Tenía la esperanza de ganarle por tercera vez al Sistema. Así, con mayúsculas. Lo había repetido una y otra vez, casi como una estrategia de campaña. “Soy la candidata del voto antisistema”, decía Perla Tun Pech en el debate televisivo días antes de la elección. Era su bandera y su objetivo.
El Sistema, es cierto, la había padecido electoralmente dos veces. En 2013 se hizo diputada, y en 2016 ganó la presidencia municipal. Contra todos los pronósticos, que siempre le fueron hostiles, según ella.
Triunfó, debe decirse, en el corazón mismo del Sistema, Cozumel, donde la política, y sus formas y formalismos, alcanzan la estatura de estilo de vida en muchas familias.
Su presidencia municipal fue polémica. Se enemistó mucho con los enemigos; pero también se enemistó con los amigos. En política, lo primero es casi un pecado; lo segundo es un suicidio.
Se presentó como una mujer decidida, tenaz. Tanto, que a veces esa forma de ser que la enorgullece, le jugó en contra. La tacharon de intransigente y soberbia. Dijeron que con ella no se podía trabajar. Que ya no tenía amigos entre sus aliados.
Quizá haya sido cierto, quizá no. Pero cuando algo se repite tantas veces, ya casi no importa si es o no verdad. Esa fue Perla, para todos. Su destino copió los trazos gruesos de esa definición. Se fue quedando sola, irremediablemente.
Aún así, la política le dio una posibilidad más. Pudo buscar su reelección.
La verdad es que los partidos que la habían apoyado, PRD y PAN, la hicieron otra vez candidata porque no podían hacer otra cosa. También, la hicieron candidata cuando se dieron cuenta que del otro lado competía un Joaquín, lo cual era una forma no muy sutil de decirle que se había quedado sola, y que poco importaba su destino electoral y político.
La realidad no le permitió su tercera victoria contra el Sistema. La realidad la ha puesto ante la derrota, que extingue o fortalece a las personas.
Ahora, Perla deberá convivir políticamente durante tres meses con su propio verdugo, para entregarle la administración. Tiene menos rechazo por lo que Pedro Joaquín Delbouis es, que por lo que representa. Pero nadie puede aventurar cómo reaccionará la alcaldesa a este golpe del destino.
Esa ardua transición gubernamental será todo un desafío para ella. El lento tránsito del pasado de gloria al futuro de incertidumbre.
Una mujer política muy singular y polémica, deberá demostrar en los próximos meses de qué está hecha.