Hugo Martoccia – Mesa Chica
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Lo primero que hay que decir es que estas dos historias son muy distintas en algunas cosas, pero también tienen puntos en común que hay que observar con mucho cuidado. Y es bueno detenerse en ambos. Se trata de sucesiones inéditas manejadas por gobernadores en funciones, con referentes políticos nacionales parecidos (un partido poderoso y Jorge Emilio González), en entornos similares en cuanto a concentración de poder, y con los procesos sucesorios más largos de la historia. Cualquiera de esos ítems puede ser una fortaleza o un riesgo.
Veamos más de cerca algunas similitudes.
La primera similitud es que Mara Lezama y Félix González Canto son quizá los únicos gobernadores del estado que dejaron a los sucesores que quisieron. Félix lo hizo con Roberto Borge y Mara con Eugenio Segura, virtual candidato de MORENA y sin rivales de oposición a la vista.
Félix lo hizo en 2011, en el entorno de un PRI poderoso que se reagrupaba alrededor de la figura de Enrique Peña Nieto para volver al poder un año más tarde. Pero con la ventaja de que en ese momento, sin presidencia priísta, la elección de su sucesor quedó en sus manos.
Mara lo hizo en un entorno sui generis. La presidenta Claudia Sheinbaum tenía el poder para elegir a los candidatos a gobernador que quisiera, pero decidió dejar mucho en manos de los gobernadores y de Jorge Emilio. Quintana Roo quedó fuera de las manos presidenciales.
Y ahí está una gran similitud de ambos procesos: la figura del líder Verde como gran aliado de la fuerza política dominante local. En aquellos años del priísmo fuerte, el Verde comenzaría a ganar distritos en Cancún con José “Pepe” de la Peña, Remberto Estrada, Ana Paty Peralta y Santy Montemayor, e instalarse como una fuerza municipal importante.
Pero en medio de ello, el propio Jorge Emilio se convertiría en senador por el estado. Fue la época en la que el líder Verde operaba políticamente en público. En aquella ocasión, fue en fórmula al Senado con el propio Félix González en la elección presidencial de 2012 (no había fórmulas de paridad en esos años).
De hecho, el primero de la fórmula era Jorge Emilio (con la banca en el Senado asegurada) y Félix era el que empujaba con los votos desde la segunda posición. Si bien Andrés Manuel López Obrador ganó la elección presidencial en el estado por 4 puntos ante Peña Nieto, la fórmula Jorge Emilio-Félix le ganó por 3 puntos a la del perredismo, que encabezó Luz María Beristain. En esos años, se dice, el líder Verde soñó con ser gobernador del estado.
Pero el punto máximo para el Verde en aquella alianza con el PRI lo alcanzó en 2016, cuando el partido se quedó con candidaturas en varios distritos de Cancún, y la presidencia municipal para Remberto Estrada. Sin embargo, ahí se truncó el proyecto con la llegada de Carlos Joaquín la gubernatura.
¿La próxima coincidencia entre ambos procesos políticos será la presidencia municipal de Benito Juárez para Pablo Bustamante en 2027, pero ahora con gobernador propio también?.
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MÁS COINCIDENCIAS
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Otro aspecto parecido entre el armado de esos dos procesos sucesorios tiene que ver con la forma en que se construyeron esas candidaturas. Tanto “Gino” Segura como “Beto” Borge fueron proyectos absolutamente armados por sus gobernadores.
Félix hizo a Beto primero su secretario particular, y luego Tesorero, Oficial Mayor, presidente del PRI y finalmente diputado federal. De allí saltó a la candidatura a la gubernatura. Mara hizo a Gino Segura su Oficial Mayor en el municipio de Benito Juárez, y luego Secretario de Finanzas, Senador y candidato a gobernador. O sea, la carrera de ambos candidatos depende 100% de sus protectores políticos.
Y los dos nacieron políticamente en un mundo donde todo se puede hacer.
Para que Beto ganara la elección en 2011 se encarceló a Greg Sánchez, que era el candidato del PRD. Poco después de asumir, Beto pasó a formar parte de lo que se llamó el “Nuevo PRI” de Peña Nieto, un grupo de jóvenes con una supuesta visión más moderna y profesional de la política, que en realidad se convirtieron en virreyes que hicieron y deshicieron en sus estados sin dar explicaciones a nadie. El final de ese proceso es conocido por todos
Gino llegará al poder en un entorno similar. En el estado no tiene rival para la gubernatura; la oposición casi no existe; la oposición interna en MORENA va camino a ser aniquilada, y el Ejecutivo maneja a los Poderes Judicial y Legislativo como si fuesen oficinas subalternas de tercer o cuarto nivel.
El entorno nacional de Gino, incluso, es mejor (¿o habría que decir peor?) al de Beto. Peña Nieto tenía oposición, fundamentalmente la de AMLO, un opositor eficaz y feroz. MORENA no tiene oposición alguna, sólo algunos medios de comunicación, y sus gobernadores son, con escasas excepciones, iguales o peores que los virreyes priístas.
Es decir que la opción de que Gino Segura sea o no un buen gobernador dependerá exclusivamente de él; no habrá nadie que lo frene. En el ámbito nacional MORENA es un caos absoluto, con escándalos de corrupción que le estallan cada semana. Claudia Sheinbaum ni siquiera va a saber lo que pasa en el estado, porque va a estar apagando otros incendios, como el del INE actualmente.
Ahí está, quizá, el mayor riesgo a futuro: la posibilidad del gobierno de un sólo hombre sin límite alguno.
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¿ALGUNAS DIFERENCIAS?
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Finalmente, un dato nada menor. Ambos, Beto y Gino, son parte de las transiciones gubernamentales más largas de la historia en el estado; o sea el tiempo entre que son elegidos candidatos y asumen el poder.
Beto ganó la elección en julio de 2010 y asumió en abril de 2011; 9 meses. Gino fue elegido como virtual candidato de MORENA en septiembre pasado y asumirá en septiembre 2027; un año.
En ese punto hay algunas diferencias que trazar. La sucesión de Beto y Félix fue muy institucional. Se hizo como decía el Manual de la Política. A pesar de que Beto era una construcción política de Félix, desde que se hizo candidato fue ganando sus espacios. En eso el PRI tenía formas y formalismos muy institucionalizados.
En el caso de Gino es aún una incógnita. El candidato empieza a plantarse en algunas negociaciones, pero aún no queda claro cuál es su lugar. Desde que fue elegido como el sucesor, Gino empezó a tomar decisiones en muchos ámbitos, como una suerte de lenta transferencia de poder. Pero no se ha concretado más allá de “encargarle” que vea ciertos asuntos.
Por lo pronto, sin embargo, lo que se ha consolidado es la trinidad que maneja la política local. Mara Lezama, su asesor Cuitláhuac Bardán, y ahora Gino están en esa mesa. Si en una reunión política decisiva no están los tres, es porque todavía falta algo para que se cierre el acuerdo. Es un avance grande. Por supuesto, siempre aclarando que quien conversa con Palacio Nacional es principalmente Jorge Emilio.
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LO QUE SIGUE
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El tema ahora es saber cómo sigue esta historia de Gino como gobernador. Beto nunca pudo zafarse del todo de la influencia de Félix (y eso quizá no fue malo para él). Una parte fundamental fue su culpa: sus largas ausencias del poder permitieron que alguien como su antecesor, que además era Senador, pudiera mantener una cuota importante de control e influencia.
De Gino, en ese sentido, se espera un comportamiento muy diferente. Su formación militar y su disciplina parecen alejarlo de aquellos riesgos de las largas ausencias. Es un hombre inteligente, profesionalmente formado, asiduo a los deportes, no propenso a los vicios, y con un carácter claramente componedor. En las discusiones de poder siempre trata de buscar los acuerdos antes que las imposiciones.
Pero debe superar aún dos barreras que pueden cambiar todo. Por un lado, ver qué impacto produce en su persona el Poder real. Hasta ahora sólo ha visto las sombras. Pero cuando un Poder tan grande se asienta en alguien, le cambia hasta la mirada. Allí sabremos quién es Eugenio Segura.
Lo segundo es saber cuál será la influencia de Jorge Emilio y Mara en su gestión. Del líder Verde habrá que esperar lo que siempre pide: espacios preferenciales en las rutas del dinero y la construcción de un proyecto político con nombres propios hacia el futuro (eso ya está en marcha, como explicó esta misma columna la semana pasada).
Lo de Mara aún no está claro. Si la gobernadora accede al gabinete de Claudia Sheinbaum, seguramente su influencia será mayúscula. O tratará de serlo. Si va a una Embajada o Consulado, su figura se irá extinguiendo. Si se aleja de la política, la desaparición será casi total.
Y no es para nada lo mismo una Mara presente que una Mara ausente.
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FINAL
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