Hugo Martoccia – Mesa Chica
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El 29 de enero de 2021 arrancarán las precampañas para las elecciones de ese año en Quintana Roo. Desde ese día en adelante, el estado se pondrá en “modo electoral” hasta el fin del sexenio. En junio serán las elecciones, en octubre asumen los alcaldes, y por esa fecha deberá comenzar el proceso electoral para renovar la gubernatura y el Congreso en 2022.
Eso significa que todo el último tercio del sexenio del gobernador Carlos Joaquín estará atravesado por las batallas políticas inherentes a las elecciones, las cuales nunca son inocentes ni tranquilas.
Se trata, quizá, del peor escenario político para enfrentar la crisis económica y la gestión de la recuperación que el estado requiere. Y mucho más cuando los resultados electorales de 2021 podrían deparar nombres y situaciones desagradables, y una inercia negativa hacia 2022.
La situación electoral del oficialismo estatal es, al menos, endeble. Y las últimas noticias sólo agregan confusión a ese escenario.
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NÚMEROS Y NOMBRES
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En MORENA vienen analizando de manera constante los números de las encuestas en Quintana Roo. Proyectando los datos de hoy, consideran que tendrán una elección muy favorable en 2021, y que la sucesión de 2022 será del gobernador hacia alguien del lopezobradorismo.
Pero los datos finos son aún más duros con el joaquinismo. En Othón P. Blanco, por ejemplo, el triunfo sería de MORENA o de un independiente o quizá partido nuevo. Pero lo que se sabe es que quien haga campaña debe enfocarla, sobre todo, en contra del joaquinismo, que no pudo levantar en el municipio luego de la derrota de 2018.
En Solidaridad parece cada día más complejo que Laura Beristain vaya a la reelección, lo cual sería beneficioso para MORENA. Será muy difícil ganar allí si el lopezobradorismo presenta un candidato competitivo. Incluso, la realidad es que hasta sería difícil ganarle a Laura, más allá de los yerros de su gobierno.
Además, el oficialismo estatal no hace mucho por ayudarse. Allí se ha establecido una sorda batalla entre las diputadas Lili Campos y Cristina Torres, que quieren la candidatura por el PAN. Y parece que en el entorno del gobernador la elegida es Lili Campos.
El problema son los números. Quienes apoyan a Lili muestran que ganó la elección de 2019 en el feudo de Laura Beristain. Es cierto. Pero también lo es que la diputada ganó con sólo 7 mil votos. En 2018, cuando buscó la reelección, Cristina obtuvo más de 36 mil votos. Y ese número será el mínimo para pensar en ganarle a MORENA en 2021.
En ese contexto, por supuesto, la foto que se dio a conocer entre Cristina Torres, la dirigencia del MAS, y el alcalde de Tulum, Victor Mas Tah, puso nervioso a más de uno. Cualquier aventura electoral de Cristina fuera del joaquinismo (por sí misma, o por medio de otra persona) podría ser el fin del sueño de ganar Solidaridad para el gobernador.
El amparo que ganó el ex alcalde Mauricio Góngora, que lo mantendrá por un buen tiempo fuera de la cárcel, no hace más que agregar confusión a ese escenario.
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NOMBRES Y NÚMEROS
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Hay nombres propios que al gobernador definitivamente le generan un malestar especial. Uno de ellos es sin duda el de Perla Tun.
La ex alcaldesa y actual regidora se incorporó al PT, y pone así un pie en el lopezobradorismo. Quizá se trate de la mejor fórmula para que la 4T encuentra en la isla por fin un representante genuino. Muchas de las otras candidaturas que tuvieron, eran casi indistinguibles del borgismo o el felixismo.
A pesar de que desde el oficialismo se ha minimizado lo de Perla, los números dicen cosas diferentes. En 2018, Pedro Joaquín Delbouis logró alrededor de 16500 votos, Perla 13500 y MORENA 8 mil. En 2019, Carlos Hernández ganó la diputación con 5700 votos, y MORENA quedó en segundo lugar con 5 mil.
El lopezobradorismo sólo necesita un liderazgo aceptado por todos para ser mas que competitivo. Si ese liderazgo lo ejerce Perla, la elección de 2021 va a ser muy difícil para el actual oficialismo. Lo que podría evitar eso es que MORENA vaya con candidato propio y rompa la 4T.
El otro nombre propio que ha aparecido nuevamente es el de la senadora Marybel Villegas. Más allá de las buenas señales de las últimas semanas entre la morenista y el oficialismo estatal (una reunión privada con el gobernador; una reunión que se hizo pública con el secretario de Gobierno, Arturo Contreras) lo cierto es que esa relación no pasará de la cordialidad y el respeto político, en el mejor de los casos.
Si el gobernador debe entregar la sucesión a MORENA en 2022, como aseguran en el lopezobradorismo, estaría mucho más cómodo que fueran las manos de Mara Lezama las que recibieran la estafeta. Esa verdad no ha cambiado.
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BUENAS Y MALAS PROYECCIONES
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