Rafa le dijo a su equipo que en enero hablará con Sheinbaum, pero no descartan una tercera opción

Rafa le dijo a su equipo que en enero hablará con Sheinbaum, pero no descartan una tercera opción
Hugo Martoccia – Mesa Chica 

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En las últimas semanas, Rafael Marín ha tenido una amplia agenda política en Quintana Roo. El director nacional de Aduanas se ha movido en reuniones y pequeños encuentros privados ya como un candidato. Hay ya una estrategia, un proyecto y una idea (el Team Marín), pero también un mensaje claro: en enero hablará con la presidenta Claudia Sheinbaum y allí se decidirá su destino electoral. 
El propio Rafa ha sido el encargado de explicar eso ante su gente. Hay, en ese equipo, la idea de que los movimientos que su líder ha hecho últimamente incluyen algún tipo de permiso presidencial; al menos tácito. Pero están a la espera de una confirmación definitiva para empezar con actos públicos y masivos el año que viene. 
Hasta ahora, creen que a pesar de cierta morosidad en la construcción de una estructura y un equipo sólido, han logrado subir su nivel de conocimiento a dos dígitos en las encuestas, una suerte de condición sine qua non para estar presente en cualquier discusión electoral. 
Hay que reconocer un cierto éxito en esa candidatura, que ya se instaló en el mundo político, lo cual no es suficiente, por supuesto, pero tampoco es un dato menor. 
Rafa Marín ha establecido contactos variados con políticos y empresarios. Estuvo en Chetumal, donde encuentra aliados naturales; tiene arraigo político en Tulum y en el primer morenismo, y hasta un sector amplio de MC lo ve con mejores ojos que a cualquier candidato propio. ¿Alcanza para pelear con Gino Segura y toda la estructura y el aparato del Estado que lo cobijan? No sin un apoyo o permiso explícito de la Presidenta. Eso es lo que buscará en enero. 
En ese sentido, ha dejado en claro, también, que la Presidenta puede decirle que no. De hecho, ya se lo hizo Andrés Manuel López Obrador en 2021, cuando se movió para competir por la gubernatura contra Mara Lezama. Su viejo amigo le dijo que la decisión ya estaba tomada a favor de la entonces alcaldesa de Benito Juárez. 
Sabe que aquella decisión de AMLO tuvo que ver con un muy complejo entramado de intereses que está hoy, aún, muy vigente. Eso significa que todo puede volver a suceder.

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DE INTERESES Y TERCERAS OPCIONES 

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Rafa Marín mantiene la postura de que en Quintana Roo MORENA no necesita del Partido Verde para ganar. Por consiguiente, cree que el partido de Jorge Emilio está sobrevalorado y ha sacado ventajas impropias de su peso específico. 
Por supuesto, entiende aquel dicho de la política que pregona que “Jorge Emilio hace los acuerdos en la Ciudad de México pero los cobra en Quintana Roo”. Aún así, dice que hay lugar para un camino intermedio que no implique romper la alianza, pero tampoco entregar todo al Verde. Pero transitar ese camino requiere de una mano política decisiva, que sólo puede venir de Palacio Nacional. 
De fondo, cree que hay que desmantelar un formato de poder que ya lleva muchos años. “No pueden quedar los mismos”, ha dicho en foros diversos. Y su equipo se mueve en el entendido de que romper esas inercias de poder es parte de lo que MORENA ha hecho en todos los estados. 
Sólo hay que mirar lo que pasó en 2024 Veracruz, Puebla, Chiapas o Tabasco, donde llegaron al poder grupos internos antagónicos (o casi) a los que estaban. Incluso, lo mismo pasó en la Ciudad de México, donde Claudia Sheinbaum no pudo dejar a Omar García Harfuch porque AMLO decidió que para mantener el equilibrio interno de poder debían llegar “los puros”. 
En ese punto aparece la opción que esta columna ha manejado en varias ocasiones, de que quizá para tomar una decisión así la Presidenta deba sacrificar a Gino y a Rafa, e irse por una opción intermedia que le permita rehacer el pacto de poder en Quintana Roo, pero sin romper nada de fondo.
En el equipo de Rafa Marín no lo ven como una opción para nada lejana. 

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MUJERES 

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Hasta ahora, en esa tercera opción no hay más que mujeres. En la Secretaría General del CEN de MORENA están registrados los nombres de Ana Paty Peralta, Marybel Villegas y Estefanía Mercado. Hasta ahora no hay registro de nadie más en esa carrera, a pesar de los intentos por meter a Atenea Gómez Ricalde o Anahí González, quien sale y entra de esa lista a cada rato. 
En el caso de Anahí, pareciera que el rafismo la impulsa como una opción en Cancún, para buscar equilibrios. Si le dan la gubernatura a Gino o alguien del mismo grupo, no se le puede dar también Cancún, es el razonamiento. 
Pero hasta hoy, debe decirse, ese razonamiento no ha funcionado. Casi todo el poder del estado está del mismo lado. Por eso, como ya se dijo, cambiar algo así sólo puede hacerse con una mano muy pesada desde Palacio Nacional. 

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EL PODER 

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Quizá por eso Jorge Emilio ni se inmuta. No se ha movido un centímetro de su certeza de que el candidato será Gino Segura. Quienes lo conocen dicen que su seguridad es tanta que convence. Y puede ser real, porque esa misma seguridad se ve en otros ámbitos. 
Aquí ya se ha dicho: en el equipo de Gino y el de Mara hay una confianza ciega en que la decisión ya está tomada. Pero no se trata de la confianza que tiene cualquier candidato, que lógicamente cree que puede ganar. Es una certeza absoluta, que a nadie se le ocurre poner en duda. No es común en política ver algo así. 
De hecho, ni el equipo de Mara en 2021 tenía una certeza similar. Y ese no es un dato menor. Porque hoy no hay ninguna candidatura que tenga el nivel de apoyo político, social y de los poderes fácticos que tuvo Mara para ser gobernadora. 
Quizá por ello ha surgido en la política otra corriente que tiene la misma certeza, pero en sentido contrario. Ya es muy común oír de diversos actores políticos el argumento de que no está claro quién se va a quedar con la candidatura, pero sí está claro quién no va a llegar. Y apuntan a Gino, porque dicen que los delfines locales nunca llegan porque Palacio Nacional los desactiva.   

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DISRUPCIÓN 

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Hay quienes ven en esa última opción el escenario potencial más disruptivo y peligroso. ¿Qué pasa, se preguntan, si no ponen el candidato que Mara quiere y la gobernadora decide quedarse con toda la estructura que es de ella, pero para otra aventura política? ¿Que pasa si, en ese caso, el Verde decide competir contra MORENA? 
Esa teoría se mueve sobre todo en medios de comunicación nacionales, que ven escenarios parecidos en Guerrero, Zacatecas o San Luis Potosí, por ejemplo, donde los gobernadores podrían rebelarse ante Palacio Nacional. Pero en el estado no parece tener adeptos esa versión, porque dicen que el Verde puede tener con qué ganar algún municipio, o hacer que MORENA lo pierda, pero no tiene chance de ganar la gubernatura. 
Entonces ¿para qué romper todo para llegar, en el mejor de los casos, al mismo punto al que se podría llegar con una negociación pacífica?. O sea, un gobernador elegido por la Presidenta (quien sea) pero varios municipios para Jorge Emilio.
Además, al menos esta columna no conoce una versión de Mara que tenga como opción desafiar a Palacio Nacional. La gobernadora ya ha decidido con mucha claridad lo que quiere para el 2027: que Gino Segura sea su sucesor. Y debajo de ello hay otras decisiones similares en ayuntamientos y diversas posiciones de gobierno. 
Puede parecer mucho, pero también en cierto sentido es natural: para nadie sería fácil soltar semejante nivel de poder acumulado. 
Pero Mara es (otra vez; para esta columna al menos) una política 100 por ciento racional, que conoce a la perfección los límites que no se pueden cruzar, porque sabe que esos límites son exactamente los mismos que abarcan y sostienen el propio poder y la tranquilidad del futuro. 
El peronismo, ese histórico movimiento político argentino, muy parecido al PRI y a MORENA en su concepción del poder, acuñó una frase extraordinaria para explicar cuál es el límite de la fidelidad con los liderazgos, cuando van hacia aventuras inciertas. 
Dice (en “argentino” original): “el peronismo te acompaña hasta la puerta del cementerio, pero no entra con vos”.