Hugo Martoccia – Mesa Chica
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La semana pasada, esta columna se refirió al hecho de que en el marismo, más allá de los nombres que suenan hacia 2027, todo el apoyo está centrado en la figura del senador Eugenio “Gino” Segura (ver columna abajo). Es muy interesante, en ese sentido, oír la versión completamente opuesta, que maneja el grupo que trabaja para el proyecto de Rafael Marín.
Allí, hay una frase que se utiliza como la consigna, la bandera, sobre la cual se asienta toda la expectativa: “Gino no va a ser candidato”, dicen.
Las versiones alrededor de esa frase son diversas, pero todas concluyen en que esa orden viene de Palacio Nacional. ¿Es real? Nadie lo sabe, porque difícilmente alguien pueda decir que oyó a Claudia Sheinbaum pronunciarla (nadie más podría decirla con autoridad) pero la frase se menciona una y otra vez como un mantra.
Un dato relevante es que la frase está en todos los niveles y grupos del rafismo, aun los más alejados entre sí. Eso quiere decir que viene desde la misma cúspide de ese colectivo, y se difunde hacia abajo.
En sí no se trata de algo tan extraño: un grupo político que quiere enfrentar un poder como el del marismo, debe tener una causa muy sólida que los convenza. Y la certeza de que su principal oponente no puede ser candidato es una muy buena bandera, real o no.
Lo que sí es un poco más extraño es lo radicalmente opuestas que son ambas versiones. Para el marismo, Gino prácticamente ya es gobernador; para el rafismo, directamente está vetado por el Poder central. No hay punto medio y nadie acepta una versión diferente.
La fotografía de Alberto “el Profe” Anaya con Rafa Marín difundida días atrás, y la postura del líder petista, que ha dicho en su partido que los gobernadores no elegirán a sus sucesores sino que lo hará la Presidenta (“Rey no pone Rey”, repite una y otra vez el Profe) ha sido tomada en el rafismo como una señal de que van por el buen camino.
Ahora ¿qué efecto tiene eso hacia las estructuras o la base social del morenismo?
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MARISMO Y ANTIMARISMO
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La situación hacia 2027 en el estado está muy clara. De un lado se mueve el marismo; un colectivo organizado y con un liderazgo claro. Y es lógico: ahí están, hoy, los votos y el poder. Del otro lado hay un sector que quiere un cambio, pero a diferencia de sus adversarios internos, aún no termina de conocerse cuál es su alcance real: si tiene estatus de armado electoral o es sólo una expresión de inconformidad limitada a lo verbal.
Más allá de los nombres propios (Rafael Marín, Marybel Villegas, y poco más) el punto central es saber si esa propuesta contra lo actual tiene base social. Quejas contra el marismo, como es natural, hay variadas, sobre todo en cafés y redes sociales. Pero hoy no existe ningún equipo organizado con el volumen suficiente para pensar en enfrentarlos. Al menos no se lo ve.
Un referente de ese grupo se quejaba esta semana porque en el armado de los Comités Seccionales de MORENA está operando gente del Verde, y nadie se queja. Este domingo se detectaron pagos de 500 pesos más una despensa por voto. Y además, las asambleas se armaron con personas no afiliadas al partido, con la promesa de afiliarlas al final.
Pero aún ante esas evidencias, gran parte del morenismo está anestesiado o cómodo con la situación actual, aunque algunos no estén totalmente de acuerdo.
Un nombre ligado a Rafa Marín explicaba días atrás que Mara Lezama ha extendido sus contactos hacia muchos actores de la base morenista que estaban alejados de ella, y los sumó a su proyecto. “Está en todo”, dijo.
Esa hiperactividad de Mara no parece tener aún una acción espejo del otro lado, y la principal expectativa viene de lo que pudiera dictarse desde la Ciudad de México, que si bien es edificante, no es suficiente.
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TRES OPCIONES Y LA OPOSICIÓN
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En el marismo todos saben que el candidato es Gino, pero un poco más allá del primer círculo de Mara, también todos entienden que puede haber otras candidaturas, como las de Estefanía Mercado o Ana Paty Peralta, que mantendrían igualmente unido al equipo, más allá de cómo se podría reconfigurar el poder interno. Todos sienten que ese es el equipo ganador, con uno u otro nombre.
Y dicen que del otro lado no es lo mismo. Aseguran que Rafael Marín y Marybel Villegas no son las dos caras de una misma moneda, porque más allá de la cercanía política actual, vienen de dos espacios muy diferentes.
Tampoco la oposición puede aportar mucho a la causa anti marista, y ni siquiera es porque no puede, sino porque no quiere.
El PAN local es una sucursal del marismo, y aun cuando nacionalmente ven cercana una alianza con MC, no creen que en Quintana Roo tenga efecto alguno. Para MC su obsesión es Othon P. Blanco, Tulum y José María Morelos, y saben que más allá de cualquier alianza en el papel, el panismo no se les unirá en masa. Y el PRI es una sombra que aun no se sabe si disfruta o sufre los que quizá sean sus últimos meses de existencia.
Esta columna se mantiene firme en su postura de que las gubernaturas de 2027 las va a elegir, o palomear, Claudia Sheinbaum, porque esa facultad es parte del poder que le confirió AMLO cuando le dio el mando del nuevo Régimen. Y nadie se revoca poderes a sí mismo.
Pero tampoco Claudia va a definir a sus candidatos sobre la nada. Si mira para Quintana Roo, hasta hoy al menos, el marismo con sus opciones, su control absoluto, su poder territorial y el liderazgo de Mara y sus resultados políticos y electorales, es una fuerza descomunal y sin equivalente alguno.
Su oposición tiene aproximadamente un año para construir algo más sólido, o la decisión de la Presidenta caerá en el único espacio en el cual podrá caer.
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