La administración municipal está casi huérfana de priistas; la alianza de gobierno se ha roto de hecho
Y el partido tricolor en el municipio es un ente inmóvil que solo espera quedar bajo el cobijo de Remberto
Raymundo King no tiene fuerza para cambiar la dirigencia en Cancún, y el partido se desmorona
(La Opinión)
El PRI de Cancún vive su peor momento histórico. Luego de llegar al poder en una desventajosa alianza con el Verde Ecologista, el partido ha quedado relegado de todas las decisiones de poder dentro de la administración. Además, la estructura partidaria está quieta, y parece solo destinada a ver cómo puede incrustarse de nuevo bajo el Verde, para la elección de 2018.
La situación es de una gran complejidad, porque al tratarse de un municipio en donde está la mitad del padrón electoral del estado, pareciera que el destino inmediato del PRI en Quintana Roo es ser absorbido por el Verde hasta desaparecer por completo.
Gran parte de la responsabilidad de la situación actual está en la dirigencia estatal del partido, a cargo del diputado Raymundo King. A un año de las elecciones municipales (que coincidirán con las de la Presidencia de la República, con todo lo que eso significa) el partido no activa sus comités municipales, y pierde día a día peso en la operación política, no sólo en Cancún, sino en todo el estado.
La semana pasada, el dirigente anunció, por medio de un comunicado, el cambio de dirigencia de ocho comités municipales del partido, además de algunos sectores u organizaciones.
El anuncio incluyó la renovación de las dirigencias de la Confederación Nacional Campesina (CNC), el Organismo Nacional de Mujeres Priistas (ONMPRI), la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), la Red de Jóvenes Por México, y las dirigencias municipales del PRI en Bacalar, Othón P. Blanco, Cozumel, Felipe Carrillo Puerto, José María Morelos, Isla Mujeres, Lázaro Cárdenas y Tulum.
Como se ve, esos cambios no incluyen Benito Juárez ni Solidaridad. En ambos casos, el problema central es un acuerdo con la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC).
La CROC considera que merece el manejo de los comités municipales de estos dos municipios, e incluso que de allí deben surgir las candidaturas del partido para 2018, que le pertenecen. En el PRI, hoy, nadie está convencido de eso, pero la dirigencia estatal no tiene fuerza para enfrentarse a la CROC y tomar el control del partido. Entonces toma la peor decisión, que es no hacer nada.
LA ORFANDAD EN CANCUN
Lo peor de todo es que ante esa incapacidad, el partido no elige ninguna de las opciones que podrían resucitarlo. Hay dos formas de sobrevivir a la situación actual del PRI, y las dos tienen un origen común: comités municipales fuertes.
Históricamente, cuando el PRI fue oposición en un municipio, entregó el partido en esa demarcación a un dirigente fuertemente crítico y activo, que luego se convirtió en candidato ganador.
Así hicieron en Cancún, por ejemplo, Francisco Alor durante la presidencia de Juan Ignacio García Zalvidea. Y también Paul Carrillo cuando el alcalde era el perredista Julián Ricalde. Marcaron una agenda fuertemente opositora, y terminaron ganando la elección siguiente.
Otra opción, para un caso de alianza como la actual en Benito Juárez, es hacer un comité municipal muy fuerte, para luego poder pelear mejores condiciones en los repartos de posiciones en esa alianza. El PRI no toma ninguno de esos dos caminos.
Y su situación dentro de la administración municipal, que es el espacio institucional y político de la alianza, es muy difícil. La detención de Mauricio Rodríguez Marrufo (un borgista incrustado en la administración, que podía, al menos, simular algún vestigio de alianza) generó que el alcalde Remberto Estrada se decidiera en ese cargo por Guillermo Brahms, un hombre de su propio partido.
Así, el PRI perdió el único espacio que tenía, el menos en el membrete, en la cima del poder municipal. Actualmente, el tricolor solo ocupa cargos secundarios, y, fundamentalmente, sin ningún tipo de cercanía o influencia con el presidente municipal.
En ese escenario de absoluta debilidad, es difícil imaginarse cómo podrá negociar alguna condición ventajosa en un alianza para 2018.

LA DEBILIDAD DE LA DIRIGENCIA
Raymundo King no ha podido, por situaciones diversas, fortalecer el Comité Municipal de Cancún, por lo cual el futuro de PRI en esta demarcación es incierto.
Pero quizá el problema del dirigente es mayor a lo que parece. Sin el cobijo del Gobierno estatal, no tiene el presupuesto que quiere para enfrentar los retos, y decididamente no tiene, luego d esa derrota electoral del año pasado, el respaldo de los referentes partidarios ni la militancia para tomar decisiones muy arriesgadas.
De hecho, meses atrás el rumor sobre su salida inminente de la dirigencia fue muy fuerte. Luego se calmó por un acuerdo para cambiar primero los primeros los comités municipales y más tarde el comité estatal. Si ese acuerdo sigue en pie, las horas de Raymundo King al frente del tricolor están contadas.
El partido tiene además un problema serio. El gobernador Carlos Joaquín es, a pesar de las siglas que lo acompañaron al poder, un priista natural. Ante el primer error de la dirigencia o de los referentes partidarios, el PRI quedará en sus manos.
Hace un tiempo que un creciente grupo del partido quiere luchar contra esas amenazas. Incluso, y principalmente, contra la amenaza de que líder nacional Verde Ecologista, Jorge Emilio González Martínez, El Niño Verde, maneje el destino del partido desde algún lugar remoto.
Pero el partido parece inmovilizado e incapaz de enfrenar esos retos, que son los más graves en la historia del tricolor en este estado.
Nadie hubiese pensado, hace un año atrás, que las crónicas sobre el PRI serían las de un partido que si no encuentra un rumbo, podría desaparecer en Quintana Roo. Al menos en Cancún, parece que ya ha iniciado ese camino.









