Con la economía en caída libre, CJ se juega su sexenio en las próximas semanas

Con la economía en caída libre, CJ se juega su sexenio en las próximas semanas
Hugo Martoccia – Mesa Chica 

 

La crisis internacional del coronavirus ha puesto a todos los políticos del mundo en un lugar riesgoso: quienes salgan parados de la contingencia de salud, deberán enfrentar una recesión económica inédita y aún no totalmente ponderada, que se los puede llevar por delante. México y Quintana Roo, por supuesto, no son ajenos a esa realidad. 
En el caso del estado, la situación de salud está recorriendo un sendero complejo, pero no se ha salido de las manos. Sin embargo el problema ya es, y sobre todo será, la economía. 
Los motores económicos de la entidad, Cancún y Solidaridad, están apagados. Se han cancelado 16 mil vuelos; al final de la cuarentena, serán más de 35 mil, por lo menos. En Cozumel nadie espera ver un crucero hasta julio o agosto.
La crisis será mucho peor que la de 2009. Después de aquella crisis, Quintana Roo demoró más de tres años en recuperar el mismo número de turistas; los alcanzó nuevamente en 2012. ¿Cuánto demorará esta vez?. 
Todos sabemos ya que no habrá un mundo normal hasta que no haya una vacuna contra el Covid 19. Eso será, con suerte, en el primer trimestre de 2021. Y el “distanciamiento social”, debe decirse, no es óptimo para la actividad turística ni comercial. 
Una encuesta reciente dice que dos tercios de los norteamericanos se sienten inseguros de volver a las Plazas Comerciales, y el 40% lo pensará dos veces antes de subirse otra vez a un avión. Eso sucede en un país que representa el 50% de nuestros mercados emisores, y que en las últimas 5 semanas dejó sin empleo a 27 millones de personas. 
La caída de la economía estadounidense y mundial es la peor desde la Gran Depresión de 1929. Sólo para recordar, vale decir que Estados Unidos demoró alrededor de 4 años en recuperarse de aquél impacto, y el resto del mundo una década entera. 

 

LOS ESCENARIOS Y LOS NÚMEROS 

 

El escenario intermedio de lo que se viene para el Estado es más o menos así: en la temporada de verano se lograría algún tipo de reactivación mediana con el turismo nacional; en la temporada baja se mantendrán ciertos niveles de ocupación hotelera con ofertas agresivas, y recién para fin de año algunos hoteles volverán a saber lo que es tener ocupaciones normales. 
Sin embargo, los números detrás de eso son demoledores. El último dato conocido dice que se perdieron 64 mil empleos registrados, pero sí la situación no mejora, llegarán a 100 mil. El estado pensaba recaudar 2600 millones de pesos del Impuesto sobre nómina, pero si llega a 2 mil millones, será toda una hazaña. 
La ocupación hotelera promedio de marzo fue del 51% (alrededor de 30 puntos abajo de lo esperado) en abril, mayo y junio rondará el 5%. Y luego vendrá la tenue recuperación. El Estado presupuestó recaudar 1650 millones de pesos del Impuesto al Hospedaje en 2020, pero con una ocupación promedio cercana al 80%. Ahora podría dejar de recaudar la mitad de ese dinero, unos 800 millones de pesos.  
El presupuesto total de ingresos propios del estado para 2020 es de 8200 millones de pesos, pero la economía que generó ese cálculo ya no existe. Es una economía paralizada, y que no volverá a ser la que fue en mucho tiempo. 
Todo esto, por supuesto, en un escenario intermedio. Si el coronavirus decide tener una nueva ola de contagios a fin de año, como previó que pudiera suceder la calificadora internacional Morgan Stanley, estos números ya no tendrán sentido. 

 

EL PAPEL DE AMLO 

 

Para ese escenario quintanarroense, el decálogo económico que el Presidente Andrés Manuel López Obrador presentó este sábado para el 30% de la cúspide de la pirámide social (la “clase media alta y grandes corporaciones”, los denominó) sonó a poco menos que nada.
El Presidente prometió la reactivación por medio de obra pública, el Tratado de libre comercio, tasas de interés bajas, y nada de aumentos de impuestos ni combustibles. Los empresarios esperaban oír cosas como créditos a tasa cero, exenciones o diferimientos impositivos, y ayudas con los sueldos. Nada más alejado de sus expectativas. 
Lo mismo ha sucedido con los pedidos de recursos extraordinarios de los gobiernos estatales. El Presidente dice que se les adelantarán todos los recursos que corresponden a salud hasta junio. Y los Estados se preguntan que harán cuando a esos recursos se los consuma la crisis de salud, y ya no tengan para continuar. 
No se trata, en este texto, de analizar quién tiene razón o no. Simplemente se marca la enorme distancia entre las posiciones y expectativas de un lado y de otro. 

 

DE DEUDA Y COSAS PEORES 

 

Quintana Roo tiene a su deuda en un estado de “observación”, según el Sistema de Alertas de la SHCP. Eso significa que su capacidad de endeudamiento es del 5% de sus Ingresos de Libre Disponibilidad. O sea, podría conseguir un poco más de mil millones de pesos, números más, números menos. 
También tiene una capacidad algo mayor para endeudamiento de corto plazo, y con eso quizá podría alcanzar otra cifra similar. Ambas podrían ser salidas lógicas y viables, pero en Quintana Roo la deuda es mala palabra (no podía ser de otra manera después del desastre de Roberto Borge).
Lo cierto es que hay un mundo allá afuera que está dispuesto a prestar dinero a tasas razonables. México colocó esta semana un bono de 6 mil millones de dólares a poco más de 4%. Lo increíble es que la demanda por los bonos alcanzó los 28 mil 500 millones de dólares. 
Otra opción pudiera ser lo que haga la Agencia de Proyectos Estratégicos (Agepro). Vender algunas de las más de 74 mil hectáreas de reservas que maneja, o detonar alguna Asociación Público Privada (APP) de las que esa Agencia tiene en proyecto.
Pero la verdad, hay pocas esperanzas sobre eso. La Agepro ha sido, hasta hoy, un mundo de palabras y gestos ampulosos, y de coloridas presentaciones en Power Point. Más allá de eso, su trabajo fue el de una simple inmobiliaria.
Como se ve, todos los datos económicos que se dan aquí son deprimentes, y marcan el fin de cualquier proyecto de crecimiento sostenido en el sexenio. La administración de Carlos Joaquín no quedará marcada por el impulso económico, que era una de sus principales banderas. Debe buscar otros objetivos. 
La gestión y recuperación de la crisis, por ejemplo, le puede dar al gobernador un margen de maniobra político que no tenía meses atrás, cuando parecía que AMLO y MORENA arrasaban con todo lo que se les cruzaba. También AMLO y su proyecto están siendo evaluados por su capacidad de maniobra en aguas más que turbulentas. 
Quizá la contingencia del coronavirus abrió esa puerta inesperada. Pero también, hay que decirlo, quizá sólo abrió la puerta a un destino peor. 
Carlos Joaquín está a dos años y medio del fin de su gestión. Pero lo que haga o no haga en las próximas semanas, va a ser lo que la historia finalmente escriba de él.