Hugo Martoccia – Mesa Chica
.
Tan sólo un mes en el poder Estatal le ha bastado a Mara Lezama para darse cuenta que implementar la Cuarta Transformación en Quintana Roo es un proyecto que requiere de mucho más que buenas intenciones. Lo primero que detectó es que está casi sola en esa tarea. Más allá de su entorno inmediato (y a veces ni siquiera allí) son pocos los interesados en un cambio profundo.
Mara posiblemente no lo dirá nunca, pero la tarea de las alcaldesas de MORENA, del partido, del Congreso e incluso de alguna parte de su gabinete, no tiene nada que ver con las expectativas suyas ni las de la sociedad.
Hay, por supuesto, alguna parte de culpa compartida en todo esto: al final, fue la propia Mara la que resolvió gran parte de las candidaturas y espacios de poder, y ahora debe convivir con ese armado heterogéneo y, hasta cierto punto, incongruente con el proyecto.
Pero más allá de dónde asentar las culpas (en el Congreso, por ejemplo, dicen que es la gobernadora la que no moviliza nada, porque no ha enviado una sola iniciativa) lo cierto es que Mara es hoy quién genera todas las expectativas, hasta el punto de que la gente le pide resolverle cuestiones personales y se acerca a ella con la misma esperanza que se acercan en todo el país a AMLO.
Esa situación le da un poder pocas veces visto, incluso difícil de mensurar, pero que a la vez conlleva un riesgo mayúsculo. Una pregunta en ese sentido: ¿Quién le está dando seguimiento a cada uno de esos pedidos de la gente? Allí debe haber alguien totalmente consagrado a esa tarea, y que tenga la sensibilidad y eficacia para resolver cosas. De otro modo, cada compromiso no resuelto terminará, más temprano que tarde, golpeando en la figura de la gobernadora.
En política, del cielo al infierno suele haber sólo una breve sucesión de promesas incumplidas y malas decisiones.
.
MORENA, ENTRE EL PARTIDO Y SUS ALCALDESAS
.
Los problemas que enfrenta la gobernadora en dos frentes complejos parten de un mismo lugar. Las alcaldesas de Cozumel (Juanita Alonso) Othón P. Blanco (Yensunni Martínez) y Felipe Carrillo Puerto (Mary Hernández) aportan poco y nada a la 4T, tanto desde sus ayuntamientos como desde el partido.
El andar de esos gobiernos es de regular a muy malo. Juanita Alonso ha desarticulado el municipio en un triunvirato de poder que comparte con su esposo y con su hermano; Yensunni Martínez parece no terminar de comprender la diversidad de frentes que afecta el cargo que ocupa, y va de un traspié a otro, y Mary Hernández fue seducida por la frivolidad y los beneficios del cargo, y su poder va en un lento pero inexorable camino hacia la disolución total.
Lo peor es que los problemas de esas alcaldesas impactan también en el partido. Las tres tienen a sus compañeros o compañeras sentimentales en la cúpula de MORENA estatal. Johanna Acosta (compañera de Mary Hernández) preside el partido; Eduardo Basurto (esposo de Juanita Alonso) es el secretario general, y David Hernández (esposo de Yensunni) es el secretario de organización.
Los principales cargos de MORENA están en sus manos, pero ninguno tiene tiempo de operar, porque sus responsabilidades municipales abarcan toda su agenda. El partido está prácticamente acéfalo. La dirigencia es sólo una formalidad.
Cualquiera puede ver que MORENA está desaparecido, casi como si hubiese perdido la elección. No tiene agenda política ni mediática, no ayuda al mensaje ni al proyecto de Mara y no tiene contacto alguno con las bases, excepto las que están cercanas al triunvirato de poder.
Mara ya entendió que hay ahí un déficit de gestión inadmisible, y ya busca alguien que desde la sombras ordene ese desastre. Pero al hacerlo, cae nuevamente en el añejo error de superponer personas para una misma tarea, lo que al final termina abonando al caos que quiere solucionar.
.
EL IMPACTO EN EL GOBIERNO
.
El poder conferido a esas alcaldesas empieza a afectar también la administración estatal. Mara dejó en manos de terceros el nombramiento de algunos cargos de segunda y tercera linea. Y esos cargos recayeron en personajes cercanos a quienes se les encomendó el nombramiento, pero que no necesariamente cumplen compromisos o acuerdos de la gobernadora.
Un ejemplo: Juanita controla la poderosa APIQROO de Cozumel con su hermano Miguel Alonso, lo cual rompe con un principio fundamental de equilibrio entre el municipio y el estado. Situaciones parecidas suceden en otros municipios.
Entre los ofendidos por esos nombramientos hay muchas y muchos que trabajaron la calle para Mara, y que se sienten relegados por los “nuevos ricos” del morenismo. Ese enojo es el caldo de cultivo para potenciales problemas electorales posteriores.
Hay algo que debe decirse: esas tres alcaldesas no son las únicas con problemas. Jose María Morelos es un caos; Puerto Morelos es una empresa manejada desde las sombras por alguien que no es Blanca Merari, y Bacalar (asociado al Verde) está siempre a punto de estallar. Y son sólo unos ejemplos.
Pero las tres primeras alcaldesas le generan a Mara problemas que se ramifican mas allá de sus demarcaciones.
La buena noticias de todo esto es que, hasta hoy, ninguno de esos errores tiene potencial impacto electoral alguno, porque no hay rivales externos a la vista. MORENA sigue siendo imbatible con quien sea, lo cual, bien mirado, es también una mala noticia.
.
EL CONGRESO Y LOS FALLIDOS VOCEROS EXTERNOS
.









