¿Entre la “debilidad” de Claudia y la “fortaleza” de Jorge Emilio se define la gubernatura?

¿Entre la “debilidad” de Claudia y la “fortaleza” de Jorge Emilio se define la gubernatura?
Hugo Martoccia – Mesa Chica
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La desconcertante novedad de una Presidenta que pierde votaciones cruciales en el Congreso a mano de sus propios aliados, ha cambiado de manera importante la percepción política en el estado. La idea de que Claudia Sheinbaum es “la gran electora” para el 2027 se encuentra, cuando menos, en un impasse. La imagen de un Jorge Emilio González Martínez que pudo torcerle la mano a la mandataria es ahora lo que prevalece. En un contexto así, la decisión  sobre la gubernatura del estado ya se debería haber tomado: solo faltaría revelar el nombre, que el propio líder verde pondrá sobre la mesa nacional.
En esa misma ecuación entra Mara Lezama. Una gobernadora como ella, que maneja con mano de hierro la política local, tiene los suficientes atributos para que su candidato sea el elegido.
Todo esto culmina, como se sabe, en un solo nombre. Mara y Jorge Emilio coinciden en que el mejor candidato es Eugenio “Gino” Segura. 
¿Tan así es la situación? ¿No hay probabilidades de que Sheinbaum retome el control político de su movimiento y de la sucesión? 
Es un tema tan delicado e inédito, que las posturas sobre lo que ha pasado se dividen radicalmente. Unos dicen que la propia Presidenta encontró, de manera casi inexplicable, un límite político en sus propios aliados, al impulsar reformas que nadie pedía y que sólo la expusieron a dos derrotas muy dolorosas. Los que ven eso apuntan a un equipo político muy débil alrededor de la mandataria federal. 
Otros dicen que se trata de una jugada elaborada y maquiavélica que terminará por dejar al Verde y al PT, literalmente, en sus huesos. Según esa versión, la Presidenta los exhibió y a la hora de la negociación no les dará más que lo que valen, que es, según esa visión, muy poco. 
Esta última versión es viable pero, debe decirse, incluye un aspecto difícil de asociar al ejercicio del poder. Para que se entienda ¿la Presidenta exhibió una gran debilidad política sólo para más tarde sancionar a los díscolos? ¿Qué ganó con eso? Podía haber disminuido a sus aliados sin someterse a dos derrotas estrepitosas. No parece muy sólida esa idea.
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ALIANZAS 

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Hay otros datos reveladores. Desde todas las fuentes que accedieron a las negociaciones y los desacuerdos de los aliados en las últimas semanas se coincide con lo mismo: desde el propio Palacio Nacional se insistió con la idea de que la alianza estaba primero que nada y no podía romperse. 
Esa postura envalentonó a los aliados de MORENA, que no solo votaron en contra de las reformas de la Presidenta, sino que además comenzaron a presionar para tener más espacios en la alianza. En ese contexto, por supuesto, Jorge Emilio insistió con Quintana Roo y San Luis Potosí, sus dos bastiones nacionales. 
Y realmente, para como están las cosas, no hay motivos para que no le den esos estados. En ambos, de maneras diversas, ha creado estructuras muy fuertes. En San Luis Potosí hizo crecer al partido por encima de MORENA. En Quintana Roo, metió a sus principales referentes encabezando las preferencias en el partido guinda, y puso al Verde como segunda fuerza estatal. Gana por todos lados. 
Desde ese partido, entonces, se preguntan porqué la Presidenta (y más “esta” Presidenta, que no parece estar dispuesta a romper las inercias) cambiaría lo que funciona. 
Una pregunta similar se hace Mara. ¿Con qué argumento no le dejarían poner a su candidato, si es ella quien maneja toda la política del Estado, incluso más allá de MORENA? La gobernadora se pone como la garante de los votos, no solo para la gubernatura, sino para las 4 diputaciones federales, que son la prioridad de Sheinbaum. A cambio sólo pide que pongan de candidato a su delfín, que incluso va muy bien en las encuestas. ¿Por qué le dirían que no?. 
Hay que reconocer que no parece haber demasiados argumentos en contra.
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OTRAS ALIANZAS 
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Otra pregunta que sobrevuela a la 4T local y nacional es qué datos tiene la Presidenta para aferrarse a una alianza que ya no es solo dispar, sino que tampoco le es políticamente funcional. 
Una Presidenta con el 70% de aprobación no debería temer ir a una elección solo con MORENA. Según las encuestas que circulan, el partido guinda podría ganar 13 o 14 de las 17 gubernaturas que se disputarán en 2027, y tendría los números para ganar, por sí mismo, una mayoría simple en la Cámara de Diputados. Con eso, Claudia Sheinbaum ya aseguraría su gobernabilidad. 
Además, hay que recordar que el Consejo Nacional del partido emitió una serie de lineamientos para los procesos internos de esas gubernaturas que son totalmente favorables a la Presidenta. El primero de ellos, es que se realizarán “encuestas” con más de 10 variables de análisis, que terminarán siendo (como en la época de AMLO) apenas una suerte de síntesis técnica del viejo dedazo priista. 
Con todo ese poder acumulado ¿por qué tanto temor? Algo no cierra. O las encuestas que la Presidenta y MORENA leen están dibujadas, o en territorio se palpa otra realidad muy diferente. O ambas cosas. 
Quizá esté aún muy presente lo que pasó el año pasado en Durango y Veracruz. En este último estado, por ejemplo, el PT se fue de la alianza por el mal trato que le dieron MORENA y el Verde, y por sí solo logró más de 12% de los votos, condenando a lo que quedaba de la 4T a una elección mediocre. Lo de Durango fue aún peor, y se llevó gran parte del prestigio operativo electoral del que gozaba Andy López Beltrán. 
Probablemente, el temor de la Presidenta sea que un rompimiento de la alianza no derivaría tan sólo una especie de reparto equitativo de los votos que tiene cada uno, sino que podría llevar a una drástica reconfiguración del tablero político, que agrupe y potencie los variados enojos que ya hay contra el proyecto.
Por ejemplo, una alianza Verde, PT y MC que hurgue entre los desencantados de la izquierda, el centro y hasta de la derecha moderada, podría ser una pésima noticia para MORENA. 
Más allá de todo eso, en lo local la sucesión parece haber entrado en una suerte de meseta, porque acá las cosas se mueven de manera diferente, al no haber una oposición que pueda capitalizar nada. De hecho, la mayor oposición podría ser el propio Partido Verde, y eso también se sabe y se analiza en Palacio Nacional.  
Por lo pronto, Gino Segura mantiene su estrategia, esa que muestra la sucesión sólo como una lenta e inevitable transferencia de poder; Ana Paty Peralta y Estefanía Mercado presionan con fuerza territorial desde sus municipios; Marybel Villegas continúa caminando el estado, y Rafael Marín ha anunciado (otra vez, ahora sí) que va a empezar a moverse más en las calles. 
Hasta hace poco, todos esperaban las señales de Claudia Sheinbaum. Ahora, la realidad les dicta que quizá hay que empezar a mirar también hacia otros factores de poder. ¿O Claudia reclamará el lugar que la Historia le faculta a la Presidencia en las sucesiones estatales?.