(La Opinión)
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Los debates terminaron, y fue claro hacia donde se pintará Quintana Roo a partir del 6 de junio próximo. Las expectativas durante la semana pasada tuvieron dos protagonistas: los debates del distrito X y el de la gubernatura.
En el distrito X, único bastión político del PAN, su candidata Kira Iris, con una campaña coordinada por quienes ella misma llama sus maestros, Filiberto Martínez, Xavi Izaguirre y los “Tepitos”, mostró una vez más que su paso por la política ha sido una experiencia no muy afortunada y que tuvo sus quince minutos de fama.
Si ella se ha considerado siempre una profesional exitosa, no podríamos decir lo mismo de que se convirtió en una política exitosa.
Lo que Natura non da, Salamanca non Presta, es una vieja frase que explica que aquello que la naturaleza no te da como virtud, ninguna universidad te lo podrá enseñar. Kira tuvo enfrente a una rival con propuestas y jamás salida de su papel, quien seguramente se está convirtiendo, junto a Mara Lezama y algunas otras pocas figuras, en los cuadros políticos emergente que definirán la política estatal los siguientes años: Estefanía Mercado.
Una joven empresaria, con carácter, con empatía, con ángel propio, que viene desde la campaña pasada conquistando el espacio de un municipio sin liderazgo, o mejor dicho lleno de liderazgos de dinosaurios que aun quieren conservar algo de poder.
Kira sabe que los números no le son favorables, que su campaña no es buena, que sus estrategas la metieron en lo ridículo, burlándose de la gente con una botarga, armando salones de estética canina en los parques, bailando zumba en los deportivos, subiéndola a un escenario de agresiones permanentes y fomentando desde redes paralelas y con altos costos de gastos en pautas, una campaña negra y burda.
¿Qué significó todo eso? Pues exponerse, cambiar la personalidad de profesional respetable y exitosa que se la caracterizaba, por el de una arrabalera que grita insulta, denuncia, y difama, porque está herida de guerra.
En el Padrino II, la mejor obra de la trilogía, Frankie Pentangeli decide testificar en contra Michael Corleone (Al Pacino) en un juicio en el que se le acusa a éste de ser el jefe de una familia criminal.
El día en el que Frankie Pentangeli va al juicio, Michael lleva al hermano de Pentangeli, en una manera de intimidar a Frankie y recordarle el honor de su familia y la ley del silencio.
El día del debate, jamás Kira se imaginó ver en primera fila del estudio al papa de Estefanía a quien, junto a sus iluminados asesores, se cansó de acusar de ser el “dueño de una cadena de prostitución”.
A partir de ese encuentro, jamás pudo centrarse en lo que quería decir, se desdibujó, se pasó de los tiempos, cambió su tono de voz, empezó a gritar y quedó en el ridículo.
El ARRASAMOS que subió a las redes segundos después de terminar el debate, era la consecuencia del balde de agua fría recibido, temerosa quizá que saliera a la luz que ella misma fue la asesora legal del dueño de esos lugares.
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LA GENERACIÓN QUE SE VA DE LA POLÍTICA
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