La detención de Mauricio Rodríguez es un poco de aire político para Carlos Joaquín
Y un golpe duro para Remberto Estrada
Hugo Martoccia -Mesa Chica
La detención del secretario del Ayuntamiento de Cancún, Mauricio Rodríguez Marrufo, es el comienzo del fin del borgismo residual. O al menos debería serlo, si alguna eventualidad o un error no le permite salir libre en pocas horas o días.
Si no es así, lo que queda del borgismo deberá iniciar una huida rápida del estado, y hasta del país, para evitar lo que se viene. Lo lógico es que esta detención sea apenas el inicio de una serie frondosa de ex funcionarios que saquearon al estado camino a la cárcel.
Hay que decirlo con todas las letras: el borgismo no fue una expresión política, sino una asociación de funcionarios organizados para saquear al estado. Esa definición no es un capricho de quién escribe; la dio el propio Gobierno al inicio de la gestión, cuando definió a la administración pasada como una asociación ilícita.
El derrotero de la vida política de Rodríguez Marrufo es también una muestra de cómo se ejerce la política en Quintana Roo. A pesar de las innumerables pruebas en su contra, y de que el Gobierno estatal había anunciado que el ex funcionario era parte central de la trama de despojos de tierras públicas, y de otras muchas irregularidades, el alcalde de Cancún Remberto Estrada le dio el cargo de secretario del Ayuntamiento. Ese error quedó hoy de manifiesto en toda su dimensión.
En esta misma columna el pasado lunes, dedicada íntegramente a la situación de Rodríguez Marrufo, se detalló que solo un acuerdo de fondo entre Roberto Borge y Jorge Emilio González Martínez, el Niño Verde, podría haber puesto y sostenido al funcionario en su lugar.
Pero también se demostró la imposibilidad política de su continuidad.
Ese hecho ha sucedido y sus implicancias políticas son muchas. La más importante para la sociedad es que se da un paso trascendente en la lucha contra la corrupción. Mauricio Rodriguez es parte de una estructura de poder que se creía impune.
Hijo del ex procurador del estado Bello Melchor Rodríguez y Carrillo, y amigo personal, desde la escuela, del ex gobernador Roberto Borge, fue parte de la «generación efímera» del priismo local, que llevó al tricolor a perder el estado después de más de 40 años en el poder.
Se trató, en los hechos, de una banda de jóvenes que al amparo de Roberto Borge rompieron hasta las reglas no escritas de la corrupción política. Nada fue suficiente para ellos.
Este suceso de índole policial, tiene también dos dimensiones políticas.
Primero, le da un poco de aire al Gobierno de Carlos Joaquín, que no había mostrado avances contra el borgismo. Las constantes noticias sobre arrestos de ex funcionarios en toda la República, golpeaban la credibilidad del Gobernador.
No hay que confundirse, sin embargo. Este es apenas el primer, y no el más importante, de los detenidos que la sociedad espera. Los quintanarroenses quieren que la justicia llegue a Roberto Borge, y nada menos va a calmar esa sed.
Por otra parte, el hecho también impacta en Remberto Estrada. La detención de su secretario es un golpe y una posibilidad. Es un golpe porque demuestra el enorme error que significó ponerlo en el cargo. Es una posibilidad porque le permite encauzar su complicado momento político.
No tiene demasiadas opciones. Debe poner en el cargo a alguien que le maneje la política interior, que no esté perseguido por la justicia, y que comience a tejer un acercamiento con el Estado. No es poca cosa.
El alcalde debe entender que no tiene más tiempo para jugar con su suerte política.









