La complicada alianza PAN-PRI en QR, municipio por municipio
Hugo Martoccia – Mesa Chica
El gobernador del estado Carlos Joaquín ha lanzado mensajes contundentes sobre su interés de que en Quintana Roo se construya una alianza amplia para enfrentar al lopezobradorismo. Pero en el PAN y en gran parte de todo ese espacio político oficialista, ninguno de los potenciales integrantes de esa coalición genera más resquemores que el PRI.
Los últimos años de poder del tricolor en el país y en el estado fueron, quizá, los peores de su larga historia. Y no se trata de cosas fáciles de olvidar. Aunque la aritmética electoral podría obligar a hacer ciertos sacrificios, no hay un consenso amplio al respecto.
Además, hasta ahora, las palabras del gobernador no han dado la suficiente claridad al tema. Pareciera que se impulsa fundamentalmente la necesidad de aplicarse a fondo en lugares como Solidaridad, Cozumel y Tulum, que, se sabe que son las prioridades de Carlos Joaquín. Pero sucede que no necesariamente son las de sus posibles aliados.
Hasta hoy, el escenario más probable es una coalición parcial, pero que podría dejar fuera a los principales municipios, lo cual hace pensar, entonces, hasta que punto sería lógico cargar con el peso moral de esa alianza, si no soluciona, al fin, los problemas electorales del oficialismo.
PRIORIDADES Y EFECTOS COLATERALES
Entre las prioridades del gobernador hay algunas de solución más fácil, por decirlo de alguna manera. La salida de Marciano Dzul dejó al priísmo de Tulum prácticamente huérfano. Allí lo natural es la reelección de Víctor Mas Tah, y quizá las siglas del PRI le sumen algunos puntos que podrían ser determinantes ante MORENA, cuyo verdadero poder electoral es aún una incógnita en esa demarcación.
Pero en Cozumel, por ejemplo, las cosas son mucho más complejas. Hay un sector del panismo cozumeleño que no quiere saber nada con aliarse al PRI. Una cosa es que varias veces los candidatos de ambos partidos han sido casi intercambiables, y otra muy distinta es confundir los colores, que crearon en la isla un bipartidismo sólido, que quedaría destruido en caso de una alianza.
La tradición dice que allí hay una pelea PRI PAN, y la sociedad así lo entiende. Unirse para derrotar a un rival que ni siquiera está claro que realmente pueda ser competitivo (sin Perla Tun a la cabeza, la 4T no parece tener muchas posibilidades) parece más un error que un acierto. Por eso allí se explora la variante de una candidatura común, aunque, en realidad, ni siquiera eso soluciona el conflicto de fondo.
Además, el caso de Cozumel tiene un efecto colateral en Isla Mujeres. La lógica panista-joaquinista parece ser: si el PAN apoya al PRI en Cozumel, el PRI debería apoyar a la candidata del PAN en Isla Mujeres.
Pero esa lógica tiene dos objeciones serias. La primera es un nombre propio: es casi imposible que el alcalde Juan Carrillo, que tiene el control total del PRI en su territorio, apoye una candidatura de la diputada panista Atenea Gómez Ricalde. El alcalde está dispuesto a transitar muchos caminos intermedios, pero, hasta hoy, los Ricalde son el límite de cualquier acuerdo.
La otra objeción es de fondo: en el PRI dicen que un potencial apoyo del PAN a Pedro Joaquín en Cozumel no es un apoyo al PRI, sino al joaquinismo. Y que así debe ser considerado en cualquier acuerdo.
Finalmente, en el tricolor aluden a la lógica básica del proyecto de alianza federal entre ambos partidos: que cada uno encabece allí donde está fuerte. En ese caso, dicen, al PRI le tienen que corresponder, obligatoriamente, Cozumel e Isla Mujeres, donde gobierna y es fuerte.
PLAYA Y CHETUMAL
A la hora de hablar de escenarios complicados hay que hacerle un espacio especial a Solidaridad. Antes de pensar en el PRI, el oficialismo debe resolver cuál será su candidata, y cuáles serán los costos de cualquier decisión que se tome en ese sentido.
En las últimas horas pareció volver a tomar fuerza la idea de que la candidata sería Cristina Torres. Pero ahí surgen interrogantes. Por ejemplo ¿el sector que apoya a Lili Campos no se convertirá, en ese caso, en un enemigo interno y externo? En ese municipio no sobra ningún voto si se quiere derrotar a MORENA.
Allí hay operadores del joaquinismo que aseguran controlar al PRI, y que llevan al Palacio de Gobierno números contundentes sobre un triunfo casi seguro. Pero se habla muy poco de cómo formalizar una coalición entre partidos, cuando, se reitera, ni el propio oficialismo estatal pueda garantizar aún que irá unido a esa elección.
El caso de Othón P. Blanco es también complejo. En el PAN dicen que ante el fracaso de MORENA, les corresponde a ellos buscar recuperar el municipio, que ganaron en 2016. En el PRI dicen, con números en mano, que la caída de MORENA hará que la gente vuelva al tricolor, que está muy arraigado en esa sociedad.
Quizá por eso el partido ya tiene varios apuntados. José Alberto Alonso Ovando, Manuel Valencia, el ex diputado Raymundo King, y hasta la funcionaria Miriam Osnaya (vinculada al joaquinsimo) se mueven buscando quedarse con esa candidatura. A ninguno de ellos les molesta una alianza, siempre que la encabecen. Allí el PRI no acepta ningún otro escenario que no sea encabezar la potencial alianza.
CANCÚN Y LOS GANABLES
Desde el centro del País ha bajado casi como un rumor la idea de que cualquier conversación sobre una posible alianza excluye a Cancún. El PRI, que está realmente de capa caída en el municipio, no puede reclamar ninguna posición. Y en el PAN están seguros que una alianza podría ser contraproducente en esa demarcación, donde el tricolor ha desaparecido, literalmente, de territorios enteros.
Además, el problema mayor de Cancún es lo que va a pasar en MORENA y no en el oficialismo. Si bien es un tema para un análisis amplio por sí mismo, podría hacerse un resumen básico: si Mara Lezama va por la reelección, el gobernador no tiene de qué preocuparse; pero si la candidata es Marybel Villegas, el municipio se deberá convertir en la prioridad electoral absoluta de 2021. Y eso cambia todo.
En ese contexto, discutir una alianza con el PRI y los números que pudiera o no arrojar ese acuerdo, sería casi un dato marginal, o, recordando a Borges, una suerte de entretenimiento o abuso de la estadística.
Más allá de los municipios ya analizados, en otros lugares del estado el oficialismo debe ir a refrendar triunfos para los cuales nunca necesitó al PRI. O, mejor dicho, en donde la frontera entre ambos espacios políticos ha sido maleable.
En Felipe Carrillo Puerto y José María Morelos el tricolor órbita alrededor del joaquinismo, y allí una potencial alianza de ambos no sería nada raro. Lázaro Cárdenas parece un territorio blindado por el actual alcalde, Nivardo Mena. En los tres municipio, además, la sigla que predomina, al menos de forma, es la del PRD, por lo cual parece estar todo bastante claro.
De lo que queda, en Puerto Morelos tiene mano la actual alcaldesa Laura Fernández, y en Bacalar parece que será, otra vez, una batalla entre los arraigados cacicazgos locales, que utilizan las siglas partidarias sólo como recurso de ocasión.
Ese es el escenario completo, y la reflexión se hace sola. Si no se arregla una coalición PAN PRI en Solidaridad, Othón P. Blanco o Cozumel, y tiene poco o nulo sentido en Benito Juárez, ¿valdrá la pena cruzar la última frontera del pudor político y de la ideología para hacer una jugada tan riesgosa?.