La opción de que MORENA y PVEM compitan separados en el estado es una realidad

La opción de que MORENA y PVEM compitan separados en el estado es una realidad
Hugo Martoccia – Mesa Chica 

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A pesar de las fotografías conjuntas entre dirigentes de la 4T, con sonrisas extenuantes y mensajes de unidad, la verdad es que en la mesa política del Partido Verde ya se ha instalado el tema, quizá por primera vez con absoluta seriedad, de que podrían ir separados con MORENA en la elección de Quintana Roo.
Hay un montón de variantes para ese escenario, pero la central tiene que ver, como se dijo aquí hace ya varias semanas, con la irrupción de Rafael Marín en la escena electoral del estado. Jorge Emilio González está seguro que la campaña de Rafa no significa que es indisciplinado con Claudia Sheinbaum ni que está lanzado a una aventura sin sentido. Tiene el suficiente olfato político para entender que para algo lo han mandado a caminar el estado. 
Hoy, la duda principal se centra en Cancún. En el equipo de Rafa Marín ya han dicho que la orden de MORENA nacional es clara: si Eugenio “Gino” Segura es candidato a gobernador, a Rafa le darán Cancún para él o para alguien de los suyos, presumiblemente Anahí González. 
Si así fuese, el Verde analiza no aceptar el trato. Jorge Emilio (aquí se ha dicho) dice que Cancún es de él. Y punto. No lo va a soltar. Y la opción, si MORENA decide jugarle rudo, es romper la alianza en el municipio y avanzar con Pablo Bustamante como candidato contra Rafa o quien pongan. 
El Verde está seguro de que en Cancún tiene la estructura y la fuerza política para pelarle a una candidatura de MORENA que, de acuerdo a sus propias encuestas, no pasa del dígito de aprobación. 
Los hechos, debe decirse, no avalan esa confianza. En la elección de 2024 MORENA y el Verde fueron separados en el distrito 3 federal de Cancún, y el partido guinda arrasó, a pesar de que el Verde tenía una gran candidata que venía justamente de las bases y la estructura. La realidad es que con los datos de hoy, es casi imposible ganarle a MORENA en Cancún. 
En el Verde están seguros, sin embargo, que en un escenario así Mara Lezama los va a apoyar a ellos, porque no permitiría que ningún rafista se quede con un municipio que también considera “suyo”. En esta misma columna la semana pasada se planteó la opción de que Mara se enfrente con Jorge Emilio por Cancún, porque Mara quiere a Vero Lezama de candidata y Jorge Emilio a Pablo Bustamante. Pero volverían a estar unidos (según esa versión) si se trata de enfrentar un enemigo común. 
¿Jugaría Mara todo su futuro, político y personal, para enfrentar a un candidato incómodo de MORENA? Esa pregunta sólo puede responderla ella.
¿Podría darse un escenario de rompimiento en otros municipios y en el estado? Sí en municipios. En el estado quizá la única forma de que eso pase es que MORENA le diera la candidatura a gobernador a Rafa Marín. Pero ese sería un escenario muy diferente y muy complejo. 

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LA CONFIANZA DE MARA Y DE JORGE EMILIO 

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“Está concretada la alianza en Quintana Roo”, dijo Mara días atrás. En ese aspecto, la gobernadora juega fuerte, incluso más rápido que la dirigencia nacional. El punto polémico es que esa alianza que la gobernadora tiene en la cabeza incluye que todos sus candidatos queden en donde ella los pone. Gino en la gubernatura, Vero en Cancún, Flavio Rosado en Isla Mujeres, Estefanía Mercado en Playa del Carmen, Nivardo Mena en Lázaro Cárdenas, Paoly Perera en Felipe Carrillo Puerto, Renán Sánchez Tajonar en Cozumel y Jorge Portilla en Tulum. Y allí se puede agregar a Ana Paty como Secretaria de Gobierno o de Finanzas de Gino. Por nombrar algunos. 
Varios de esos candidatos no son lo que ella quisiera, pero son su armado para equilibrar las cosas hacia adentro. Pero el dato es que no acepta nadie del rafismo ahí. La “alianza” que Mara propone es esa. Para los rafistas eso es inaceptable. 
Ese formato de alianza sería muy beneficioso para Jorge Emilio, que pasaría, literalmente, a ser el dueño del estado. El líder verde está nervioso por el movimiento de Rafa, pero por otro lado le dice a su gente que el acuerdo que él tenía con AMLO y ahora con la Presidenta, es que Quintana Roo es suyo, y eso no se puede romper. 
Los verde ecologistas, acostumbrados a que a su jefe las cosas siempre le salgan bien, dicen que la gubernatura, Cancún y Playa del Carmen son innegociables. Quizá podrían compartir con el rafismo algún municipio menor y alguna diputación o un espacio de esa índole. 
El tema es que eso ya no es ni siquiera una negociación. ¿Quién quiere un municipio de los pequeños del estado?. Todos están financieramente mal o muy mal, y además en este Gobierno les quitaron todas sus facultades principales, y los alcaldes actúan casi como secretarios de lujo de la gobernadora. Y ese esquema seguramente llegó para quedarse. 
Algunos pretenden sumar la candidatura de Portilla en Tulum, por MORENA, como una concesión a Rafa Marín. El ex director de Aduanas lo niega. Eso no es ninguna concesión, dicen en su entorno. A Portilla lo llevan a MORENA porque no le pueden ganar en el 2027 si se mantiene en MC. No hay entrega alguna ahí. 

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JORGE EMILIO, EL INDISCIPLINADO 

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Una característica fundamental del Verde en esta etapa de alianza con la 4T fue su absoluta disciplina con AMLO. Ese era el gran mérito, y quizá el único, que lo hacía necesario en la coalición. El partido de Jorge Emilio votó, tapándose la nariz, leyes inconcebibles para su formación de derecha. Y sin embargo lo hizo por el bien de su propio proyecto. 
Pero esa disciplina ha terminado. El partido le votó en contra la reforma electoral a la Presidenta, y días atrás retiró más de 30 Diputados de la Cámara, para no discutir las leyes secundarias para anular las elecciones donde se detecte injerencia extranjera. 
Esa es una reforma “anti Trump”, y Jorge Emilio no quiere nada contra el Presidente de Estados Unidos. Esta semana le dijo a un grupo de diputados: “Entre chocar con los morenos o chocar contra Trump, siempre mejor contra los morenos”. La frase la dijo en persona a unos referentes del partido, pero luego la repitió en diversos chat privados. O sea, es una instrucción, no una opinión. 
La pregunta es obvia, entonces. ¿Jorge Emilio se va a quedar con Quintana Roo y San Luis Potosí; con 70 diputados federales y una treintena de senadores, y una miríada de puestos estatales y municipales, pero él va a decidir qué vota y qué no vota? Y, desde ya, no acompañará la batalla por la “soberanía” que lideran AMLO y Claudia, que es, nada más y nada menos, que la nueva épica de la 4T. Sería algo insólito que lo mantengan en la alianza con esa postura. 
Claudia ejerce el poder de una forma extraña, que incluye que sus propios aliados pueden decirle que no y ella los sigue consintiendo. Pero aceptar algo así sería debilitarse hasta lo inconcebible. 
Si en unos meses vemos que al Verde le dan San Luis Potosí y sus candidatos quedan en las principales posiciones de Quintana Roo (aún vestidos de MORENA) estaremos ante un caso de eficacia política increíble. Habrá que agregar una materia a la carrera de Ciencias Políticas que se llame “El arte de la negociación”, por Jorge Emilio González Martínez. Y quizá otra que se llame “Cómo no ejercer el poder, el ejemplo del sexenio 2024-2030”. 
¿Es tan así la situación? No parece, realmente. 
En los últimos días, un referente nacional del Verde habló con morenistas de Quintana Roo, y les reconoció que la relación de Jorge Emilio con Claudia Sheinbaum es casi nula. Dijo que la Presidenta no quiere al Verde y ha ordenado que en todos lados haya candidatos propios, porque van a pelear y negociar hasta las últimas consecuencias. Rafa Marín sería uno de ellos.
¿Les alcanzará a esos candidatos? Es muy probable que no para ganar, pero sí para negociar. Rafa Marín ya dijo que lo mínimo que se tiene que discutir es Cancún, y que eso es una orden que viene desde Palacio Nacional y el CEN de MORENA.
En su círculo más íntimo, Mara dice todo lo contrario. Ya está decidido que Gino será gobernador y las otras posiciones serán las que ya están encaminadas. No hay ninguna duda ni habrá sorpresas. “La jefa siempre gana”, dicen los maristas más convencidos. 
Ante versiones tan contradictorias, hay que volver a lo que dijo esta columna un par de meses atrás: “A alguien están engañando”.