Hugo Martoccia – Mesa Chica
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Hace escasos días, durante las conversaciones en Palacio Nacional por la reforma electoral, el líder del Partido Verde, Jorge Emilio González Martínez, pronunció un par de frases que llamaron la atención. Hablaban del impacto en la alianza y en 2027, y dijo: “A mí denme San Luis Potosí y mis pluris y nada más”. Luego dejó en un segundo plano, o más allá, a Quintana Roo.
Unos tomaron esas palabras como un baño de realidad. Si no le votan la reforma electoral a Claudia Sheinbaum, dicen, el Verde deberá cobijarse en el único lugar donde tiene votos propios suficientes para ganar: San Luis Potosí (reconocido por el mismo Jorge Emilio).
Otros vieron en esas palabras una jugada más elaborada, que tiene que ver con la realidad del partido en Quintana Roo. En este estado, el Verde siguió un camino distinto al de SLP, en donde buscó, y logró, ser mayoritario aún por encima de MORENA.
En nuestro estado se ubicó como principal socio de MORENA, pero cuando se dio cuenta que no podía ganar una elección por sí mismo (excepto en demarcaciones muy pequeñas) decidió colonizar a su socio desde adentro. Candidatos verdes se pasaron a MORENA, y la frontera entre ambos partidos quedó muy difusa.
El resultado ha sido extraordinario para Jorge Emilio. Hoy, 3 de los 4 candidatos mejor posicionados para la gubernatura tienen relación directa política con él. O sea; son de MORENA, militan y representan al partido guinda, y ya tienen contactos y raíces propias en el lopezobradorismo, pero una llamada telefónica de Jorge Emilio es prioritaria para ellos.
Los datos aparecen en cualquier encuesta más o menos sería que se busque. Esos datos (los reales) de diciembre pasado, dicen que hay dos bloques bien marcados. Si se toman en cuenta el margen de error y los indecisos, podríamos decir que en el primer bloque están Eugenio “Gino” Segura y Ana Paty Peralta, y unos 8 puntos debajo están, también en un mismo bloque, Marybel Villegas y Estefanía Mercado. La única de todos ellos que no habla con Jorge Emilio asiduamente es Marybel.
¿Cómo podrían alterarse esos datos? Es muy difícil. Los números seguramente van a moverse en los próximos meses, pero es difícil que alguien marque demasiada diferencia sobre los demás. Incluso, si se quisiera meter en esa batalla a Rafael Marín, su camino a la competitividad electoral sería muy arduo.
En las mismas encuestas ya citadas, Rafa aparece unos 10 puntos por debajo del bloque del segundo lugar. Eso significa entre 18 y 20 puntos por debajo del primer bloque. Es el único que casi no ha hecho campaña abierta, y su potencial de crecimiento es alto. Pero aún si llegara al estado como súper delegado, no sería nada fácil meterlo en la competencia entre los dos primeros bloques, cuyos candidatos no aflojan el paso.
Claudia dice que todo se definirá por encuestas, y esas son las encuestas que hay. Punto para Jorge Emilio.
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ESTRATEGIA Y REALIDAD
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Volviendo a las palabras de Jorge Emilio mencionadas al principio, parecen ser una muy bien pensada estrategia de negociación. O sea, el líder Verde pide San Luis Potosí y los pluris como “lo único” que requiere para mantenerse en la alianza, pero en realidad va a estar peleando mano a mano Quintana Roo, aunque con otros colores. Algo similar sucedió en las negociaciones de 2022 y 2024, y siempre salió ganando.
Pero en realidad, bien visto el tema, tiene bastante razón. ¿Por qué gente ligada a él no podría participar desde MORENA? Al fin, MORENA es, desde que AMLO fundó el partido, un espacio político que abrió sus puertas para que todos entraran.
Veamos los datos de esa realidad. Ana Paty entró a MORENA en 2018; Gino y Estefanía por ahí de 2022, cuando empezaron sus campañas. Hoy, él es senador y ellas dos alcaldesas de los dos municipios más importantes del estado. Los tres militan abiertamente en MORENA, y la presidenta nacional del partido, e incluso la propia Claudia Sheinbaum, los reconocen como morenistas.
Para un partido que tiene 12 años de vida, ser un militante de 4 u 8 años es más que suficiente.
Un par de ejemplos. Mara Lezama ingresó a MORENA para ser candidata en Cancún en 2018, y en 2022 ya era la indiscutida candidata a gobernadora.
El árbol genealógico de Omar García Harfuch en MORENA es más pequeño que un arbusto. No se le conoce militancia real alguna, pero es senador con licencia y en este momento quizá el principal precandidato presidencial para el 2030.
En MORENA ya no hay pureza absoluta; hay otras purezas de segundo, tercer y cuarto grados, que, guste o no, ya tienen el mismo valor que la original. Al menos, a la hora de definir candidaturas.
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LA REFORMA
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Ya se ha dicho en este mismo espacio que un sector del equipo de Rafa Marín considera que si no hay reforma, su líder será el candidato a gobernador, porque Sheinbaum no aceptará los candidatos ligados a Jorge Emilio. No es una opción imposible. Pero debe decirse que eso implicaría dejar de lado el formato de encuestas (o la narrativa en ese sentido) y asumir que en MORENA las cosas se deciden de otra manera, porque difícilmente Rafa pueda quedar en primer lugar en los pocos meses que faltan.
Esta columna se mantiene firme en que las encuestas no decidirán nada en Quintana Roo, como no lo han hecho en ningún estado donde MORENA gana cómodamente. Pero a veces la propia presidenta habla con demasiada convicción de ese método de elección interna.
AMLO le dio a Claudia, entre los atributos no escritos de la Presidencia de la 4T, la de elegir a los candidatos en los gobiernos estatales. Si la Presidenta definiera que los candidatos de MORENA se elijan sólo por encuesta, habrá rechazado, a cambio de nada, ese poder que su antecesor le delegó.
Y, en ese caso, caería casi con candor en la notoria trampa de que, si todo se decide por encuestas, no podrá poner ni un solo candidato propio; todos serán de los gobernadores o de AMLO.
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LA ALIANZA
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