Hugo Martoccia – Mesa Chica
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La mesa de juego ya se instaló y las cartas están sobre la mesa. La danza de nombres que peleará en la elección interna de MORENA para definir quién será el próximo candidato a la gubernatura (así directo, para evitar todos los eufemismos intermedios) ya es pública. La primera señal que deja ese escenario es muy clara: Jorge Emilio González ha llegado a este punto crucial con una brillante estrategia de largo plazo que está en su punto justo de maduración. MORENA, en cambio, parece improvisar sobre la marcha un proyecto que pueda plantarse a discutir algo en serio.
Hay un dato relevante y casi increíble que marca a las claras cuál es la situación electoral en Quintana Roo: se puede obviar los nombres del los candidatos a la gubernatura y el análisis no cambia. Al final, la decisión es una batalla directa y abierta de Jorge Emilio contra Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador, juntos o por separado.
Esa es toda una señal de lo que pasa en el estado. Cualquiera que lleve el logo de MORENA va a ganar la elección, se llame como se llame. Entonces, el tema de fondo es el reparto de poder entre los grupos de la 4T. En ese punto, se sabe, Jorge Emilio reclama Quintana Roo como un territorio propio.
Hasta hace algunos meses, el principal trabajo en el entorno de Jorge Emilio era pensar en cómo sería el sexenio de Eugenio “Gino” Segura. Pero el ingreso de Rafael Marín al proceso interno alteró todo. Rafa no es cualquier candidato; es alguien surgido desde el inicio del proyecto lopezobradorista, con conexiones políticas inalcanzables para la mayoría de sus adversarios.
Jorge Emilio aún se pregunta cómo y porqué es posible que ese nombre alterara todo. Hasta hace unas semanas, se tranquilizaba con la versión de que Claudia Sheinbaum no lo quería en la interna y no le permitiría participar. Claramente había un error en ese análisis.
Lo que ese grupo cree ahora es que AMLO actuó como la “mano izquierda” de la Presidenta en este caso. Es decir, mientras ella oficialmente les decía a todos que no apoyaba lo de Rafa, AMLO mandaba a su viejo amigo a pelear Quintana Roo. Un acuerdo subterráneo entre los dos líderes de MORENA para ponerle un límite al Verde.
¿Cómo se entiende, de otra manera, que desde el marismo aseguren que la Presidenta desconoció varias veces la campaña de Rafa, pero es el propio operador de Sheinbaum en la interna (Carlos Ulloa) quien operó el ingreso de Rafa al grupo final de aspirantes?.
Por eso el frente de Jorge Emilio es doble. Va contra la Presidenta, que quiere y necesita recortar el poder del Verde (es innecesario ya enumerar todas las veces que Claudia dejó en claro que ese partido no es de su agrado) y también contra AMLO, que quiere a Rafa de candidato porque su concepción del poder dice que no se debe mantener a los mismos grupos políticos transexenalmente en los estados.
Si no, se le puede preguntar qué les paso a la misma Sheinbaum en la CDMX, a Cuitláhuac García en Veracruz o al grupo de Adan Augusto en Tabasco, por ejemplo, en las elecciones en sus estados en 2024. Todos entregaron el poder a grupos adversarios internos, por decisión del entonces presidente Lopez Obrador, que honró aquella vieja regla priísta de que “gobernador no pone gobernador”.
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EL PODER DE JORGE EMILIO
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El punto central es cómo llega el líder del Verde a este momento crucial de la negociación.
Su peso específico es gigantesco; un bloque de más de 80 diputados federales y senadores que son necesarios para la mayoría calificada que la Presidenta quiere. MORENA podría romper gran parte del acuerdo con el Verde y aún así ganar una mayoría absoluta en la próxima Legislatura. Eso le daría gobernabilidad a la Presidenta, pero quizá políticamente sería una señal de debilidad externa, sobre todo por el duro momento histórico con Estados Unidos.
Jorge Emilio sabe eso y aprieta el paso en su negociación. Y juega fuerte. Está empecinado que en San Luis Potosí vaya de candidata la esposa del gobernador, aún en contra de la regla anti nepotismo de la Presidenta.
Y además pone límites a su apoyo legislativo; el límite es cualquier ley que enoje a Estados Unidos. También, quieren tener mano en Nayarit, y que le den muchos más espacios en lugares como la CDMX, por ejemplo. Lo que se dice, una negociación muy ambiciosa.
Pero en pocos lugares llega mejor armado que en Quintana Roo. Tiene dos candidatos ya instalados, Gino Segura y Ana Paty Peralta. Pero ambos con un seguro de protección: son parte de MORENA. Esa decisión de incrustar a su gente en MORENA se tomó hace muchos años y fue brillante. Colonizar al partido guinda desde adentro, y evitar la batalla interna.
¿De qué se los puede culpar a Gino y Ana Paty? La alcaldesa está en MORENA desde 2018. Gino, que se sepa, nunca estuvo en otro partido. ¿Se los puede culpar de una relación política y personal con Jorge Emilio? La verdad es que no. Sus destinos está ligados al de él, pero eso no es un problema. ¿O sí?
Sólo hay que mirar los acuerdos que MORENA tiene en todos los estados con personajes políticos de todo tipo; incluso en Quintana Roo. ¿Quien define la “pureza” en MORENA? Nadie, esa es la realidad.
Pero hay más aún; Ana Paty y Gino lideran las encuestas. O sea que si MORENA realmente insistiera en el despropósito de elegir a su candidato por encuesta, alguno de ellos tiene que ganar.
El cuadro es casi perfecto para Jorge Emilio.
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LA DECISIÓN
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