El equipo de trabajo de Mara Lezama se sorprendió esta semana cuando revisaba el impacto de las redes sociales de la alcaldesa de Cancún. Mas de 10 millones de visitas orgánicas habían acompañado un proyecto de comunicación que nació con la crisis del coronavirus, y que dio vuelta el peor momento de su gestión.
Las transmisiones en vivo de Mara se ven mas que la de ningún otro político quintanarroense en este momento. La alcaldesa habla, da consejos, toma decisiones, y muestra trabajo. Esa postura también alcanza hechos prácticos, como el despliegue para repartir despensas, o el inminente recorte de presupuesto. Tan es así, que esa hiperactividad ya le generó algunas diferencias con funcionarios del Estado.
¿Qué pasó para que todo cambiara en tan poco tiempo? Son varias cosas, pero hay que empezar diciendo que existe una nueva visión, más profesional y preparada, detrás de la escena. Durante meses, la alcaldesa vivió casi sometida a lo que le decía un grupo de “asesores expertos” de la Ciudad de México.
Un ejemplo: semanas atrás desecharon todo un plan de obra pública porque para ellos la prioridad debía ser construir parques acuáticos para la gente. Así, como se oye. Sólo alguien que esta muy lejos y que conoce muy poco Cancún puede sostener algo así. Pero esa era la línea de conducción de la gestión.
En estos días, eso ha tenido un cambio radical. Primero, la alcaldesa por fin encontró la forma de trasladar el carisma personal que tiene, y que demostró durante años en los medios de comunicación, hacia la sociedad y la política. Por supuesto, eso no nació de la nada: es un trabajo de orfebrería detrás de cámara.
Pero ademas, la crisis del coronavirus unificó el discurso y la acción del gobierno, y resolvió justamente el mayor problema de la alcaldesa: su natural dispersión, que muchas veces equiparaba lo intrascendente con lo importante y lo urgente.
Un ejemplo fue el programa “Tierra de Todos”. Comenzó como una forma de llevar el gobierno a la gente, y terminó convertido en un espectáculo sin contenido, con la alcaldesa pronunciando un discurso ante 20 o 30 personas indiferentes. Otra vez la dispersión y la distancia.
Por decisiones como esas, semanas atrás Mara Lezama se enfrentó al momento más difícil de su administración y su carrera política. Una serie demasiado evidente e innecesaria de errores propios, disparó en su contra una batalla mediática y política feroz, con actores claramente identificables.
La alcaldesa de Cancún pasó días de incertidumbre, de esos donde uno se pregunta si realmente está donde quiere estar. El destino, su propia decisión, y el aporte de lo profesional, la sacaron de allí.
Pero aun no puede cantar victoria.
LOS CAMBIOS EN LA GESTIÓN
La crisis del coronavuris frenó un cambio profundo de nombres que la alcaldesa quería hacer en su gobierno. Hasta ahora, ese freno no significa mucho, porque, como no había sucedido nunca en su administración, Mara es todo el gobierno. Hasta sus directores mas ineficaces han quedado protegidos por ese manto.
Pero se trata de un alivio momentáneo; mas temprano que tarde ese cambio deberá llegar. En las mesas mas íntimas de decisión, Mara tiene ya una serie de nombres que deben irse del gobierno, pero el problema es que no tiene otros nombres que los reemplacen.
Hay hasta un caso en el cual la alcaldesa está casi segura de convivir con el enemigo, y sin embargo no encuentra la salida. Pero no se trata sólo de una cuestión de nombres. Hay una serie de acuerdos políticos que en su momento ella hizo y fueron necesarios, pero que ya se han convertido en un problema de fondo para la administración.
En ese punto, es hora de tomar decisiones fuertes. Otra equivocación en ese sentido, y todo lo que se ganó en estos días no habrá servido de nada. Será apenas una buena anécdota.
EL DESAFÍO QUE VIENE
A esta altura, ya caben pocas dudas de que el coronavirus llevará a Quintana Roo a una de las crisis más profundas de su historia. El mundo vive escenas de una película post apocalíptica, donde los seres humanos están confinados en sus casas para evitar una epidemia. En ese contexto, el impacto sobre el turismo es, y será, brutal.
Este momento de la crisis, donde literalmente cunde el pánico, dejará seguramente historias de solidaridad, momentos épicos, “enseñanzas” virales para redes sociales, más un largo etcétera de lugares comunes lacrimógenos.
Pero fundamentalmente, lo que dejará, en la realidad, serán estragos diversos en personas de carne y hueso. La economía pasará por momentos muy complejos; habrá desempleo y desesperación. La inseguridad quizá comience una nueva etapa de ascenso.
Allí vendrá el segundo desafío; cuando al pánico por el coronavirus lo reemplacen, primero, la desesperación, y, luego, el enojo de los olvidados de siempre. En ese momento habrá que tomar partido. Y allí se necesitará nuevamente de coraje y decisión.
Es el contexto es propicio para que los políticos muestren lo que son y lo que no son. El presidente Andrés Manuel López Obrador ya tomó partido. Su actividad constante no significa, como lúcidamente lo explicó Salvador Camarena esta semana, que descrea del coronavirus, o que lo minimice. Significa simplemente que él no va a parar porque el México profundo, que conoce como nadie y que es su base política y electoral, no puede parar.
Esa gente que debe salir a trabajar todos los días para comer (alrededor de 6 de cada 10 mexicanos) no resiste una cuarentena absoluta, y no quiere volver a sentirse abandonada por el Estado.
Por eso, las decisiones políticas del Presidente van a favor de ese grupo. Ampliación de programas sociales, microcréditos para pequeños comercios o emprendimientos laborales, y ayudas diversas para todos los sectores marginados. Pero, hasta ahora, muy poco para el sector empresarial, que deberá esta vez buscar auxilio entre sus ahorros de muchos años de bonanza y de trato privilegiado por parte del gobierno de turno, y no en el dinero público.
Pero esa decisión de AMLO va a generar una alianza mas fuerte aun de sus enemigos políticos. Toda la derecha financiera, mediática y económica del país ya se frota las manos imaginando una crisis económica profunda que termine con AMLO y su proyecto.
Cuando la derecha lleve los ataques hacia AMLO directamente y sin máscaras al nivel destituyente (está cada vez mas cerca) los aliados del Presidente van a necesitar, mas que una estrategia, mucha convicción para seguirlo.
¿Se animará la alcaldesa de Cancún a quedar del lado de la historia en la que se ha parado su referente político? ¿Se animará a quedar lejos de su pertenencia social, de su entorno, de sus amigos, de su historia personal?.
Esas preguntas encierran, para bien o para mal, todo su futuro político.