Hugo Martoccia – Mesa Chica
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Si no pasa nada extraordinario (la política, en tiempos electorales, suele ser impredecible) en dos o tres semanas Rafael Marín asumirá como nuevo Delegado de Programas para el Bienestar, o superdelegado, en Quintana Roo. El tema admite versiones muy diversas, pero hay algunas cosas que son indiscutibles. Una de ellas es que el director de Aduanas se ha convertido en el “Cisne Negro” del oficialismo para el proceso electoral 2027, y que todo lo que se había escrito sobre ese proceso debe ser analizado bajo una nueva mirada. (Al menos, en los escritorios del poder local)
Un “Cisne Negro” es un factor inesperado, que no aparecía en los análisis previos, impacta en todo el tablero político, y que, una vez sucedido, se intenta explicar como algo que todos imaginaban. El “caso Rafa” cumple todos los requisitos. Ya se dijo; al menos para un sector del la política que nunca lo vio.
Hace unos pocos meses, nadie en el oficialismo se había imaginado el papel que Rafa podía jugar en la política local al amparo del Gobierno federal (nada más y nada menos). Un sector del oficialismo, ese que nunca le quiere llevar malas noticias a Mara Lezama, minimizó siempre el ingreso de Rafa al proceso.
“No quiere ser candidato; la Presidenta no lo quiere; no tiene incidencia en Quintana Roo; lo persigue Estados Unidos”… esos eran algunos de los razonamientos que se utilizaron. Ahora dirán: “Siempre lo supimos; lo tenemos medido; no le alcanza; no quiere ser candidato; la Presidenta no lo quiere y por eso lo mandó al Estado”.
Lo dicho, un “Cisne Negro” clásico.
Lo cierto al día de hoy es que Rafa Marín será superdelegado, tendrá acceso a un padrón de beneficiarios de planes sociales de más de 350 mil personas y un ejército de “siervos de la nación” que saben operar esas bases, y podrá hacer política en territorio, aunque con todas las limitantes legales de ese puesto federal. No es poco.
Si lo que se esperaba desde hace un tiempo era una respuesta de Claudia Sheinbaum sobre si lo iba a dejar participar del proceso electoral, parece que la respuesta ya llegó.
Pero algo debe quedar muy claro: no es que ya sea candidato a gobernador, eso está muy lejos aún. Lo seguro es que va a ser un actor fundamental en la campaña, quizá, incluso, peleando espacios distintos a la gubernatura.
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LA CANDIDATURA
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En el rafismo más racional festejan lo que se ha conseguido, pero no van más allá. Uno de sus operadores explica que una señal contundente y casi inapelable desde Palacio Nacional hubiese sido permitir que Rafa camine el estado, y a su vez darle todo el manejo de los programas sociales y una señal más concreta hacia el interior del morenismo. Así hubiese recuperado algo de tiempo de campaña con respecto a los otros candidatos.
Lo que viene para ese grupo es un proceso de unos pocos meses en los cuales podrán hacer crecer el proyecto desde adentro, pero también con todas las limitantes legales del cargo público. Al menos en las formas, la Presidenta ha dicho que no va a permitir que los funcionarios federales hagan campaña abierta.
En ese mismo entorno leen lo de su líder como una señal de que el morenismo nacional quiere emparejar las cosas en Quintana Roo. Nadie desconoce que el Partido Verde tiene cómo y con qué presionar para quedarse con el estado, pero creen que la señal que viene desde Palacio Nacional es que quizá llegó la hora de repartir las cosas de otro modo. O sea, que MORENA debe tener más espacios.
En ese contexto, dicen que harán todo el esfuerzo por la gubernatura, pero que no va a quitar el nombre de Rafa Marín de la pelea por Cancún. Tampoco van a dejar de expresar su interés por otros municipios.
Para lograr eso, sin embargo, el rafismo tiene como obligación principal mostrar que no son siempre las mismas caras las que encabezan sus movimientos o sus eventos. Si no crece cuantitativa, cualitativa y territorialmente, la alegría durará poco.
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¿ACUERDO CERRADO?
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