Se enloda guerra por el TSJ; gobernador debe interceder, dicen aliados

Se enloda guerra por el TSJ; gobernador debe interceder, dicen aliados
Hugo Martoccia – Mesa Chica

 

En el mundo de la política comienzan a preguntarse en qué momento el gobernador Carlos Joaquín va a interceder en la lucha por la presidencia del Tribunal Superior de Justicia. La sucesión del actual presidente Fidel Villanueva ha comenzado a embarrar nombres y trayectorias. En algún momento inminente, el costo será demasiado alto para quien deba conducir la justicia de Quintana Roo durante los próximos años.

El tema de fondo es que varios operadores políticos han metido mano en este entuerto. Desde el Secretario de Finanzas, Juan Vergara, hasta el jefe del Despacho del Gobernador, Miguel Ramón Martín Azueta, pasando por partidos políticos y los propios magistrados. Todos tienen intereses y candidatos.

No se trata de un hecho anormal; es una decisión política de alto valor estratégico, y como tal el choque de intereses es muy importante. Pero en algún lugar impreciso hay una línea más allá de la cual la operación política se convierte en caos político. Para algunos, esa línea está a punto de cruzarse.

“Sucede siempre”, explica, casi con resignación, un aliado del Gobierno. Parece el estilo del propio gobernador Carlos Joaquín: deja que debajo de él se luche cuerpo a cuerpo por el poder. “A veces nos lastimamos de más, y eso no tiene sentido”, dice el político.

Ha sucedido en varios temas puntuales, donde las amistades y enemistades políticas varían a veces hasta por cuestión de temas y de horas.

LA REUNIÓN DE CJ Y FIDEL

 

Un sector de la alianza de Gobierno quiere que Carlos Joaquín siente a negociar a Fidel Villanueva. El mandatario estatal le deberá hacer entender, esperan, que no será el Presidente del TSJ el que imponga a su sucesor.

Hay antecedentes sobre una reunión similar. Ni bien asumió el Gobierno, Carlos Joaquín se encontró con que el único de los nombres incluidos en el “paquete de impunidad” de Roberto Borge que había entendido la situación y estaba dispuesto a un acuerdo era Fidel Villanueva.

Aún cuando las sombras del borgismo conservan alguna fuerza, el Presidente de TSJ dijo a algunos interlocutores en aquél momento que entendía que las cosas habían cambiado: había un nuevo gobernador y una nueva jefatura política. Cuando se sentó cara a cara con Carlos Joaquín, cada uno sabia el papel que tenía que desempeñar.

La reunión fue amplia y abierta. Fidel Villanueva fue claro: “Si no interceden, Carlos Lima va a ser el próximo presidente de Tribunal; hoy tiene los votos”, dijo. Se mostró dispuesto a dar su ayuda para que eso no suceda. El gobernador le anunció que su intención era nombrar tres nuevos magistrados.

Ese fue el acuerdo. El Congreso nombró a Veronica Acacio, Dulce María Balam Tuz, y Luis Gabino Medina, y así se rompió la mayoría que sostenía a Carlos Lima. Para el Gobierno era inconcebible que Lima pudiera quedar al frente del TSJ.

La idea que sobrevuela en el Gobierno es que el mandatario estatal debe sentarse con Fidel Villanueva y comprometer los votos fieles al magistrado, que serían tres, para el candidato que se decida.

Hay votos, además, que se pueden gestionar sin tanto problema. Nadie imagina a Carlos Lima oponiéndose a una decisión política del más alto nivel, cuando hasta su libertad personal podría estar en juego. Mario Aguilar Laguardia debe ser ratificado el breve por el Congreso, y necesita apoyos. Todo es negociable.

El gobernador analiza la idea con cierto recelo. Sabe quienes no serán Presidentes del TSJ bajo ninguna circunstancia. Pero quiere un consenso que no incluya la presión política para elegir al sucesor de Fidel Villanueva.

 

LOS NOMBRES

 

Entre los magistrados del TSJ aceptan la negociación pero no la imposición; es casi un acuerdo explícito entre ellos. Hasta ahora, sin embargo, la falta de una palabra política de peso ha llevado las cosas hasta un lugar indeseable. Los nombres de varios magistrados comienzan a quedar enlodados por los medios de comunicación, que reciben información sobre irregularidades de unos y otros.

Al día de hoy, los intereses están bien claros. Fidel Villanueva quisiera dejar en el cargo a Antonio León. Los grupos del gobierno impulsan a Veronica Acacio y Adolfo del Rosal Rivera. Pero en realidad, al no haber una línea marcada, hay muy pocos descartados.

Quizá la única certeza que se mantiene firme, es que ni Carlos Lima ni Antonio León serán Presidentes del TSJ. Pero eso es hasta hoy. Sin señales concretas, todo puede variar. En el caso de Antonio León su principal escollo es su padrino en esta batalla, Fidel Villanueva, que tiene muchas cosas que explicar en su paso por el Tribunal. Las cuentas no cierran por ningún lado, y esa carga es demasiado pesada de sobrellevar.

En el Gobierno entienden su situación de esta manera: Fidel Villanueva es un “borgista redimido”, y, en esa posición, se puede negociar políticamente con él.

Pero cualquier jugada política que él realice y lo devuelva al “borgismo puro”, podría ser el inicio de su definitivo ocaso.