Hugo Martoccia – Mesa Chica
El Instituto Electoral de Quintana Roo (Ieqroo) es el próximo objetivo del oficialismo en el estado. Allí estuvo siempre asentada una estructura electoral paralela del PRI, que el Gobierno estatal busca desmantelar para 2018. Se trata de una guerra política natural, e incluso justa. Pero es una incógnita saber cuál será el desenlace de esta batalla, como todo lo que hace últimamente el oficialismo.
A diferencia de lo que sucedió con los magistrados del Tribunal Electoral del estado (Teqroo) que fueron protegidos por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y no se los pudo llevar a juicio político, el Ieqroo parece más vulnerable.
Cuatro de sus miembros, quienes conforman la sólida mayoría vinculada al borgismo, son investigados en la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) por manipulación del padrón electoral. Lo que hicieron fue abrir la bodega donde estaban las listas nominales antes de que concluyera el pasado proceso electoral. En esa investigación están incluidos varios directores del organismo, que fueron los encargados de tomar los datos prohibidos.
Se trata de un hecho muy grave por el cual tienen iniciado un procedimiento de remoción en el Instituto Nacional Electoral, y que, llegado el caso, podría llevarlos hasta la cárcel. Hay todo un sector del oficialismo que sueña con ese día, y trabaja para ello.
Además, el Ieqroo tiene un problema enorme con el presupuesto del año pasado. Se trata de casi 245 millones de pesos que le cuesta mucho explicar cómo se gastaron. La presidenta del organismo, Mayra San Román, ya debió comparecer dos veces antes sus pares en sesiones del Consejo General, pero sigue sin poder explicar el destino de sus gastos.
LA ESTRUCTURA PARALELA DEL PRI
Es lógico que no pueda explicar el destino de ese dinero. Desde hace muchos años, de hecho desde su creación, el Ieqroo es una extensión del aparato electoral del PRI. Así fue concebido y así ha funcionado. Algunos en el Gobierno de Carlos Joaquín han entendido que ahí está el principal enemigo para 2018, y no en las cerradas oficinas del Teqroo.
Por su composición orgánica, el Ieqroo es, literalmente, una estructura electoral paralela. Bien operado, el organismo puede hacer de una elección un infierno para los opositores. Varios políticos locales han vivido esa experiencia.
En el Gobierno cada vez es más grande la corriente que sostiene que el Ieqroo debe ser desmantelado sin demora. La situación parece estar servida: hay razones, motivos e irregularidades como para llevar adelante esa batalla.
Pero siempre se vuelve a lo mismo. ¿Quien ordena las tropas? ¿Cómo saber que no pasará lo mismo qué pasó con los magistrados del Teqroo? Un hombre del oficialismo lo explica con palabras sencillas. «Estas cosas se operan en el más alto nivel, y acá nadie opera nada, por eso pasó lo que pasó con el Tribunal Electoral», dice.
Quizá el Gobierno aprendió algo de lo sucedido con los magistrados del Teqroo, a quienes llegó a poner ante un juicio político, y vio cómo se les escurría de las manos. Quizá se entendió que eso no fue obra de la fatalidad; alguien opositor al Gobierno operó y trabajó para que sucediera. Los próximos pasos del oficialismo, en el caso del Ieqroo y otro similares, deberán transitar por esos mismos atajos políticos si quiere tener éxito.
LOS VIEJOS ENEMIGOS SON AMIGOS
Pero algunos no se hacen demasiadas ilusiones. Ya se ha dicho en este espacio hasta el cansancio. Hay sectores del Gobierno que parecen desganados e inertes. Lo peor es que otros sectores, aquellos vinculados a los negocios y a las recaudaciones oscuras, andan a la velocidad de la luz. ¿Cuánto tiempo va a pasar para que las buenas intenciones del Gobernador queden totalmente sepultadas por esa tropa ambiciosa y desmedida?
Para colmo de males, el Gobierno ha encontrado una «opinión publicada» que lo mece y lo aplaude cuando es necesario, dandole la oportunidad de soñar con una realidad paralela. Los viejos enemigos son amigos; y la vieja prensa crítica ha descubierto que el confort y los buenos modales del poder son mejores que la confrontación.
Aunque no parezca, no es esa una buena combinación cuando hay detrás una sociedad en ebullición que pide desesperadamente un cambio en serio.









