Jorge Emilio va por el resto de Quintana Roo, pero Rafa Marín exige Cancún

Jorge Emilio va por el resto de Quintana Roo, pero Rafa Marín exige Cancún
Hugo Martoccia – Mesa Chica 

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Algo casi imperceptible comenzó a sentirse en la política quintanarroense en las últimas semanas, que tiene que ver con la definitiva incorporación de la figura de Jorge Emilio González, líder del Partido Verde, en la cima del entramado de poder local. Mucha gente, por fin, dejó de minimizar su influencia y su peso político, y ahora ya no se imagina ninguna gestión de poder que no lo incluya. Todos quieren hablar con él; alguno ya lo ha hecho. 
Quizá, sin embargo, ya sea tarde: el segundo golpe de mesa de ese poder inmenso (el primero fue la candidatura de Gino Segura, por supuesto) ya tiene destino: el líder verde va, al menos, por Cancún, Playa del Carmen y Cozumel, dos distritos federales y no menos de cinco diputaciones locales. Tampoco quitará el ojo de Isla Mujeres y Puerto Morelos.
El mensaje que ha bajado hacia su gente en el estado es claro: no va a compartir nada de lo que le toca por derecho propio. MORENA tendrá para repartirse posiciones en el resto del estado. Eso no le preocupa. Mientras no toquen lo de él. 
El escenario nacional lo ayuda. MORENA ya dejó claro (con la increíble torpeza política que ha mostrado su actual dirigencia) que las candidaturas que vienen se van a repartir por negociaciones y no por encuestas. Incluso, tuvieron la decencia de decirlo directamente en las convocatorias, donde las encuestas pasaron de ser una obligación a una mera posibilidad. 
En los hechos, así se hizo con las gubernaturas. Pero el show de las supuestas encuestas a favor de los elegidos en el escritorio generó tanta indignación a lo largo y ancho del país, que tuvieron que cambiar de estrategia.
En la negociación (avalada ya, entonces, como la forma real de designación de candidaturas) no parece haber muchas opciones de ganarle a Jorge Emilio. Es evidente que el líder Verde discute sus cosas en un ámbito al cual, en el estado, excepto Mara Lezama, nadie más tiene acceso. 
Esta columna fue “pionera” en explicar que las dos puertas que el líder verde tenía abiertas en la cima del poder eran la de Claudia Sheinbaum (obvia, podría decirse) y la de Omar García Harfuch. Esa sociedad política entre Jorge Emilio y Harfuch ya es lugar común de todas las notas periodísticas políticas de México. 
Hoy, ya es un dato de la realidad que el Verde es la plataforma política del Secretario de Seguridad para 2030, con la evidente venia de la Presidenta. Pero de esa nueva 4T hablaremos un poco más adelante. 

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DE NOMBRES Y NEGOCIACIONES
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En ese contexto, Rafael Marín dio este domingo su última señal de fuerza. Todo su equipo decidió que sólo su líder se registrará por Cancún, para sentarse a la mesa de negociaciones con ese poder. Rafa exige un espacio central para los fundadores y para el morenismo puro, que al fin y al cabo es el que aporta los votos. En su entorno más cercano hablan de que hubo “buenas señales” de Jorge Emilio en los últimos días. 
Mara también tiene nombres para mover. Jorge Sanén y Pablo Gutiérrez son cartas que se van a poner en la mesa de negociaciones. Y la gobernadora también va a jugar con el nombre de su hermana Vero hasta último momento, por si hay que encontrar salidas intermedias y cuidar el género. Ni siquiera se ha descartado del todo una nueva candidatura de la actual alcaldesa Ana Paty Peralta. 
Pero Jorge Emilio tiene varias fortalezas para poner sobre la mesa a favor de su candidato,  Pablo Bustamante. Sacando a Vero Lezama y Marybel Villegas (que no se sabe aún si van a registrarse o no en MORENA) Bustamante le saca 17 puntos a su más cercano perseguidor. Tiene casi 4 años de trabajo de territorio con Bienestar, y amplia experiencia política y administrativa. ¿Por qué alguien podría quitarle la candidatura?, dice el líder verde. 
Un dato relevante para los que hacen análisis políticos: Jorge Emilio es socio principal o secundario de la presidencia municipal de Benito Juárez desde 2013, cuando llegó al poder el entonces priísta Paul Carrillo. Desde esa administración siempre tuvo mucho, muchísimo o todo el poder en el municipio. De ese tamaño es el reto de los que quieren enfrentarlo ahora.
En los demás municipios parece que las cosas están incluso más tranquilas. Sus preferencias están con Estefanía Mercado en Playa del Carmen, Renán Sánchez Tajonar en Cozumel, y cree que va a quedarse con Puerto Morelos y proponer una candidatura cercana en Isla Mujeres, donde se va a registrar el actual diputado y ex alcalde, Juan Carrillo. 
En Tulum ya se sentó con Jorge Portilla y avaló esa candidatura. Analiza darle una diputación plurinominal al actual alcalde de ese municipio, Diego Castañón. Más allá de eso, sus intereses languidecen; la zona maya, Lázaro Cárdenas y el sur podrían ser para MORENA.  
¿Podrá alguien arrebatarle alguno de los espacios que ya entiende como suyos? No existen los imposibles en política, como lo saben, paradójicamente, los morenos que vieron cómo el Verde se quedaba con 5 gubernaturas para 2027 cuando apenas tiene entre el 5 y el 7% de los votos. 
Quizá esta vez los morenos tengan mejor suerte. 

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LA NUEVA MORENA 

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Lo que pasa con Jorge Emilio en Quintana Roo es apenas un síntoma de algo mucho más grande y, quizá, grave. 
MORENA está viviendo una crisis de identidad. Para usar términos actuales, se autopercibe como un partido de izquierda, cuando es evidente que va en un acelerado camino hacia una derecha light, un poco más cómoda para Estados Unidos. 
A la par de ello, el partido ha perdido hasta las formas más básicas del decoro político. La candidaturas son acuerdos económicos más que políticos y sus referentes son casi todos judicializables. Del primer movimiento de AMLO sólo quedan los programas sociales y la lucha por la “soberanía” ante el vecino del norte. Una fachada, sin embargo, que aún sirve para tener millones de votos. 
Hasta voces referentes de la 4T lo dicen. Fue el propio líder del PT, Alberto “Profe” Anaya, el que tocó las fibras más sensibles, cuando dijo que los candidatos que MORENA y el Verde pusieron en las gubernaturas estuvieron influenciados por Estados Unidos. 
El nivel de enojo de Claudia Sheinbaum con esa postura, a la que calificó de “absurda”, muestra qué tan hondo caló ese comentario en la moral morenista. Todos los que deciden algo en la 4T saben que lo que dijo “el Profe” es verdad. 
Un par de días después fue el presidente del Consejo Nacional de MORENA, Alfonso Durazo, quien reconoció que hay candidaturas que se ganaron sólo por el gasto obsceno que hubo en redes sociales, con candidatos que sólo se mueven en eventos “controlados” sin pisar realmente la calle. 
Por todo eso, MORENA se ha convertido en algo muy distinto de lo que fue, y en 2027 seguramente comenzará su definitivo viraje hacia la derecha, pero lo hará con millones de votos de la izquierda. Una suerte de paradoja que quizá, como dicen en el Verde, concluya en Harfuch 2030. 
Eso es MORENA hoy. Pero en ese contexto hay que reconocer una cosa: el proceso de Quintana Roo, con el Verde colonizando a MORENA desde adentro hasta convertirlo en una versión más grande, confusa y desordenada de sí mismo, fue casi un adelanto de lo que pasaría en el país más adelante. Quizá seamos pioneros en esa nueva versión de la 4T. 
Esta semana, en un debate político sobre la situación del partido guinda alguien dijo acertadamente: “MORENA se ha convertido en un partido tan plural, que hasta quizá postule algún candidato de izquierda en 2027”.