El borgismo encontró un modus operandis para que el Sistema se convirtiera en una de sus cajas predilectas
Se aprobaban presupuestos austeros, pero luego se gastaba de más sin control
Con ese método, entre 2011 y 2015, se gastaron de manera discrecional 440 MDP
En 2015, incluso, el gasto superó 6 veces lo presupuestado
Hugo Martoccia
Durante los años como gobernador de Roberto Borge, el Sistema Quintanarroense de Comunicación Social (SQCS) se convirtió en una de las cajas preferidas para desviar recursos.
Uno de los métodos utilizados era bastante simple: se aprobaba un presupuesto austero para la dependencia, que dejaba contentos a los diputados y a la opinión publicada (la opinión pública casi no se enteraba de esto).
Pero a fin de año ese presupuesto no se respetaba, y el SQCS terminaba manejando discrecionalmente recursos millonarios que tenían destino opaco.
Tan sólo entre 2011 y 2015, el SQCS manejó 440 millones de pesos de esta manera.
Los presupuestos aprobados por el Congreso para todos esos años fueron de 399.4 millones de pesos. Pero los egresos reales alcanzaron 839.4 millones, de acuerdo a los informes de las Cuentas Públicas aprobadas. O sea, 440 MDP de más.
A ese número se debe sumar el año 2016. El presupuesto para ese año fue de 60.5 millones, y la Cuenta Pública no se ha aprobado aún. Pero en ese año se ejercieron al menos 200 millones más de los presupuestado, de acuerdo a diversas versiones.
El destino que se le dio a todo ese dinero usado de manera discrecional no tiene demasiados misterios. Ya la Auditoria Superior de Estado (Aseqroo) detectó desvíos en el SQCS por 780 millones de pesos.
No sería aventurado decir, entonces, que cada peso que se gastó fuera de lo presupuestado, y muchos de los que estaban presupuestados, fueron desviados. Un verdadero desfalco.
Una digresión importante. Hay áreas como la Secretaria particular, la Secretaria privada, y la Vocería del Gobierno, que tuvieron comportamientos similares. Sin embargo, como no tienen una Cuenta Pública propia, son analizadas dentro del contexto general del Gobierno.
LOS NÚMEROS
En los primeros dos años del borgismo, 2011 y 2012, el método de achicar el presupuesto y agrandar el gasto se utilizó sin rubores, como surge del análisis de los respectivos presupuestos y Cuentas Públicas.
En 2011 se la aprobó al SQCS un presupuesto de 91.8 millones, y terminó gastando 143.5 millones.
En 2012 el presupuesto fue de 93.1 millones y el gasto fue de 167.9 millones. En ese año, se maquilló el gasto con un supuesto ingreso de 171 millones de pesos, como para que no quedara expuesto que además de uso discrecional de recursos públicos, había también un déficit espectacular.
Ante la queja de diversos sectores de oposición por ese uso de recursos (vale recordar que el Sistema Quintanarroense fue una de las puntas de lanza de la guerra sucia del borgismo contra sus opositores) se decidió bajar un poco los números.
En 2013, el presupuesto fue de 96.4 millones y el gasto de 100.8 millones.
En 2014, el presupuesto fue de 60 millones y el gasto fue de 79.1 millones.
EL DESCONTROL
Los documentos oficiales muestran que en 2015 todo se salió de control. Se trata de los últimos tiempos del borgismo, cuando parece haberse perdido la dimensión de lo que se estaba haciendo.
Para ese año, el Congreso del Estado le aprobó al SQCS el presupuesto más austero del sexenio, solo 58.1 millones de pesos.
Pero en aquellos días febriles en que los diputados aprobaron el “Paquete de impunidad” de Roberto Borge, también se aprobó la Cuenta Pública del Sistema.
Esa Cuenta Pública dice que ese año, el SQCS gastó una cantidad increíble: 348.1 millones de pesos, 6 veces más de lo que se le había presupuestado.
Para justificar el gasto, la Cuenta presenta un supuesto ingreso de 278.4 MDP por “ingresos por ventas de bienes y servicios de organismos descentralizados”.
Para que se dimensione lo inflado de esos números, el ingreso por ese mismo rubro en 2014, un año antes, había sido de 5.2 millones, un número acorde a todos los años anteriores.
También en el rubro Egresos apareció un dibujo semejante. Según la Cuenta Pública, en 2015 se gastaron 281.8 MDP en “servicios generales”. En 2014 se habían gastado por ese concepto solo 18.5 millones.
Los números de 2016, que aún no se conocen oficialmente, son parecidos.
Ese fue el método utilizado para desviar cientos de millones de pesos y darle una apariencia de legalidad contable.
¿Por qué pudo hacerse esto sin que nadie lo supiera? Muy simple. Los presupuestos anuales se hacen públicos y, de una u otra manera, la sociedad puede tener un acceso más o menos fácil a esos números.
Pero las Cuentas Públicas, al menos hasta el Gobierno pasado, siempre se han votado en secreto, sin que nadie se entere.
Quizá esta historia sirva para que eso no vuelva a suceder.