Hugo Martoccia – Mesa Chica
No es la crisis de seguridad ni las inundaciones ni los constantes errores políticos. Parece que el principal factor de preocupación del presidente municipal de Benito Juárez, Remberto Estrada, debería ser la historia. La alcaldía de Cancún no ha sido, a pesar de los números electorales, el camino a la gubernatura del estado, que es el sueño mayor del alcalde y el Partido Verde Ecologista ¿Podrá Remberto romper ese maleficio?
Nunca un presidente municipal de Cancún llegó a la gubernatura. O mejor dicho, solo lo logró a principios de los años 90 del siglo pasado Mario Villanueva. Pero era un momento diferente. En esa época, la presidencia de Cancún se decidía fundamentalmente en un despacho de Chetumal, y el PRI tenía una hegemonía imbatible.
Desde que Cancún ganó peso electoral, político y económico propios, sus alcaldes se han sentido destinados a la silla mayor del poder estatal. Pero no lo han logrado.
Dentro del PRI casi no hubo chances reales. Lo quiso lograr Carlos Cardin (1993-1996) y la lideresa del FUC, Magaly Achach (1999-2002) pero la suerte no los acompañó. Jugaron todas sus fichas, y solo les sirvió para convivir, entre malas y buenas, con los mandatos de Joaquín Hendricks, Félix González Canto y Roberto Borge, que gobernaron el estado sucesivamente entre 1999 y 2016.
Pocos saben si Francisco Alor cuando gobernaba Benito Juárez (2005-2008) habrá pensando en ser gobernador. Pero nunca tuvo posibilidades. Hasta el último priista, Paul Carrillo (2013-2016) quedó fuera de la carrera electoral, aún cuando tenía buenos números en las encuestas. Su chance de ser el tercero en discordia entre los candidatos de Félix González y Borge, nunca sucedió.
Los alcaldes de oposición son los que más cerca llegaron. Juan Ignacio García Zalvidea (2002-2005) primero desde el Partido Verde, y luego con una coalición política que lideraba el PRD, llego a competir por la gubernatura en 2005. Estuvo cerca pero no pudo con Félix González Canto; perdió por seis puntos porcentuales.
Gran parte de la culpa, es cierto, la tuvo una coalición liderada por el PAN, que puso de candidata a Addy Joaquín, y le quito votos a la oposición.
Seis años más tarde fue Gregorio Sánchez (2008-2011) Otra vez una coalición de izquierda estuvo cerca, al menos en las encuestas. Pero antes de la elección, el entonces alcalde de Cancún fue detenido por presuntos nexos con el crimen organizado, acusaciones de las que luego fue declarado inocente. Esa oportuna detención permitió que Roberto Borge ganara la elección sin problema alguno.
El último alcalde opositor de Cancún fue el perredista Julián Ricalde (2011-2013) Desde el momento en que no pudo retener el municipio para su partido (esa elección la ganó Paul Carrillo) su posibilidad de luchar por la candidatura menguó considerablemente. Por las dudas, Borge lo sometió a una tenaz persecución política para quitarle cualquier esperanza que aún pudiera albergar.
La historia de esos sueños no cumplidos ha vuelto estos días a la política local. El mal momento por el que atraviesa el alcalde de Cancún ha hecho recordar a varios, propios y extraños a la estrategia electoral del Verde, que hasta el día de hoy Cancún ha destrozado futuros políticos.
El gobernador del estado sabe eso y se preocupa por la elección inminente. Las posibilidades de ganar Benito Juárez son mayores que hace tres o cuatro meses, pero aún así no hay una estrategia definida. Días atrás le preguntó a un par de dirigentes panistas cuál era su análisis de Cancún. Los panistas le hablaron sin ambages: estamos bien en las encuestas como partido, pero no tenemos candidato, le dijeron. En el PRD ni siquiera se preocupan por pensar nombres.
El mandatario mira a su alrededor y solo hay dos funcionarios de su gabinete que podrían encajar en un plan electoral; el secretario de Finanzas y Planeación, Juan Vergara (a quien ha placeado varías veces como un activo electoral) y el Secretario de Gobierno, Francisco López Mena. Por razones diversas, ninguno de los dos parece hoy un candidato viable.
Además, no habrá una figura electoral que pueda intentar cargarlos a su espalda. Carlos Joaquín perdió en Cancún la elección de gobernador, y ninguna encuesta dice que ese ánimo social haya cambiado.
El tema se convierte en una suerte de ironía del destino: se creó la situación óptima que todos esperaban para ganar Cancún (el debilitamiento de Remberto) pero, hasta hoy, nadie tiene cómo aprovecharlo. El PRI no decide si será acompañante del Verde o jugará una carta propia. Y MORENA, que podría captar los numerosos votos de Andrés Manuel López Obrador, no tiene hoy una figura electoralmente rentable en el municipio.
En el Verde Ecologista conocen bien la situación. Saben que el alcalde no pasa un buen momento, y que debe ir por la reelección si pretenden gobernar el estado. Han decidido, entonces, ir a lo básico: la exitosa estrategia del reparto despensas no solo se va a mantener, sino que se va a intensificar y diversificar. La seducción a la esquiva clase media quedará para el futuro.
En un escenario fraccionado y sin candidatos fuertes, con eso les alcanzaría para retener el municipio.
Pero a pesar de los cálculos, y aún si todos la números fuesen los que ellos esperan, más allá los espera la historia, que no ha sido grata para los alcaldes de Cancún.









