Hugo Martoccia – Mesa Chica
Las últimas semanas han sido un dolor de cabeza para Cancún. El municipio se encuentra sumido en una ola de violencia criminal incontenible, y su gobierno no hace pie. Hay un trasfondo de enfrentamiento político con el estado, y el alcalde Remberto Estrada parece quedarse solo. Se le critica todo; lo que fue un mérito electoral, la juventud, se ha transformado en un conflicto.
Pero el problema, más allá de todo lo que se ha dicho, tiene un correlato electoral que a unos inquieta y a otros llena de expectativas. Cancún se ha quedado, después de mucho tiempo, sin una fuerza electoral aglutinante y con peso propio decisivo. A tan poco tiempo de las elecciones de 2018, se trata de un problema y una oportunidad mayúsculas, según quién lo analice.
La feroz silbatina contra Remberto Estrada en el estadio de Tigres, el Beto Avila, fue una muestra de que la mala opinión de los ciudadanos para con el alcalde no es una sensación. Tampoco el gobernador Carlos Joaquín se llevó de ese estadio grandes aplausos, es cierto. Pero lo del gobernador era de esperarse: perdió la elección allí el año pasado. Cancún es, hoy, un territorio hostil para el mandatario.
Lo de Remberto Estrada llama más la atención pero también genera otras expectativas. En junio pasado logró una diferencia de 40 mil votos contra Julián Ricalde. Hubo mucho de gestión propia en ese triunfo (la obscena proliferación de despensas tuvo mucho que ver) pero también mucho de una «oposición» que decidió jugar a favor de Roberto Borge para dividir el voto anti PRI-Verde.
Según lo que se palpa en la calle, y que quedó de manifiesto en el Beto Avila, la «luna de miel» del alcalde con la sociedad ha terminado, y si no hace algo pronto lo suyo no tendrá remedio. Los 40 mil votos de diferencia se han esfumado.
Las cosas han cambiado radicalmente. Faltan 14 meses para una elección que se avecina muy reñida, y hasta hace poco en el Verde Ecologista parecía que lo más difícil era la decisión de ir por la reelección, o buscar un lugar en el Senado para su candidato natural. Ahora la preocupación es como enderezar el rumbo de un gobierno bajo ataque.
Y tiene problemas en otros frentes. El PRI comienza a tomar una distancia definitiva del destino del primer edil; hay una rebelión profunda contra las decisiones políticas y electorales del Niño Verde, Jorge Emilio González Martínez. Ahora el Verde debe decidir un destino electoral con muchos rivales internos.
Ese problema con miras a 2018 también lo tiene el Gobierno estatal. Ya se dijo, Carlos Joaquín perdió la elección de gobernador en esa ciudad, y difícilmente pueda imponer un candidato, que, dicho sea de paso, no tiene.
Hay datos que confunden. El pasado lunes el Gobierno estatal entregó títulos de propiedad en la regional 237 de Cancún. Se trata de un acto de un gran valor político y electoral. Carlos Joaquin estaba anunciado como la figura estelar y no apareció.
Tuvo una excusa perfecta; estaba reunido con el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, por la crisis de seguridad en el estado. Pero más allá de eso, fue extraño ver que el titular de la Secretaría de Finanzas y Planeación, Juan Vergara, tomó su lugar. ¿Es esa una seña electoral del gobernador?
Los aliados del mandatario estatal tiene problemas propios. El PRD es una sombra que quedará, en mayor o menor medida, absorbido por Morena. El PAN, que tiene un peso electoral propio en Benito Juárez, deberá antes definir sus alianzas, cerrar grietas internas, y mostrar un candidato competitivo.
A ese escenario de por sí confuso, se suma la fuerza electoral de Morena. Andrés Manuel López Obrador ganó en Benito Juárez las elecciones federales de 2006 y 2012 con facilidad. Como cabeza de boleta presidencial en 2018, sería un enorme envión electoral para quien fuera su candidato.
Es cierto que Morena no tiene un candidato definido para la alcaldía. Pero también lo es, y la campaña del Estado de México lo demuestra, que la figura del líder de ese movimiento alcanza para poner en competencia a quien decida.
Como se ve, es poco probable que Remberto Estrada encuentre un camino cómodo para 2018. Tampoco lo tendrá el gobernador. Y Morena puede encontrar su lugar, si sabe mover sus fichas.
Cancún es hoy un lugar electoralmente huérfano. Y por lo tanto, se ha convertido en tierra fértil para cualquier aventura. Por primera vez en mucho tiempo, se ha abierto una brecha por la cual podría colarse cualquier proyecto político.









