La “nueva” coordinación en seguridad entre Estado y municipio es, hasta ahora, solo un formalismo
Remberto nombra nuevo jefe de policía a regañadientes, y ni siquiera se saca una foto con él
Y mantiene en su cargo a Julián Leyzaola
El Estado quiere bajar los decibeles de la guerra mediática, ante la gravedad de los hechos
Pero hay poca confianza en que la situación mejore en el corto plazo
Hugo Martoccia
Remberto Estrada continúa dando señales confusas en el tema de seguridad. En la medianoche del viernes su gobierno debió rendirse ante la presión del Estado y nombró a un nuevo jefe de policía propuesto por la Secretaria de Defensa Nacional (Sedena)
Pero el alcalde mandó su señal de disconformidad: no fue él quien presentó al nuevo jefe de policía, sino el Secretario de Gobierno, Guillermo Brahms. El nombramiento se manejó casi como un acto protocolar y menor. Nada más lejano a aquel show mediático que se armó para presentar la llegada de Julián Leyzaola como el nuevo súper asesor de Seguridad Pública.
Ninguno de esos gestos políticos fue inocente: Leyzaola era la gran apuesta del alcalde contra la inseguridad; el nuevo Secretario de Seguridad Pública, el teniente coronel Darwin Puc Acosta, es una imposición del poder y las circunstancias.
El alcalde ha quedado expuesto ante la sociedad. El nombramiento de Darwin Puc es, nada más y nada menos, que el fracaso de su propio plan de seguridad.
La reacción de Remberto ha sido declarar que Leyzaola continúa siendo su asesor. En el Ayuntamiento aseguran que la tropa le responde. Si es así, los problemas de coordinación no han terminado, solo han cambiado de forma.
LA HISTORIA
Lo cierto es que hechos de violencia sucedidos el pasado jueves en Cancún, volvieron a poner en entredicho la capacidad de gestión de Remberto Estrada al frente del municipio.
Hay que ser claros. No es que todo sea su culpa, pero la sociedad así lo entendió. La historia de su negativa a coordinarse con los demás órdenes de gobierno en las tareas de seguridad, tuvo el peor final posible: las principales calles de la ciudad se convirtieron en un caos.
Nadie sabe a ciencia cierta hasta donde esa falta de coordinación fue una negativa de Remberto Estrada, y hasta donde una sobre reacción mediática del gobierno estatal. Como sea, en la sociedad se instaló la idea de que el alcalde se comportó como un joven caprichoso, que no quería entender razones.
Desde unos días atrás, se venía presionando al alcalde para que acepte al militar enviado por la Sedena, y restituyera la idea de coordinación y de un mando único en la seguridad. Hasta el Secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, había dado el visto bueno, también a regañadientes.
En la noche del pasado martes se había dado un acercamiento entre municipio y estado, propiciado por empresarios. Hay versiones diversas sobre esos hechos, pero una habla incluso de una cena que habrían compartido Remberto Estrada y Carlos Joaquín en la casa de un conocido empresario cancunense.
En la reunión, de la que habría participado un grupo cerrado cerrado de empresarios (los nombres casi pueden recitarse de memoria, son los mismos de siempre) se le pidió al alcalde, entre otras cosas, nombrar a Darwin Puc Acosta como jefe de la policía.
El alcalde aceptó, pero no dio una fecha precisa. Quería ganar tiempo o simplemente responder con un “no” elegante. Era lógico. El súper asesor Julián Leyzaola había llegado con su propia gente (el ex encargado de despacho de la Seguridad Pública era su brazo derecho, Alejandro Rodríguez Zepeda) Y hacer otro cambio podía verse como un símbolo de extrema debilidad.
Pero la balacera del jueves cambió todo, y Remberto tuvo que cuadrarse. El resultado fue el esperado: el alcalde quedó debilitado y culpable de todo.
LA PEOR CONCLUSIÓN
Para la sociedad todo sigue siendo confusión.
Veamos. Luego de los hechos del jueves, la propia Fiscalía General del Estado dio un informe oficial en el cual dijo que, por fin, había funcionado la coordinación entre los tres niveles de gobierno.
De hecho, esa coordinación fue, dijeron, lo que generó que se atrapara a los delincuentes, a quienes ya se seguía por labores de inteligencia. Casi podría decirse, entonces, que ese operativo fue un éxito.
Vale aquí hacerse una pregunta. Si los hechos del jueves fueron una reacción de delincuentes al trabajo coordinado de los tres ordenes de gobierno, que funcionó coordinadamente ¿Para que cambiar al jefe de policía de Cancún 24 horas más tarde?
Según ese relato, lo cambiaron justo cuando empezaba a funcionar.
No hay que ser muy analítico para darse cuenta que el problema de seguridad es mucho más profundo de lo que se ha dado a conocer.









