Cancún vs Estado, guerras políticas con finales inciertos

Cancún vs Estado, guerras políticas con finales inciertos

El conflicto entre Carlos Joaquin y Remberto Estrada, tiene antecedentes en Quintana Roo

Chacho- Hendricks; Félix González- Greg, y Beto Borge- Julián Ricalde, se subieron al mismo ring, con diversa intensidad

Los resultados, casi siempre, han sido malos para todos

Una nueva pelea, de pronóstico reservado

 

Hugo Martoccia

 

Parece que Cancún y el Estado están condenados a librar constantes batallas políticas. Cada cierto tiempo, cuando los orígenes políticos del alcalde de Benito Juárez y el Gobernador son diferentes, se inician esos pleitos.

Ya sucedió en el pasado. Entre 2002 y 2005 fue la batalla entre el entonces gobernador Joaquín Hendricks y Juan Ignacio García Zalvidea; años después, entre 2008 y 2010, fue el enfrentamiento entre Félix González Canto y Gregorio Sánchez, y finalmente, entre 2011 y 2013, la batalla entre Roberto Borge y Julián Ricalde.

El origen del problema es casi siempre el mismo: la proyección política del alcalde de Cancún, que compite directamente con la del gobernador en turno. Pero los pleitos han sido diversos. Muchas veces han sido los gobernadores intentando operar en territorio cancunense, para frustrar las chances políticas de los locales. Y alguna vez ha sido la propia ambición de los alcaldes.

En este caso, el creciente conflicto entre el gobernador Carlos Joaquín y el alcalde Remberto Estrada se vuelve peligroso, porque está directamente vinculado a la seguridad, el mayor problema del municipio.

HENDRICKS VS CHACHO

 

Quizá el conflicto que escaló más que ningún otro fue el del ex gobernador Joaquín Hendricks con Juan Ignacio Garcia Zalvidea.

No era para menos. Se trataba del primer alcalde opositor en el Estado, y además un personaje político con un enorme carisma y muchos recursos para gastar. Garcia Zalvidea construyó en Cancún un bastión electoral inexpugnable, y extendió esas simpatías a otras partes del estado, principalmente la zona maya.

Hendricks aprovechó, sin embargo, los principales déficit de Chacho: el mal manejo manejo financiero, y un carácter particular que le impedía construir alianzas políticas.

El inicio del fin de Chacho fue la aprobación de un crédito por 220 millones de pesos. Muchos políticos activos en aquellos días aún recuerdan la orden de Hendricks a los diputados, que no querían aprobar el crédito.

«Apruébenle el crédito, él solo se va a enredar», les dijo Hendricks. Y tuvo razón. A la larga, el mal uso de esos recursos llevaría a la cárcel al alcalde.

Pero mientras ese final llegaba, la popularidad de Chacho no menguaba (hubo una estrategia política y mediática exitosa de Chacho, que insistía en que Hendricks le negaba recursos que le correspondían) y entonces el gobernador hizo la jugada más arriesgada.

A mediados de 2004, una mayoría calificada del Congreso, orquestada por Hendricks, decidió la desaparición del Ayuntamiento de Cancún, y la creación de un Concejo Municipal presidido por la Verde Ecologista Marisol Avila Lagos.

Pero Chacho reaccionó rápido. El día que lo desalojaron del Palacio, se recluyó en su casa, con los suplentes de los mismos regidores que lo habían traicionado, y armó otro Ayuntamiento, que fue el que la Suprema Corte de Justicia de la Nación reconoció.

Después de una feroz batalla de más de dos meses, el Concejo debió retirarse y le devolvió el Palacio a Chacho.

Esa batalla ganada le dio a Chacho la popularidad para ir a competir por la gubernatura, pero no le alcanzó para ganar; perdió ante Félix González Canto. Luego, pasó un año en la cárcel acusado de peculado, y su estrella política se apagó.

Vale recordar un dato de esos años. La relación de Joaquín Hendricks tampoco fue tersa con la alcaldesa Magaly Achach (2002-2005) El ex mandatario nunca estuvo de acuerdo con las formas y el estilo de gobernar de Magaly, y se lo hizo saber cada vez que pudo.

 

FÉLIX VS GREG

 

El enfrentamiento entre Félix González Canto y Gregorio Sánchez fue mucho más terso. Pero con un final inesperado.

Gregorio siempre se refería a Félix González como «mi amigo el gobernador». Tenían buena relación, más allá de algún cruce particular. Greg le dio al mandatario espacios en el Gobierno municipal, y Félix le devolvió el favor permitiéndole tomar deuda.

Se trataba, más bien, de una guerra en las sombras. Los contactos del PRI en el Sindicato del Ayuntamiento juntaban información sobre temas diversos, y había operaciones políticas de ornato, como alguna vez que grupos políticos ligados al PRI silbaron a Greg en un partido de basquetbol en Cancún.

Sin embargo, uno de los momentos de mayor conflicto fue cuando asesinaron al General Mauro Tello Quiñones, a quien el alcalde había buscado para hacerse cargo de la seguridad. Fue la época de mayor debilidad de Greg, y el gobernador lo aprovechó para tomar el control de la policía.

Pero el enfrentamiento alcanzó niveles más ásperos cuando Greg Sánchez decidió ir sobre su máxima aspiración, que era la construcción de un nuevo Palacio Municipal en el llamado Ombligo Verde.

Era una obra faraónica, que Greg soñaba como su gran legado y su estandarte de campaña. Félix González, entonces, comenzó a operar con algunos aliados políticos para frenar la obra. Y lo logró.

Por otra parte, Greg hacía pública su alianza con Carlos Joaquín, en ese entonces aspirante priista a la gubernatura, y llamaba «padrino» a don Nassim Joaquín, quien falleció el año pasado. Se sumaba al grupo político adversario del que estaba en el poder. Su figura política crecía, y empezaba a preocupar al Estado.

Félix peleaba dos frentes. En el interno, su grupo político apuntalaba a Roberto Borge contra Carlos Joaquín. En el externo, la preocupación era la figura de Gregorio Sánchez.

La historia culminó de una manera inesperada. Luego de que Greg pidiera licencia como alcalde, y en plena campaña electoral por la gubernatura, fue detenido y confinado a una cárcel Federal por supuestos nexos con el crimen organizado. Fue liberado porque nunca se pudieron probar las acusaciones en su contra.

BETO VS JULIÁN

 

Julián Ricalde llegó al poder al mismo tiempo que Roberto Borge. Sabía que la batalla política contra el mandatario era inevitable, pero intentó retrasarla. Muchos recuerdan aún que en su toma de protesta dijo: «No me voy a pelear con mi gobernador».

La paz duró menos de un año. En el año 2012, luego de las elecciones federales en las cuales el PRD ganó el Distrito Federal de Cancún, el Gobernador citó al alcalde a su opulento palco en el estadio de béisbol Beto Ávila.

Me voy a meter en Cancún- le dijo Borge a Julián Ricalde- Tengo el compromiso con el Presidente de recuperar Cancún
No estoy de acuerdo -le respondió Ricalde- No puedes pasar por encima del Gobierno municipal
Solo te estoy avisando – cerró el gobernador.

Allí inició la batalla. Las llamadas Brigadas del Bienestar del Gobierno Estatal entraron con todo a las regiones de Cancún. No daban aviso a nadie, operaban en todas las zonas, pintaban los parques de rojo. Era una descarada campaña político-electoral.

En la calle, el que operaba era Isaías Capeline, la «mano izquierda» del gobernador, que fuera ejecutado pocos días después de que el PRI perdió la elección de 2016.

Por otro lado, Borge empezó a ahogar financieramente al municipio. Le negó recursos para solucionar el tema de la basura (hacían falta solo 50 millones de pesos) y le creaba conflictos con las empresas.

También, frenó la entrega de recursos de la zona Federal marítimo terrestre y del Impuesto al Hospedaje, generó caos en el transporte público municipal (allí nacieron las famosas combis TTE) y hasta llegó a ordenar embargar cuentas del municipio.

Por supuesto, al estilo Borge, esa guerra política incluyó persecuciones personales contra funcionarios y contra el propio alcalde, la cual se intensificó incluso una vez que Ricalde dejó el poder.

 

LA PRENSA Y LAS DIFERENCIAS DE HOY

 

En todos los casos, la prensa tuvo un papel fundamental. Siempre el Estado, durante esas batallas, tuvo un control casi total de la prensa, que fue parte central de la estrategia de desgaste de los alcalde opositores.

En lo que se refiere al enfrentamiento actual entre Carlos Joaquín y Remberto Estrada, hay dos aspectos diferentes a los anteriores.

Por un lado, al menos hasta hoy, la prensa no tiene ninguna posición unánime. Simplemente ha surgido la información y se ha publicado. La operación del Estado en el caso no ha sido determinante. Por el otro, el enfrentamiento no parece aún haberse extendido más allá del tema puntual de la seguridad y algunos cruces políticos sin demasiada trascendencia.

En las próximas semanas se verá si esta guerra pasa a un estadio más grave, o si se puede llegar a un acuerdo de convivencia.