Los peores dìas de Remberto en el poder

Los peores dìas de Remberto en el poder

*Lo atacan por todos los flancos

*¿Se acabó la pax política con el estado?

 

Hugo Martoccia

La dulce luna de miel del presidente municipal de Cancún, Remberto Estrada, llego a su fin. En los últimos días, el alcalde se ha tenido que enfrentar a todo: una ola de crímenes y violencia imparable; un sospechoso incendio en Tajamar; un plantón de desalojados en las puertas del propio Palacio Municipal, que el estado apoya con alimentos, y una clara decisión de sus partidos opositores, PAN, Morena y PRD, de dejar de mirar hacia otro lado y cuestionar su administración.

Y como las malas noticias vienen todas juntas, hasta sus aliados del PRI ya lo miran de reojo, y se preguntan si tiene sentido mantener unidos sus destinos políticos y electorales.

A juzgar por la historia del estado cuando ha habido gobierno estatal y municipal de distinto signo político, parecería tratarse del inicio de un rompimiento entre ambas administraciones. Las razones son obvias: los tiempos electorales ya están encima y hasta hace unos días atrás Remberto Estrada caminaba sin estorbos hacia el destino político que él decidiera.

Alguien comprendió que eso debería cambiar.

Uno de los temas que le da mayores dolores de cabeza al alcalde es la seguridad. Sucede que allí se junten la peor debilidad del municipio, la cual en realidad lo trasciende, pero también su peor error político hasta hoy: el arrendamiento de las patrullas a la empresa Urfisa.

Antes de que la ola de violencia e inseguridad recrudeciera en Cancún, Remberto Estrada decidió gastar más de 52 millones de pesos para rentar 97 patrullas para la policía. El tema casi pasa sin ser cuestionado hasta que un análisis de los números demostró que se estaba pagando al menos el doble de lo que costaría comprar esos vehículos.

Lo que siguió de allí fue una sucesión de malas decisiones del gobierno para intentar no dar a conocer la información sobre la renta de patrullas. El error y la opacidad se juntaron para dejarle la primera gran mancha a la administración municipal.

Para colmo, en el medio del escándalo, una mano secreta deslizó a los medios de comunicación la cuenta pública de 2014 del municipio, en la cual, entre otras cosas, había información sobre Urfisa.

Según la Auditoría Superior del estado, cuando el anterior alcalde Paul Carrillo le rentó patrullas a esa misma empresa, se demostró que Urfisa había presentado una dirección falsa, y había rentado los vehículos a un precio tres veces superior al precio de compra en el mercado.

Remberto Estrada defendió el arrendamiento porque dijo que la seguridad era la prioridad del municipio. Y casi al unísono de esas palabras, comenzó una ola de ejecuciones, violencia, extorsiones, e inseguridad urbana, que no ha parado y que ha puesto a Cancún en uno de sus peores momentos de los últimos años.

 

ACAMPE EN LA PLAZA

 

La sucesión de hechos que han complicado los días del alcalde no parece casual.

El 16 de marzo, por orden de un Juzgado, el gobierno municipal debió desalojar a los habitantes de la colonia El Fortín. Alrededor de 90 familias se enfrentaron con los policías, e incluso quemaron algunas palapas.

Al otro día, un grupo de personas enojadas y desesperadas fueron a la explanada del Palacio Municipal. Es la peor escena para un alcalde nuevo.

Y eso no fue todo. Horas después de la manifestación, cuando los pobladores de El Fortín decidieron acampar en la misma plaza de la Reforma, el gobierno estatal decidió apoyarlos con comida, mantas y colchones, para que su estancia no fuese tan incomoda hasta que se encuentre una solución.

La imagen del ex alcalde, rival electoral, y Secretario de Desarrollo Social e Indígena del estado, Julián Ricalde, repartiendo esas ayudas en las narices de Remberto Estrada, exime de mayores comentarios. Una batalla política había recomenzado.

El resultado de la virtual toma de la Plaza de la Reforma fue que el alcalde debió presentar su Plan Municipal de Desarrollo en el Parque Kabah. Al mismo tiempo, negoció, con presión del gobierno del estado, para darle un lugar de residencia temporal a esa gente hasta que se encuentre uno definitivo.

 

 

INCENDIO

 

El domingo 19 de marzo, en medio de esa crisis, se incendió una parte del Malecón Tajamar. No fue incendio cualquiera. Se trata de un lugar emblemático de la lucha de los ambientalistas por mantener algún pedazo de espacio verde en Cancún.

El incendio fue, al menos, sospechoso. No existen aún indicios concretos de lo que pasó pero sí quedó una imagen muy clara: fue el Gobierno del Estado el que se movilizó física y mediáticamente para sofocar el incendio.

Allí estuvo el Secretario de Gobierno, Francisco López Mena, y no estuvo Remberto Estrada.

Unos días después, el 21 de marzo, el Congreso del estado votó un punto de acuerdo para exhortar a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente «que investigue a la brevedad posible las causas que propiciaron el incendio que se generó en la zona del manglar denominado Malecón Tajamar, en fecha 19 de marzo del presente año, ya que sin duda se podría tratar de una clara negligencia en el cuidado ambiental a dicha zona de manglar protegida».

El punto de acuerdo surgió del oficialismo estatal: fue presentado por dos políticos que son de Cancún, el presidente de la Gran Comisión, el panista Eduardo Martínez Arcila, y el perredista Emiliano Ramos Hernández, presidente de la Comisión de Hacienda del Congreso.

El pasado 24 de marzo, regidores del PRD y Morena, votaron en contra de la Cuenta Pública 2016 que presentó ante el Cabildo Remberto Estrada, la cual incluye los tres primeros meses de su administración. Es una de las primeras veces durante la gestión del alcalde, que los regidores de oposición muestran las uñas de manera conjunta. Otra mala noticia.

Para colmo de males, los 600 millones de pesos para obras que le prometieron los diputados federales verde ecologistas aún no se ven en las calles, y nadie sabe si realmente van a llegar.

Como se ve en esa sucesión de hechos, el alcalde no pasa por un buen momento político. Y lo peor de todo es que quizá éste sea el nuevo escenario de su administración.