La semana más difícil

La semana más difícil
Hugo Martoccia – Mesa Chica

 

El Gobierno del Estado se ha enfrentado estos días a una de esas semanas que suelen templar o debilitar el carácter de las administraciones. El warning del Departamento de Estado cayó como un balde de agua fría en un momento difícil. No fue una noticia inesperada, pero se inmiscuyó en un ambiente enrarecido por un cierto descontento del gobernador con su gabinete.

Carlos Joaquín había sido claro con sus funcionarios a fines de la semana pasada: algunas cosas no marchan como él quiere. Se los dijo en una reunión de gabinete tensa que culminó con todos los funcionarios ofreciéndole la renuncia.

No fue un hecho dramático, simplemente el cruce de opiniones derivó en lo más natural; que los funcionarios pongan sus puestos a disposición del Gobernador. “Si la carreta no anda como el jefe quiere, hay cambiar los caballos”, explicó uno de los presentes.

Los funcionarios esperaban que el gobernador decidiera quien se va y quién se queda. El mandatario se guardó esa decisión para más tarde; no le pareció prudente hacer ese revuelo antes del Primer Informe de Gobierno.

Quedó en el aire la sensación de que el gabinete no va a terminar el año igual a como está actualmente. Las secretarías de Salud y Educación son las primeras señaladas.

Es increíble, pero esa lógica de cuidar al gobernador que se generó en la reunión, no aparece en la gestión. Uno de los problemas principales de Carlos Joaquín es que parece ser el fusible de la administración. No hay una pared de contención de los problemas antes de que lleguen a él.

El polémico caso de los uniformes escolares licitados a una empresa de Puebla fue el mejor ejemplo. Y sucede casi siempre. Tampoco existe en el gabinete una voz lo suficientemente fuerte para orientar o al menos participar con más peso en la agenda pública.

Todo debe pasar por el gobernador; y esa sobre exposición lo desgasta.

 

LAS FALLAS

 

La queja del gobernador con sus funcionarios fue más allá de errores puntuales. Está incómodo con el ritmo de la gestión. Le parece que hay demoras injustificables en la toma de algunas decisiones. Quiere un Gobierno más ágil y eficiente.

Hay que decirlo; es difícil que este mismo gabinete pueda dar resultados diferentes. Desde este espacio se ha dicho varias veces que uno de los mayores problemas, desde el inicio de la administración, ha sido la falta de cohesión de los grupos que están debajo del gobernador.

No se trata, por supuesto, de que sean amigos ni nada parecido. Al final, es el poder lo que se discute en ese ámbito. Pero debe existir como concepto integrador un mismo proyecto que los agrupa.

Eso no ha sucedido. Muchas veces esos grupos operan y presionan para objetivos diferentes, aún a costa de lastimar el proyecto político que los contiene. En el fondo, esa fue la queja del Gobernador contra su gente.

 

MAL MOMENTO

 

El warning del Departamento de Estado de Estados Unidos llegó en un mal momento. Ese documento no dice nada que no se conozca. Han crecido los homicidios en el Estado, y los enfrentamientos entre grupos del crimen organIzado se dan en lugares públicos y pueden ser riesgosos para los turistas. Ese es el punto central del warning.

La realidad es que se trata de un texto bastante condescendiente con Quintana Roo. El problema es la inclusión del nombre de Estado en ese documento. En los días que siguieron a la publicación del warning, diarios de todo el mundo se hicieron eco de la información. Ese es el problema más grande; el impacto mediático de un informe que no dice demasiado.

Para colmo de males, la violencia pareció tomar un nuevo impulso después del warning. En el Gobierno no creen que esa situación sea una casualidad. El gobernador siempre ha dicho que quieren poner las cosas en orden, y ese orden molesta a mucha gente.

Hubo dos ataques en la Quinta Avenida, un intento de ejecución y un robo espectacular a una joyería, y también un intento de secuestro en la carretera, con final en Puerto Morelos. Todo eso sucedió. Los dos últimos casos, debe decirse, se resolvieron bien y rápido.

Además, se debe contar un intento de ejecución en el corazón de Punta Cancún. Todos hechos espectaculares mediáticamente, que ahondaron la sensación de inseguridad.

En ese contexto, Carlos Joaquín encara su Primer Informe de Gobierno con dudas razonables sobre la eficiencia de sus colaboradores. Los funcionarios que quieran revalidar sus puestos en las próximas semanas, deberán abandonar la inercia y demostrar resultados.

La primera etapa del Gobierno, esa en la cual todo podía achacarse al pasado, se esfuma. Es el devenir natural de cualquier administración: el pasado queda cada día un poco más lejos, y el presente lo acapara todo.