Chanito ¿ni borgista ni joaquinista?

Chanito ¿ni borgista ni joaquinista?
Hugo Martoccia – Mesa Chica 

 

Bastaron un par de meses y un conflicto político y electoral confuso, para que José Luis Toledo Medina, Chanito, se sacudiera, al menos por un tiempo, una pesadilla del pasado y un posible problema futuro. El ex priista pasó del borgismo al joaquinismo en pocas semanas, para terminar luego parado en un “no lugar” político que le es, paradójicamente, benéfico. 
Hace semanas que nadie habla ya del “borgismo” de Chanito. Ese tema, que tantos problemas le había generado, se ha perdido en el medio de la polémica por su residencia en Cancún, y la negativa de las autoridades electorales a aprobarle su candidatura. 
Pero algo también ha quedado claro en las últimas horas: nadie duda ya de que si Chanito logra ser candidato a presidente municipal de Benito Juárez, no podrán calificarlo de joaquinista. 
El conflicto preelectoral en el cual se vio envuelto le ha dado alguna ventaja, quizá inesperada. Chanito llegaría a una hipotética elección despojado de pertenencias políticas. Pertenencias políticas, vale aclarar, que no suman nada a su probable batalla electoral. 
Hasta ahí las buenas noticias. Más allá de eso aún prevalece la incertidumbre.
Este sábado, Toledo Medina presentó un Juicio para la protección de los derechos político electorales, que deberá decidir la Sala Regional Xalapa del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). 
Quiere revertir la decisión que tomó el Instituto Electoral del estado, y convalidó el Tribunal, de que no puede ser candidato en Cancún, porque no puede comprobar su residencia de 5 años en el municipio. 
Su queja no tuvo suerte en el estado, como se sabe, pero también hay una cierta preocupación por lo que puede pasar en Xalapa. 
Es casi un secreto a voces que el magistrado del Tribunal Superior de Justicia, Carlos Lima, es el encargado de operar en Xalapa para que Chanito no sea candidato. 
El nombre de Lima no es anecdótico en esta instancia. El caso podría resumirse así: uno de los pilares del borgismo (Lima) aliado con un sector del joaquinismo, es el encargado de sacar de la batalla electoral a un ex borgista. 
Toda una definición de lo extraña que se ha vuelto la elección de Cancún. 

 

DEL BORGISMO AL JOAQUINISMO

 

La primera polémica que se dio alrededor de la entonces hipotética llegada de Chanito a la coalición PAN-PRD-MC, era la antigua relación del diputado federal con el ex gobernador Roberto Borge. 
Esa polémica se zanjó por el lado utilitario: Chanito daba la competitividad electoral que no daba ningún otro candidato. Esa fue la argumentación, pero no era el final de la polémica. Chanito cargó durante semanas un mote de borgista que lo molestaba.
El potencial candidato utilizó una estrategia polémica. Se declaró casi como un neo-joaquinista, haciendo constantes referencias al gobernador y a un proyecto estatal del cual quería participar. 
El día que el diputado local Juan Carlos Pereyra, principal operador del joaquinismo, les explicó a los perredistas que Chanito no sería, de ninguna manera, su candidato, porque apoyarían a Mara Lezama, ese discurso comenzó a languidecer. 

 

EL ROMPIMIENTO DE LAS PERTENENCIAS POLÍTICAS 

 

Lo que siguió después es conocido. La probable candidatura de Chanito pasó por todos los estadios de la polémica: desde las idas y vueltas del PRD con el Gobierno de Carlos Joaquín, hasta las decisiones del Ieqroo y el Teqroo de no aprobarle la candidatura. 
Ese vendaval mediático tapó por completo la discusión sobre el pasado borgista del Chanito, y también sepultó definitivamente cualquier referencia del candidato al joaquinismo. 
En los últimos días, dos hechos simbólicos marcaron la distancia con esas pertenencias políticas. 
Su último lazo con el joaquinismo lo rompió el día que criticó sin ambages la crisis de seguridad de estado. Fue después de que el Teqroo le negara la candidatura. 
En un tweet, escribió: 
“A espaldas de los ciudadanos y en completa ilegalidad, el @TEQROO_Oficial sesionó de forma rápida e improvisada para negarnos la candidatura. Es una cortina de humo por la violencia que vivimos”. 
Su desprendimiento del borgismo tiene que ver con un momento posterior. Chanito pidió, como condición para seguir adelante en esta batalla legal, que los dirigentes nacionales de los  partidos lo apoyaran públicamente. 
A las pocas horas, se reunió y fotografió con los dirigentes nacionales del PAN, del PRD y del MC, y también con el candidato presidencial Ricardo Anaya. Ese cobijo nacional le quitó el último peso que le quedaba del pasado reciente. 
Esas fotografías que se hicieron públicas dicen varias cosas. Una de ellas, fundamental, es que los dirigentes de los partidos no van a pelearse con Carlos Joaquín (no aún, al menos) pero sí están dispuestos a darle una batalla electoral en Cancún, si es que logran que Chanito sea candidato.  

 

 

LAS CARTAS SOBRE LA MESA 

 

En el PRD y el PAN están seguros que esas fotografías no gustaron nada en el Gobierno. Y también están seguros de que la ofensiva contra Chanito no ha terminado. Si la Justicia Federal Electoral lo hiciera candidato, lo espera una enorme ofensiva mediática en la campaña. 
Si finalmente el TEPJF no le permite esa candidatura, las cosas podrían ponerse, incluso, peor. En el PRD ya avisaron que no están dispuestos a mirar cómo su partido desaparece, sin siquiera poner las manos.
La realidad dice que ese partido tiene aún la facultad de poner y sacar candidatos en cinco municipios. El proceso electoral podría convertirse en un verdadero martirio legal. 
¿Cómo llegaron las cosas hasta este punto dentro una alianza política? Casi nadie lo puede explicar. Un perredista pragmático ensaya una respuesta, en forma de pregunta: “¿No hubiese sido mejor para el Gobierno dejar competir a Chanito, y luego ganarle la elección apoyando a Mara Lezama?”. 
Quizá si. Al fin, la vida suele tener estas ironías. No es imposible que después de toda la polémica, la estrategia final quede reducida a tener que ganar la elección donde realmente hay que ganarla: en las urnas.