Hugo Martoccia – Mesa Chica
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Algo debe cambiar en MORENA. Sobre ese punto hay una coincidencia generalizada dentro del partido. La gobernadora Mara Lezama ha pedido más actividad y más acompañamiento. Y en la dirigencia hay en este momento incertidumbre porque nadie sabe hasta cuándo van a mantenerse en el cargo. Ambas posturas son señales claras de que algo anda mal y debe ser resuelto.
El entorno de la gobernadora quiere un partido más cercano y con una agenda más sólida. ¿Hace falta cambiar la dirigencia para lograrlo? Esa es la pregunta que aún no tiene una respuesta inequívoca.
Los datos duros dicen que pocas semanas atrás hubo un movimiento en el Consejo estatal para quitar de la presidencia a Johana Acosta, que fue abortado rápidamente. De allí surgió la versión de que en septiembre, a más tardar, la dirigente se iría a un nuevo cargo. Hay, en ese sentido, una propuesta sobre la mesa para ella. La actual dirigencia cumple su periodo en los últimos meses de 2025, pero puede ser prorrogada hasta después de las elecciones de 2027, según lo que ha dicho la presidenta nacional Luisa María Alcalde.
Ninguna de las dos opciones está descartada aún. Lo que está confirmado es que el Consejo estatal del partido, que preside Jorge Sanén, se mantiene hasta el 2027. Mara no quiere cambios allí, porque ese Consejo se armó con un equilibrio de poder que está vigente. Y podría decirse que es casi completamente suyo.
Pero no pasa lo mismo con la dirigencia. Los críticos internos, que son varios, dicen que la dirigencia ya no representa el reparto de poder actual. Y quizá algo de verdad hay.
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EQUILIBRIOS
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La actual dirigencia surgió semanas antes de que Mara asumiera como gobernadora. Era otro momento político. Bacalar, Isla Mujeres y Solidaridad eran del neojoaquinismo, y Mara construyó su candidatura desde Cancún fundamentalmente con las alianzas de Juanita Alonso, en Cozumel; Mary Hernández, en Felipe Carrillo Puerto, y Yensunni Martínez en Othón P. Blanco.
Todas esas alcaldesas, políticamente fuertes en ese entonces, se quedaron con la dirigencia. Mary puso a Johana, Yensunni a su entonces esposo, David Hernández, en la Secretaría de Organización (a su vez, hermano de Mary) y Juanita a su esposo Eduardo Basurto en la Secretaría General. Hubo, por supuesto, espacios para otros actores, pero éstos fueron los principales.
Parecía muy lógico en aquel momento que las alcaldesas más fuertes del morenismo tuvieran su espacio en el partido. Pero ese mundo ya no existe. Yensunni se ha convertido en un problema grave para el partido y no parece lógico que tenga alguna representación allí. Y de hecho no la tiene, porque David Hernández ya no representa sus intereses.
Entonces, lo que sucede es que si se quiere mirar el formato del partido por pertenencia política de sus actores, Mary es quien tiene casi el control total con su esposa y su hermano. Y los críticos consideran que está sobrerrepresentada su posición, que ni siquiera es tan sólida en su propio municipio. De Juanita qué se puede decir; ni siquiera es alcaldesa ya.
Esos críticos son los que piden que el Consejo haga un cambio en la dirigencia, para que se retrate allí el nuevo reparto de poder, que no tiene nada que ver con el de 2022.
MORENA hoy es más grande y más diversa que en el 2022. Gobierna todos los municipios y ganó todos los distritos. Se han sumado actores políticos como Ana Paty Peralta o Estefanía Mercado, y también otros ajenos como Atenea Gómez Ricalde o José Alfredo “Chepe” Contreras. No quiere decir que ellos deban tener posiciones en el partido. Pero sirve para entender que MORENA es muy distinto a lo que era.
La versión del otro lado dice que más allá de equilibrios de poder, el principal mérito de la actual dirigencia que lidera Johana Acosta es que representa al morenismo fundador y al más antiguo. Y MORENA necesita mucho de eso ante el claro avance del Verde, no sólo desde afuera sino también desde adentro del propio partido.
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CRECER Y APOYAR
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Hasta ahora, Mara Lezama ha evitado llevar las cosas hasta el límite; quiere que la propia dinámica interna del partido resuelva los problemas. Pero la realidad dice que la dirigencia debe ser cercana a ella. Más allá de los debates internos que se puedan generar por el tema, no existe en el mundo de la política un escenario donde la dirigencia del partido oficialista sea independiente de su gobernadora. Cuando eso sucede es porque hay crisis o descontrol.
¿No tenía AMLO un control absoluto de MORENA? ¿No es Claudia Sheinbaum la líder natural ahora? Pretender que Mara “suelte” el partido en aras de una imposible democracia interna, no tiene sentido desde el punto de vista del poder y el control político.
Pero más allá de nombres, lo que quiere la gobernadora es un partido mucho más presente y más fuerte.
En ese sentido, en su entorno analizan algunos baches evidentes. Por ejemplo, ven que la relación del partido con los alcaldes es bastante fría y lejana, y que la estrategia de difusión no es clara. Pareciera que al partido le falta presencia y constancia. Es intermitente; a veces se activa y está presente y en otros momentos desaparece. Además, en lo operativo, da la sensación de que la decisión nacional de no hacer comités municipales no fue buena para el estado.
El armado de comités municipales puede ser muy caótico en estados con poco control interno, y donde hay más de 100 o 200 municipios. Pero quizá en un estado como Quintana Roo, con 11 municipios y un control absoluto, los comités municipales le hubiesen dado más vida orgánica a MORENA.
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PARTIDO Y SUCESIÓN
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