
Hace meses que no tiene ni siquiera dirigente.
Y sus gobiernos municipales han tenido un tambaleante inicio.
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(La Opinión)
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A pocos días de iniciado el 2019, quizá es el momento justo de hacer un balance político del año que pasó.
La noche del 1 de julio de 2018 marcó un momento de quiebre en la vida política del estado. Apareció de manera contundente una nueva fuerza política, que no sólo significó el ingreso de un nuevo jugador determinante al ajedrez político nacional y local, sino que traía a sus espaldas un discurso de quiebre del sistema, de “transformación” política.
Esa elección significó, para Quintana Roo, la materialización del lopezobradorismo, que existe hace muchos años como fuerza dominante en Quintana Roo, en un proyecto político superador, llamado MORENA.
El partido liderado por Andrés Manuel López Obrador se convirtió en la primera fuerza política local, con más de 40% los votos en la elección de Ayuntamientos, y se quedó con los tres principales municipios: Benito Juárez, Solidaridad y Othon P. Blanco.
La expectativa de ese cambio fue paralela a la que generó Andrés Manuel López Obrador, pero la realidad, en el estado, ha sido diferente.
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CONTINUISMO POLÍTICO
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Los tres gobiernos municipales de MORENA han tenido, de una u otra forma, un inicio tambaleante.
El caso más grave es el de Othon P. Blanco. Desde el inicio, el alcalde electo Hernán Pastrana sufrió una rebelión interna en el Cabildo, que le impidió poner a su propio equipo. Debió negociar hasta la secretaria general.
Los más grave es que el problema de gobernabilidad se lo generó su propio partido, por intermedio de la sindico, Yensuni Martínez.
A los dos meses de asumir el poder, Pastrana pidió licencia por problemas de salud, y el Gobierno ha perdido toda su personalidad política.
En lo administrativo no hay mucho que decir. Es un municipio casi quebrado, sin capacidad para ni siquiera recoger la basura, y que no ha tenido ningún gesto “morenista”.
Solidaridad ha vivido un proceso similar. El síndico Omar Sánchez Cutis fue la llave para generar la ingobernabilidad a Laura Beristain. La alcaldesa también debió negociar las principales posiciones de su gobierno, y desde ese momento la administración luce desorientada.
En ese gobierno también lucen por su ausencia las medidas “morenistas”, y para colmo ha tenido traspiés mediáticos insólitos, como pedirle a la gente que ya no salga de sus casas a la noche por la violencia, o a los turistas que ya se acostumbren al sargazo, y hagan otras actividades alejadas del mar.
El caso de Benito Juárez ha sido, hasta hoy, diferente. Mara Lezama no tiene problemas de gobernabilidad ni de control político. Su Cabildo le ha aprobado todo, y, cuando no fue así, se lo aprobó el Congreso, como el caso del Derecho de Saneamiento.
Las principales críticas que recibió tuvieron que ver con mantener a varios Verde Ecologista en su gobierno, y su alejamiento discursivo de MORENA y AMLO.
En el primer caso, la realidad la ayudó. A la postre, el Verde se mostró como aliado de MORENA, y lo de Mara quedó como un gesto de intuición política o de información de primera mano.
Aún tiene pendiente una gestión más morenista, pero es una realidad que su estilo de gobierno no le ha generado confrontaciones innecesarias. En este caso, su alejamiento del morenismo le ha funcionado, hasta hoy, casi como un mérito.
En los últimos dos municipios, Benito Juárez y Solidaridad, la crisis de seguridad comienza a ensombrecer el panorama, y aparece como el gran desafío a vencer en un futuro inmediato.
Lo cierto es que más allá de los resultados electorales contundentes de julio pasado, en Quintana Roo no ha emergido, como en México con López Obrador, una fuerza política que traiga consigo una voluntad de cambio.
La austeridad republicana, los grandes proyectos sociales, y los golpes de efecto políticos, por nombrar algunos de los sellos de AMLO, no han formado parte de la agenda del morenismo en el estado.
Lo que hay aquí es bastante parecido a lo que hubo siempre, con sus defectos y sus virtudes.
La elección de junio de 2019, cuando se renovará el Congreso local, será una nueva prueba para saber si MORENA profundiza su posicionamiento, y toma la personalidad de su líder nacional.
O si se acomoda a lo establecido, y disfruta las mieles del poder hasta que lo expulse el próximo voto castigo.