Coronavirus ¿el Cisne Negro de AMLO y MORENA?

Coronavirus ¿el Cisne Negro de AMLO y MORENA?
Hugo Martoccia – Mesa Chica 

 

La expresión Cisne Negro sirve para definir situaciones raras, inesperadas, de gran impacto, y que se racionalizan en retrospectiva. Se trata de eventos de los cuales es muy difícil predecir sus movimientos, y por tanto muy complejo encarar las soluciones. Sus efectos muchas veces son devastadores en diversos aspectos. 
La expresión Cisne Negro se utiliza en historia y en política, pero tiene un uso muy especial en los mercados de valores. El ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 fue un evento de esa naturaleza. La pandemia de Covid-19 ha pasado a ser el nuevo Cisne Negro. 
Este jueves, el índice Dow Jones de Wall Street, el mayor referente mundial de los mercados de valores, tuvo su peor caída diaria desde el “lunes negro” de octubre de 1987. Ese indicador básico de las finanzas y la economía mundial ha caído más de un 25% desde el inicio de la crisis del coronavirus, y está testeando un soporte sólido, que si no frena la caída, augura otra sacudida a las bolsas internacionales en los próximos días. 
Si las cosas son así, las principales empresas del mundo habrán perdido al menos un 40% de su valor en unas pocas semanas. 
En el mundo financiero y político hay una coincidencia unánime, que dice que los mercados financieros se adelantan a los eventos económicos: predicen las caídas antes que lleguen, y también se comportan de la misma manera cuando asoma la recuperación. 
Si esta idea se verifica en esta ocasión, estamos a las puertas de una recesión internacional muy fuerte, que tendrá un impacto particular en México. 

 

EL CISNE MEXICANO 

 

Hasta hace pocos días atrás, la situación política e institucional del Presidente Andrés Manuel López Obrador era casi envidiable: 60% de aprobación social; con la oposición política desorientada, y con los indicadores básicos de la economía, aunque estancados, sin sobresaltos importantes. 
Al día de hoy, esos indicadores no han cambiado, pero la situación es muy diferente. Hay varias situaciones que pueden cambiar todo en las próximas semanas y meses. 
Una, es el manejo que el Gobierno Federal haga de la crisis del coronavirus. En un escenario sin antecedentes previos, es difícil saber si se está actuando bien o mal. Se sabrá cuando ya haya sucedido. Justamente, una de las características de un Cisne Negro. 
Si actúa con ligereza, y la epidemia se sale de control, el costo político será incalculable. Pero si sobre reacciona y paraliza el país sin necesidad, el impacto económico podría ser devastador. Y las proyecciones económicas son ya, de por sí, bastante malas. 
Moodys, Barclays y el Bank of América, coincidieron estos últimos días en una perspectiva pesimista para la economía mexicana; auguran una caída de hasta el 2% en 2020. En el sector turístico, que representa casi el 9% del PIB mexicano, se espera este año una caída en todo el mundo, aún no dimensionada; la primera desde 2009. 
En este caso no se trata, como sí ha sido en otras ocasiones, de proyecciones negativas sólo contra el Gobierno de AMLO, basadas en cuestiones ideológicas, sino en previsiones que toman en cuenta el impacto al comercio mundial que tendrá la paralización por el coronavirus. 

 

LA REACCIÓN 

 

En época de crisis, la forma más común de salir es mediante medidas keynesianas, que impulsen la demanda agregada con más inversión pública y privada, y sirvan de motorizadores del consumo. Los gobernadores del PAN y el empresariado ya han pedido una urgente reunión con el Presidente para tomar medidas de ese tipo. Pero hasta ahora no hay respuesta.
Lo que todos temen es chocar con posturas económicas irreductibles de AMLO, que terminen siendo contraproducentes. Veamos. 
Los últimos datos de la demanda agregada en México no son halagüeños. La inversión privada cayó un 6.4% y la de Gobierno un 1.9. Justamente, los dos factores que más se necesita impulsar. 
Los otros dos componentes de la demanda agregada crecieron: el consumo tiene un crecimiento marginal de 0.7% (seguramente impulsado por los programas sociales) y las exportaciones netas aumentaron 3.5%. 
Para poner en marcha la inversión pública y privada hace falta aumentar el gasto público, y en ese punto AMLO ha sido inflexible. En un evento en Guerrero este fin de semana, volvió a marcar como un mérito inamovible de su Gobierno “no gastar más de lo que ingresa a la Hacienda Pública”. 
Lamentablemente, en un escenario de crisis, esa postura puede ser contraproducente. Nadie quiere déficit fiscal, pero a veces, ante coyunturas extraordinarias, si el déficit se utiliza para impulsar la inversión y el consumo en un contexto de crisis, termina siendo benéfico. 
Claro, todo debe decirse: el déficit se cubre con emisión de dinero, lo cual puede tener un impacto inflacionario, o se toma deuda. No hay otra opción. Y AMLO ya dijo este fin de semana que “este año, suceda lo que suceda, tampoco va a haber aumento en la deuda pública”.  
La política de ahorros que el Gobierno Federal ha tenido desde el inicio de su gestión, con muchos aspectos razonables, novedosos, honestos y plausibles, en esta ocasión podría derivar incluso en una profundización de la recesión económica. Ese es el temor. 

 

EL IMPACTO POLÍTICO Y ELECTORAL

 

Los dos puntos más flojos de la gestión de AMLO son la situación económica y la inseguridad. Con el PIB cayendo un 2% en 2020, difícilmente la inseguridad dé tregua. O sea, se profundizarían los problemas del actual gobierno. 
La oposición más radical ya ha dado señales de entender que existe una opción de hacer tambalear a AMLO, y lo aprovecha, con toda irresponsabilidad. 
El senador del MC Samuel Garcia ha sido, quizá, el más patético; ha iniciado una campaña en redes sociales para sembrar el pánico por el coronavirus y desprestigiar al Gobierno Federal. Hay medios de comunicación que están haciendo lo mismo, y, si algo le sale mal a AMLO, harán lo que sea necesario para destruirlo. Los costos sociales potenciales no están en sus cálculos. Literalmente, no les interesa. 
Lo cierto es que el Cisne Negro ya apareció, y habrá que ver quién paga el costo de esa presencia. Con la elección federal de 2021 a la vuelta de la esquina, evidentemente son AMLO y su partido, MORENA, los que cargan con el peso de la gestión y sus potenciales errores.