Hugo Martoccia – Mesa Chica
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La última semana ha sido una muestra bastante amplia del complejo camino que tendrá la alcaldesa de Benito Juárez, Mara Lezama, en su proceso por buscar la gubernatura en 2022. La reaparición de Marybel Villegas, la fallida operación política para terminar con Isaac Janix, la sombra de ingobernabilidad que amenaza el Gobierno de Yensunni Martínez en Othón P. Blanco, y los conflictos cada vez más grandes al interior de su propio equipo, son apenas señales embrionarias de que el camino de Mara será cualquier cosa menos despejado.
Varios de esos hechos marcan, en realidad, tan sólo el inicio de la campaña electoral hacia 2022. Pero el verdadero problema de la alcaldesa de Cancún es que nadie está tan expuesto como ella en esa carrera. El ejercicio del poder desgasta, y Mara lo ejerce en dos ámbitos: como alcaldesa de Cancún y como líder de facto de MORENA y la 4T.
Por eso mismo, hay en el párrafo de inicio de esta columna un dato que es determinante: de los cuatro fantasmas mencionados, es el último, el de los problemas internos de su equipo y de su propia gestión de Gobierno, el más peligroso de todos.
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EL REGRESO DE MARYBEL
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El hecho de que la senadora Marybel Villegas vuelva a la carga es lógico y no entraña sorpresa alguna. Quiere ser gobernadora y va a pelear hasta el último momento para lograrlo. Pero en relación a Mara, la situación de Marybel se divide en dos riesgos muy claros.
El primero tiene que ver con la “capacidad de daño” de Marybel. La presencia política constante de la senadora, con su discurso anti sistema, muy asimilable a la 4T, es también un recordatorio de todo lo que Mara no puede decir.
Al haberse convertido en la “candidata de todos”, Mara ya pactó con el poder formal y los poderes fácticos, tácita o explícitamente, una suerte de rumbo político que incluye un acuerdo de gobernabilidad y apoyo a su causa. Ese acuerdo no podría incluir una Mara combativa contra el sistema que pretende gobernar.
Y es un problema de difícil solución, porque el que está más libre de acuerdos, puede proponer un discurso más sólido.
El Teorema de Baglini, muy utilizado en la Argentina, dice que “el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político, es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder”. O sea, traducido, el que está lejos del poder puede prometer cualquier cosa, y el que está más cerca se vuelve más conservador en sus dichos y acciones. Es evidente que Mara representa la segunda de esas dos opciones, y eso le quita volumen político e ideológico a su proyecto.
El otro riesgo que presenta Marybel es la posibilidad de quedarse con la Mesa Directiva del Senado, por el enorme capital simbólico que representaría.
La senadora, como siempre, ha apostado prácticamente todo su capital político a lograr esa posición. Si no la logra, será casi la señal definitiva de que el partido (como parece) no la tiene más en sus planes.
Pero también debe decirse que si lograra presidir esa Mesa, fundamental en la política del país, habría que repensar todo el panorama político local.
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LA CONEXIÓN YENSUNNI
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Este tema del regreso de Marybel está directamente vinculado a la situación de Othon P. Blanco. Es justamente el marybelismo, que se mostró unido en el sur, el que tiene el poder de dejar sin gobernabilidad a la futura alcaldesa.
Los 4 regidores electos que se mostraron con Marybel y Luis Gamero este sábado, si saben pactar con la oposición, son suficientes para hacer una pesadilla la presidencia de Yensunni. Y el problema es que esa administración está muy ligada con Mara Lezama.
Ya se dijo en esta columna: la operación política para sacar a Gamero y que Yensunni sea candidata, salió del propio grupo dominante de MORENA, que quería quitar de en medio cualquier resquicio de marybelismo.
Mara es, para el sur del estado, la madrina política de Yensunni y Anahí González. El punto es que el destino político de Anahí puede ser intrascendente y nadie se sorprendería; no sería la primera diputada o diputado que se dedicara sólo a levantar la mano. Pero el destino de una presidencia municipal le duele de manera directa a la gente. Ese desastre, de suceder, también lo pagaría, de alguna manera, Mara Lezama.
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EL ELEMENTO JANIX
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Entre los muchos amarres electorales que se hicieron en el grupo dominante de MORENA, uno fue la caída de Isaac Janix como candidato. Pero a Mara le habían prometido mucho más. Janix tenía una inhabilitación por 4 años para ser candidato, que era el real objetivo político de esa movida; sacarlo por mucho tiempo del escenario. La Sala Xalapa decidió revocar esa parte de la sentencia local, y Janix está de nuevo en el mundo electoral.
¿Tiene peso real para hacer algo en 2022? Seguramente no, pero sí tiene, también, “capacidad de daño”. Habrá que ver si el regidor es capaz de quedarse con la franquicia de Fuerza por México, y convertir ese espacio en el refugio para Marybel Villegas y cualquier otro que no obtenga la candidatura por MORENA.
El 6 de junio la 4T demostró su fuerza en el estado; pero demostró, también, que esa fuerza es menguante. En 2022, hay que recordar, no tendrá el cobijo de una elección federal que traccione los votos fieles de AMLO.
Esa elección de 2022 requiere de una estrategia para ganar con el 40% de los votos, que parece ser el techo de MORENA, sin que el otro 60% se una en contra. Si no, el riesgo de perder es alto.
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EL CUARTO ELEMENTO: EL REVOLTIJO IDEOLÓGICO
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