El borgismo residual ataca para sostener la Ley Borge

El borgismo residual ataca para sostener la Ley Borge

Utiliza tácticas del sexenio pasado para denostar a quienes quieren abrogar la Ley

Crean cuentas falsas en redes sociales para atacar a periodistas que están a favor de la abrogación

Es, quizá, la mejor demostración de cuál es el “espíritu” de esa ley: una fachada legal para esconder la represión y la guerra sucia

Pero un sector del borgismo residual, que milita en el periodismo, busca sostenerla con el apoyo de diputados

Estas acciones ensucian el debate de periodistas y activistas serios que están a favor de una u otra postura

 

(La Opinión)

 

Un sector del borgismo residual, que milita en el periodismo, inició en los últimos días una campaña sucia contra periodistas que proponen la abrogación de la llamada Ley Borge para la protección de periodistas y defensores de los derechos humanos.

Como en los mejores años del borgismo, se utilizan cuentas falsas en redes sociales para atacar personalmente a los que piensan distinto.

El hecho, sin embargo, quizá tenga un costado bueno. Ahora queda claramente de manifiesto lo que la Ley Borge significa. El “espíritu” de esa ley fue exactamente lo que hoy muestra el borgismo residual: una pantalla legal tras la cual se escondieron algunos de los peores abusos contra la libertad de expresión en la historia de Quintana Roo.

El gobernador Carlos Joaquín, que fue uno de los principales damnificados de la guerra sucia, ha solicitado al Congreso la abrogación de la Ley. Esa postura es apoyada también por periodistas que sufrieron la persecución y el exilio durante el borgismo.

Hay otro sector del periodismo, serio y coherente, que considera que la Ley no debe abrogarse, porque se realizó de manera profesional y tiene la legitimidad del voto mayoritario de la anterior Legislatura.

Hasta allí, el debate democrático y respetuoso de grupos que piensan diferente.

Pero lamentablemente, ese debate se termina cuando un subgrupo pretende ganar la batalla con argucias propias de lo peor del pasado sexenio.

¿Cómo se defiende una ley que busca el respeto a la libertad de expresión, coartando la libertad de expresión y atacando personalmente a quienes piensan distinto?

Actualmente, los diputados tiene la palabra sobre el tema. Pueden abrogar la Ley, o hacerle algunos cambios cosméticos.

Si el Congreso sostiene la Ley Borge deberá saber que su alianza también será con esos que hoy han iniciado una nueva guerra sucia para lograr sus objetivos.

Mantener la Ley es, de alguna manera, negociar con ese pasado.

La Opinión refuerza su postura de que la Ley debe ser abrogada, porque su “espíritu” es el que anda suelto por estos días. Es impropio de cualquier noción de “cambio” debatir bajo estas condiciones.

La aparición del borgismo residual para defender ese reducto, es un buen llamado de atención y llegó en el momento justo.