Hugo Martoccia – Mesa Chica
La gestión del gobierno en Cancún parece una crisis constante, interminable y agotadora. No pasa una semana sin que el alcalde Remberto Estrada se encuentre frente a un nuevo desafío. Hasta hoy, no ha podido salir airoso de ninguno de ellos. El caso del ruso Alexey Viktorovich Makeev, a quien un grupo de ciudadanos intento linchar días atrás, marca un punto de inflexión preocupante: no se trata ya de errores de gestión, sino de ausencia o desidia. Ese es un camino sin retorno hacia el fracaso.
Todo salió mal ese día para el alcalde. El hecho, conmocionante, fue casi el estreno de toda la nueva línea de mando en Seguridad Pública, desde el Secretario del Ayuntamiento, Guillermo Brahms, pasando por el encargado de despacho de la Dirección del área, Alejandro Rodríguez Zepeda, hasta el «súper asesor», el teniente coronel Julián Leyzaola. Fue, por supuesto, el peor estreno posible.
Increíblemente, ninguno de esos funcionarios pudo anticipar que el descontrol se iba a apoderar de la multitud enojada. A pesar de que los ánimos estaban caldeados por los actos de desprecio del ciudadano ruso para con los mexicanos, y de que su relación en el propio entorno que vivía era tensa.
¿Cómo es que hombres preparados para la seguridad pública no anticipan lo que puede suceder cuando una multitud indignada se junta? ¿Cómo pudo el periodismo prever esos desmanes, y se quedó a cubrir la nota, mientras los policías se iban del lugar? Inexplicable.
La actuación de la Policía Municipal fue desconcertante. En el reporte interno que se presentó al Ayuntamiento, se reconoció que una patrulla llegó al lugar de los hechos a las 19.15 horas, pero que se retiró luego de decirle a la gente que en vez de hacer justicia por mano propia presentara una denuncia contra el ciudadano ruso. Pasaron apenas minutos antes de que todo fuera un caos.
LA CÚPULA DE SEGURIDAD, REPROBADA
Este caso le pega de lleno a la gestión de Remberto Estrada. Los tres funcionarios antes mencionados son la solución que el alcalde presentó a la crisis de seguridad, apenas días atrás. Los tres fallaron.
El súper asesor Julián Leyzaola merece algunos párrafos aparte. Fue presentado por el alcalde con bombos y platillos. Lo precede una fama dispar: buenos resultados por un lado, pero también mano dura y violaciones a derechos humanos por el otro.
La polémica que lo persigue en Cancún, sin embargo, tiene que ver con otra cosa. Desde su cuenta de Facebook, el militar ha estado más preocupado por Tijuana que por Cancún. Desde esa red social aseguró, apenas horas después de asumir su cargo, que está aquí «solo» como asesor, pero que no dejará de estar pendiente de la ciudad fronteriza.
El sábado, apenas horas después de los hechos sucedidos en la supermanzana 70 de Cancún, se enfrascó en una conversación política sobre Tijuana con ciudadanos de aquella ciudad. No parece ese el mejor camino para palpar las necesidades de Cancún. Los hechos del viernes dejan en claro que, al menos hasta hoy, la nueva cúpula de Seguridad no conoce el desafío que enfrenta.
LA CONFUSIÓN DEL ALCALDE
El alcalde Remberto Estrada también sumó su cuota de confusión a este tema. En su propia cuenta de Facebook, el sábado, envió un mensaje. Lo primero que dijo es que estaba «indignado» por la actitud del ciudadano ruso con los cancunenses y mexicanos. Luego, reprobó la justicia por mano propia de la gente.
Remberto debería comprender que el no es un ciudadano más de Cancún, y que no puede anteponer la indignación por los actos del ciudadano ruso, a la barbarie que sucedió. Equiparar ambos hechos, como lo hizo, es una forma de justificar su desenlace.
Desde ese momento hasta hoy, solo se ha dedicado a decir que su Policía no se equivocó en su accionar. No es fácil explicar cómo una ausencia semejante se convierte en un hecho positivo. Esa ausencia fue de la Policía y todos los mandos de Seguridad. Y fue, por extensión, la ausencia del alcalde en el peor momento de su administración.
A veces pareciera que el alcalde ha decidido que su gestión de gobierno se recueste solo en los actos públicos que hace todos los días en las regiones. Ese es el ámbito que más le gusta: el de la campaña política; el de las promesas difusas y las sonrisas permanentes.
Ya hay quien dice que no va a buscar la reelección, que al menos eso muestra con sus actos. Pero nadie lo sabe a ciencia cierta, y esa desorientación parece que incluye al propio edil. Más allá del destino electoral que elija, lo cierto es que en esa campaña permanente están puestas todas sus energías.









