Hugo Martoccia – Mesa Chica
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En el ecosistema político marista esta semana se consolidó la idea de que ya hay un acuerdo firme a favor de la candidatura de Eugenio “Gino” Segura a la gubernatura del estado. Los detalles de ese acuerdo varían según la posición de la fuente en ese entramado político. Van desde la versión de números muy consolidados del senador en las encuestas de MORENA, hasta la idea instalada de una negociación entre Jorge Emilio y la propia Claudia Sheinbaum en las horas más difíciles de los últimos días, para definir sus posiciones en la alianza para 2027.
La cara visible de esa convicción es la agenda pública de Gino. Ya no hay máscaras puestas. El senador pasa por los municipios para hacer “asambleas informativas” que son verdaderos actos de campaña. En cada uno de esos actos es el orador principal, como para despejar dudas sobre el objetivo final de esos eventos.
Más allá de la simulación natural de toda acción político electoral (por la rigidez ya absurda de la ley, debe decirse) a la hora del armado de esas asambleas, la orden es una sola: “hagan un evento para Gino”, dicen desde el vértice del poder. No son eventos para Claudia o para MORENA; esa es la verdad y todos lo saben.
La idea es hacer un evento multitudinario por municipio; una suerte de recorrido para mostrar músculo territorial, aparato estatal, y, de fondo, instalar la idea de una candidatura que está acordada donde se acuerdan estas cosas.
Con Gino como actor principal de todos esos actos, y como figura central de todo lo que se define dentro del marismo (traducido: para casi cualquier cosa hay que hablar con él) el objetivo es que todas las aspiraciones de los demás actores políticos se ordenen detrás de esa.
Eso es lo que está escrito en el papel y se ve puertas afuera. Parece casi perfecto. Coinciden en esa versión dos fuentes diversas: el entorno de Mara Lezama y el de Jorge Emilio González.
Entonces ¿está todo resuelto ya? Insólitamente, no hay una respuesta firme para eso.
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EL FACTOR CLAUDIA
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A pesar de que el plan presentado más arriba parece no tener fisuras locales, la duda viene desde lo nacional. La postura de la Presidenta Claudia Sheinbaum (la gran electora de las 17 candidaturas a los estados) con respecto al Verde y al PT, deja mucho para analizar. La palabra que todos usan cuando se los confronta con el futuro político inmediato es: “impredecible”.
El mejor análisis en este caso es el no especulativo. Vamos a los hechos. Primero, Sheinbaum presentó una reforma electoral y quiso que se votara en el Pleno de la Cámara de Diputados para que quedara claro quién votaba a favor y quién en contra (lo dijo ella misma en una conferencia).
Luego, destrozó públicamente a sus propios aliados y los acusó de estar a favor de los privilegios y en contra del pueblo. En privado fue aún más dura: aludió a un probable castigo electoral en 2027.
Días después presentó un Plan B que contiene una sola cuestión altamente polémica: la consulta popular sobre temas electorales. En los hechos, eso podría ser mucho más devastador para el Verde y el PT que la reforma electoral rechazada. Si le preguntan a la gente cada parte del funcionamiento y financiamiento de los partidos, la propia sociedad los va a destruir. Nadie sabe cómo sigue esta historia y si puede o no volver a tensar los ánimos de la 4T.
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LA ALIANZA
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El punto central de todo esto es: ¿por qué MORENA se aliaría con partidos que la Presidenta dice que van a ser castigados por los electores? Ya no es una cuestión de cúpulas y acuerdos; hay bronca en la gente. Excepto para alguien que tenga una información en contrario muy privilegiada (hay quienes ubican, no sin razón, a Mara y Jorge Emilio en ese lugar) lo que se ve es que la alianza pasa por el momento más débil desde su creación en 2018.
Y no hay demasiadas explicaciones de porqué pasa esto: o a la Presidenta le gustan las derrotas estrepitosas pero que son “victorias morales” (a la larga, eso terminaría en una fuerte caída de su poder; a nadie le gustan las Presidencias débiles) o está preparando un escenario de confrontación para, al menos, reordenar la distribución de esa coalición desde su jefatura y no desde las influencias que dejó Andrés Manuel López Obrador.
Pero si es esto último, nadie debería estar demasiado seguro de nada, porque lo primero que haría sería desmontar una a una todas las “herencias” de AMLO. Y el estado tiene muchas de esas herencias.
Visto así, Quintana Roo quizá se convierta en un laboratorio de lo que puede pasar. Si dentro de pocos meses los líderes de MORENA, PT y PVEM salen abrazados anunciando su alianza, y le dan San Luis Potosí y Quintana Roo a Jorge Emilio, sabremos que el líder verde habrá ganado otra batalla, y la Presidenta simplemente habrá aceptado su derrota legislativa como lo que los manuales de la política dicen que es: un golpe terrible a su poder y su liderazgo.
Si, por el contrario, Claudia utiliza la situación para mantener la alianza, pero achica a sus aliados y extiende esa misma idea hacia todo lo que tenga que ver con Jorge Emilio, estaremos ante el escenario de una Presidencia tradicional, que no puede aceptar que sus propios aliados quieran mostrarla débil.
Incluso, hasta puede desarmar la alianza.
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ARMADO POLÍTICO Y TERRITORIAL
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Ahora ¿Cómo se aplica una u otra probabilidad en Quintana Roo? ¿Un potencial rompimiento sería sólo con el Verde, o impactaría a todo lo relacionado con Jorge Emilio, entre ello, y principalmente, a Gino Segura?.
Si el rompimiento (o el achicamiento de la alianza) es sólo con el Verde, en el estado no habría grandes variaciones, aunque puede haber ruido en algunos municipios. Si la opción es la otra, cambia absolutamente todo.
Quizá por ello, el desgaste emotivo que había sufrido en las últimas semanas el proyecto Rafa Marín, por la propia ambigüedad alrededor del director de Aduanas, recibió un impacto positivo este fin de semana. Rafa por fin juntó a su gente y les pidió armar estructura en todo el estado, mediante una organización que esté basada en coordinaciones en los municipios y los 15 distritos electorales. Rafa se prepara para ser, como lo dijo este medio, el “cisne negro” de la campaña.
La expectativa, sin embargo, tiene límites muy precisos. Con los tiempos del proceso interno que dio a conocer la presidenta nacional de MORENA, Luisa María Alcalde (es decir, el candidato será elegido el 22 de junio próximo, como se ve en la primera fotografía de abajo) no hay tiempo para armar una estructura que enfrente al marismo. Apenas serviría para hacer algún ruido y ganar posiciones.
Pero si las fechas son la que dio la dirigente local Johana Acosta (el 22 de junio apenas inicia el registro de quienes quieren ser candidatos; segunda fotografía de abajo) los tiempos sí darían para hacer mucho más que ruido.
Esas dos fechas tan disímiles, por cierto, nos dicen algo. MORENA se ha convertido en un partido tan convencido de que el poder está en la cúpula y no en la gente, que hasta ahora a nadie se le ha ocurrido decirle a sus propios afiliados si la fecha real es la que dio Luisa María o la que dio Johana. A nadie le importa, porque la decisión que se tome en la cúpula se aceptará sin chistar abajo. A eso se acostumbraron y a eso los acostumbró la gente.
Para las cúpulas locales, eso tiene una contra: ese es el escenario propicio para que Claudia Sheinbaum tome la decisión que ella quiera y nadie pueda oponerle una estructura local o aparato propio. MORENA va a votar la candidatura que le pongan desde Palacio Nacional. Para bien o para mal.
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