Hugo Martoccia – Mesa Chica
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La reforma electoral de la Presidenta Claudia Sheinbaum amenaza con tensar como nunca la alianza de la 4T, que conforman MORENA, PT y PVEM. Los dos últimos partidos ya han dicho que la propuesta de eliminar plurinominales y quitarle financiamiento a los partidos políticos es inviable. Y es lógico: esas medidas atentan contra su propia supervivencia política. Por primera vez desde 2018, quizá, la opción de que la coalición se rompa no es un escenario improbable.
Pero la Presidenta no cambia su discurso, e incluso lo endurece. Ha sido la principal impulsora de ambas iniciativas, y ahora le dejó ese encargo a Pablo Gómez, un duro entre los duros. Las tensiones entre los partidos han crecido al ritmo de las palabras del ex perredista sobre una reforma de gran calado, y que, según sus críticos, tendría un solo beneficiario: MORENA.
“Para nosotros es darnos un tiro en el pie”, dicen desde el Verde. Aún así, la línea que baja desde la cúspide del partido es esperar que la iniciativa se presente. Al fin, se discutirá sobre lo que ahí esté escrito y no sobre otra cosa.
Hay quienes esperan que en el transcurrir de los foros que se van a realizar, la iniciativa se suavice, al menos en esos temas ásperos para la alianza de la 4T. Pero no parecería algo muy lógico. Fue la propia Claudia Sheinbaum la que hizo de la reducción de plurinominales y el financiamiento sus banderas. De hecho, no habló de ningún otro punto que no sea de esos dos.
¿Cómo quedaría una reforma de la presidenta que no contiene las principales exigencias de la presidenta? Sería una señal de debilidad política innecesaria. Por eso, quienes defienden a la presidenta dicen que la reforma va como va, y que el 80% de aprobación en la sociedad que tiene será la medida de su presión hacia el Congreso.
Otros no ven las cosas tan claras y se preguntan porqué Claudia Sheinbaum se metió en este tema, al que ni siquiera se animó López Obrador. El ex presidente envió en su momento una reforma electoral muy profunda, que no fue aceptada porque también rompía el viejo esquema de la partidocracia. Pero fue una situación diferente, porque le aceptaron con puntos y comas las otras 17 reformas constitucionales que presentó. O sea que hizo un excelente acuerdo. Pero este no es el mismo caso.
Otros más críticos dicen que la propuesta de Sheinbaum no puede acompañarse, porque como la han presentado hasta hoy no busca desarticular la partidocracia, sino simplemente beneficiar de manera anti democrática a MORENA y debilitar o destruir a los demás partidos.
O sea, no sería una reforma para mejorar nada, sino para terminar de constituir al nuevo partido de estado, ya sin tribunales electorales ni ople’s ni partidos de oposición o aliados incómodos que lo molesten.
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¿ALIANZA EN RIESGO?
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“En las Cámaras se negocia con aliados y con opositores”, dicen en el Verde, dejando entrever que ya tienen en mente alguna jugada legislativa para mover sus votos a donde haga falta. Entre el Verde y el PT tienen más de 100 diputados federales. Número suficiente para frenar una reforma constitucional, al menos en esos puntos particulares.
El tema es que mas allá de que fuese un rompimiento parcial sólo en esos temas ¿Cómo quedaría la alianza si esos dos partidos le dan la espalda a la presidenta? Porque una cosa es votar una reforma como la del nepotismo electoral para tres años más tarde (situación operada en gran parte por el Verde) pero aún así votarla a favor. Y otra muy distinta es directamente votar en contra de los puntos centrales de la reforma de la presidenta.
La presidenta no puede esperar que se le vote todo a ciegas, dicen sus aliados. Y aseguran que un potencial rompimiento de la alianza no le conviene a ninguno de los tres partidos, y que por ello deberá prevalecer la madurez política y los acuerdos.
Puede ser. Pero la verdad es que si ese fuese el interés, simplemente la presidenta no hubiese puesto sobre la mesa los temas espinosos. El debate está abierto y lo abrió la propia Claudia. Difícilmente haya concebido esa riesgosa jugada política sabiendo que va a perder.
Excepto que su equipo tenga la idea de mostrar esas derrotas como triunfos morales de Claudia Sheinbaum contra el establishment político. Pero hacer de una debilidad una fortaleza por vía del marketing no es un camino fácil.
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AMIGOS CON DERECHOS
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En la semana que pasó, en la Cámara de Diputados se comentó que Jorge Emilio González Martínez, el Niño Verde, ha vuelto a conversar con MC, y que ya imaginó hasta caminos electorales alternos para el 2027 si la situación se complica.
Alguien mencionó que se habló, por ejemplo, de una alianza con el PRI en Zacatecas; de continuar solos o con nuevos aliados en San Luis Potosí, e incluso salió el nombre de Quintana Roo para una aventura electoral solitaria. Justamente el caso de nuestro estado es paradigmático de lo compleja que es la relación entre MORENA y el Verde.
Aquí el Verde creció desde 2018 como casi en ningún otro lugar del país. Hoy es la segunda fuerza política del estado, con alrededor de 140 mil votos. Pero imaginemos un país y un estado sin plurinominales, y donde las diputaciones se consiguieran sólo en los distritos. Sin MORENA de aliado, el PVEM no tendría ningún diputado federal (tiene uno de mayoría y una pluri, que luego se pasó a MORENA) y quizá ningún diputado local, o como mucho 1.
Los verdes se defienden y dicen que con sus 140 mil votos, y su extensa y bien aceitada estructura, podrían ganar más que eso. Pero el tema es el origen de los 140 mil votos.
El Verde ha logrado esos votos porque tiene permiso para mantener una estructura electoral clientelar en la propia estructura social gubernamental, y además tiene permiso para operar una ingeniería electoral más que polémica, que incluye la compra y la coacción del voto, por ejemplo. Sin esos permisos, gran parte de esos 140 mil votos se podrían esfumar como agua entre las manos. Y eso pasa, en mayor o menor medida, en otros lugares del país.
Hay que entender algo: el Verde ha sobrevivido los últimos 25 años por su relación con el Poder, con mayúscula. Fue aliado del PAN, PRI y MORENA, mientras éstos estuvieron en la Presidencia, siempre del “lado correcto de la historia”.
Nadie duda de que Jorge Emilio se mueve con una habilidad admirable entre las telarañas del poder de México, y todos lo consideran un negociador duro y eficaz. Pero siempre viéndolo con ojos de aliado. Si el Sistema se decidiera a empezar a verlo como opositor, las cosas cambiarían radicalmente para él y para su partido. No podría haber lugar más incomodo para Jorge Emilio que convertirse en opositor de un partido como MORENA.
Por supuesto que ese sería el escenario más drástico, al que se supone que nadie quiere llegar. Pero incluso los escenarios intermedios, como una coalición donde se rompa la confianza y se acumulen rencores y revanchas, es también un mal escenario.
Un dato relevante: hasta hoy, los análisis que se hacen con el PT hablan de tensiones pero no de potenciales rompimientos. No totales, al menos. La alianza entre PT y MORENA, que tiene lazos más profundos, quizá resista más cimbronazos.
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LA SITUACIÓN EN QUINTANA ROO
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