Mara debe ordenar la sucesión política en Tulum para evitar que se descontrole

Mara debe ordenar la sucesión política en Tulum para evitar que se descontrole

La complejidad  de ese municipio siempre a punto de estallar obliga a la intervención de la gobernadora.

El sábado hubo rumores de todo tipo sobre la sucesión del recientemente fallecido Marciano Dzul.

Hay quienes sueñan con no dejar llegar al cargo a su suplente, Diego Castañón. 

Pero deberían torcer mucho la ley o convencer al alcalde suplente que renuncie. 

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(La Opinión) 

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La sucesión política por el fallecimiento del alcalde de Tulum Marciano Dzul, mostró este sábado los primeros signos de que podría salirse de control si una mano política fuerte no le da un rumbo. Esa mano debe ser la de la gobernadora Mara Lezama.
Desde el momento en que se supo del doloroso fallecimiento del alcalde, varios actores políticos locales comenzaron a buscar la forma legal (o no tanto) de impedir la asunción del suplente del alcalde, el actual tesorero Diego Castañón.  
El tesorero está vinculado al partido Verde Ecologista, y alguno le critican que no es originario del municipio. La realidad, sin embargo, es que tenía una muy cercana relación con Marciano, que le había dado, nada más y nada menos, que la suplencia y el manejo de los recursos municipales. 
Pero claro, aún con todos esos antecedentes de confianza, Diego Castañón no es Marciano Dzul. Y eso dispara toda un a serie de consideraciones. 

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DE HISTORIA Y ACUERDOS 

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Hay dos aspectos a tomar en cuenta en este sentido. Primero, la historia propia de Marciano. Segundo, la raíz de la formación política de su actual administración. 
Con respecto al primer punto, debe decirse que una sucesión política como esta nunca es fácil. Pero menos lo es cuando hay que suceder a alguien que tenía un control férreo sobre el municipio. Marciano era un hombre formado en el ejercicio del poder sin dilaciones ni medias tintas. Pero que además tiene una injerencia histórica en Tulum. 
Desde que Tulum es municipio, y antes aún, toda la política del lugar se movió alrededor de Marciano Dzul. Dos veces alcalde, regidor; su hermana fue alcaldesa; su hija es diputada; fue operador político de tiempo completo, terrateniente, y fundador de diversas estructuras de poderes fácticos en el municipio. Ese es el tamaño del vacío que deja. 
Pero aún con ese poder, la realidad es que la llegada a la presidencia municipal de Marciano Dzul incluyó también un “matrimonio por conveniencia” con otros actores políticos. Y ese es el segundo punto a explicar. 
Cuando Marciano fue a pelear la presidencia municipal contra el neojoaquinista Victor Más, aún estando arriba en las encuestas, sabía que necesitaba dos cosas: una vinculación más directa con el morenismo de base, y no dejar ningún cabo suelto que pudiera fortalecer a Víctor Mas. 
El acuerdo con el morenismo se materializó con la inclusión en el primer lugar de su planilla de Fili Tah. El “cabo suelto” que le quedaba era Jorge Portilla. Mientras que el neojoaquinismo daba por sentado que nunca habría un acuerdo entre ellos, ambos pusieron por delante la necesidad de desembarazarse del grupo político del ex gobernador Carlos Joaquín, que fue tan perjudicial para el municipio. 
Hay que recordar que con Carlos Joaquín y Víctor Mas, Tulum estaba inmerso en una crisis de seguridad inédita, a punto de explotar y de salirse por completo de control. Además, los negocios inmobiliarios del neojoaquinismo, con el PMOTEDUS como paraguas “legal”, preanunciaban un caos urbano. 
Pero si bien el acuerdo político entre esas tres partes (Marciano, Portilla y Fili) fue una jugada inteligente y efectiva, el mantenimiento del frágil equilibrio de ese “matrimonio por conveniencia” no era fácil en el día a día. 
Ya en estos últimos meses, por ejemplo, Portilla decía en voz alta que él había aceptado el acuerdo con el compromiso de que luego le correspondería la presidencia municipal. Y se daba cuenta que eso no iba a suceder, porque Marciano preparaba su reelección e incluso formaba su dinastía política. 
Ahora, sin Marciano en la conducción política, los egos, rencores e intereses pueden hacer que las cosas se salgan de control. Y cuando las cosas se salen de control en Tulum, los limites están mucho más allá de la política.   

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GOBERNABILIDAD Y SUCESIÓN 

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Por ello, lo primero que debería hacer Mara Lezama es garantizar la gobernabilidad del municipio, con un proceso de sucesión legal. La ley dice, sin lugar a interpretaciones, que el suplente, Diego Castañón, debe asumir. 
Ayer, en medio de los rumores crecientes sobre planes para que eso no suceda, la gobernadora no mandó ninguna señal. Esa viejo déficit del marismo de no saber cuándo es necesario mandar mensajes cifrados para frenar la efervescencia política. 
Se sabe que ella tiene buen trato con Diego Castañón, pero no es suficiente (o no lo fue hasta ahora, al menos) para saber si ha dado el visto bueno para que las cosas transiten los carriles legales. 
Ahora, aún si las cosas suceden legalmente, también hay que tener en claro que Castañón no tiene un grupo político propio, más allá de su cercanía con Marciano y su pertenencia al equipo, por lo que todos esperan que sea la propia Mara la que le da la fuerza política. 
Con ese aval, todo se calmaría rápidamente. Sin ese aval, todo sería muy difícil. Sólo hay que recordar lo que fue la sucesión de Hernán Pastrana con Otoniel Segovia en Othón P. Blanco. Nadie quiere que algo así se repita. 
Luego, por supuesto, vendrá la sucesión de 2024. Y allí aparecerán Silvia y Romy Dzul; Portilla; Fili Tah y el morenismo; los empresarios que querrán meter a su candidato; el Verde y sus aspiraciones; el neojoaquinsimo renovado o con los mismos de siempre, y el alcalde en funciones que podría también ser candidato. 
Un cóctel capaz de desestabilizar cualquier proceso político.
Por todo eso, Tulum es hoy el reto político más urgente de Mara Lezama. 

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