Hugo Martoccia – Mesa Chica
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A dos semanas del 2 de junio, y con un proceso electoral bastante incierto, el escenario político post elecciones para Mara Lezama muestra una gama de colores que van del rosa al negro. Esa gama va desde la idea de un escenario controlado, basado en una victoria contundente, hasta un complejo proceso de transición hacia 2027, con una oposición fortalecida y con voluntad de poder.
¿Cual es el escenario más probable? Difícil saberlo, por la disparidad de números que hay dando vueltas. Pero hay algunos datos objetivos que permiten tener un cierto panorama general.
Por ejemplo, hay lugares donde la oposición parece haber decidido sólo pelear el segundo lugar (la mayoría de los distritos locales y federales, por ejemplo) y otros donde la apuesta a ganar es total (Solidaridad como bandera).
En MORENA y la 4T es el mismo efecto, pero observado desde el otro lado. Sienten que hay varias elecciones que ya están ganadas. Pero también hay una sensación de que ciertas campañas se están apagando, y van quedando sin el fervor necesario para el cierre, que es lo más importante. Nombres que no están, referentes que no aparecen y cierto enojo o decepción en las bases, que en muchos lugares no se sienten representadas.
En las últimas reuniones de su equipo más próximo la gobernadora prácticamente sólo calificó de manera positiva la elección en Tulum, donde se habla de 34 puntos de diferencia con MC. Para todos los demás candidatos municipales hubo quejas diversas y hasta datos preocupantes.
Como nadie ve las encuestas que Mara tiene, porque la gobernadora no se las muestra a los candidatos, nadie sabe si esa preocupación es real o sólo una forma de evitar que se relajen. Pero es lo que se ha dicho allí, en el búnker del poder.
Entre toda esta especulación, se pueden observar, sin embargo, cuatro escenarios probables para lo que viene. Vamos a repasar uno por uno.
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I.- MAREA GUINDA
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Continúa siendo el escenario más probable según el morenismo. Esperan un triunfo en todos los cargos en disputa. Eso dejaría a Mara en una posición de poder consolidado para manejar su sucesión con Gino Segura, Ana Paty Peralta, o el nuevo favorito, Diego Castañón. La elección presidencial y los puestos federales (donde se prometieron 600 mil votos, pero ya redujeron a 500 mil) marcarán el peso nacional de Mara, pero también la ayudará en ese objetivo un estado pintado totalmente de guinda
El mar de fondo de ese escenario, sin embargo, contiene algunos desafíos. Por ejemplo, en el estado todos saben que ese probable mapa pintado de guinda no lo es tanto. Atenea Gómez, en Isla Mujeres; “Chepe” Contreras, en Bacalar, o los verdes que ahora están en MORENA, por ejemplo, son parte de una decisión política que tiene que ver con la construcción de poder y el pragmatismo, pero no con la consolidación de un proyecto propio ligado al lopezobradorismo. No hay tal color guinda, para decirlo claramente.
O sea, lo que eso quiere decir es que la 4T es, en realidad, menos sólida de lo que parece, y su amplitud tiene que ver con que los límites ideológicos para pertenecer, prácticamente desaparecieron. Cualquiera puede ser de la 4T si garantiza un triunfo. Habrá que ver cómo eso impacta en la construcción futura.
El otro aspecto que una elección triunfadora no puede esconder, es hacia dónde va el Gobierno de Mara. Es natural pensar, a casi dos años de gestión, que se esperen algunos cambios de forma y de fondo. Pero no queda claro si esos cambios (si los hay) se basarán en el pragmatismo o en la profundización de la 4T. Porque hay un mundo de distancia entre ambas opciones.
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II.- UN LEVE RUIDO POLÍTICO
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Un escenario aún favorable pero con algún impacto político, sería un triunfo de la oposición en algunos lugares no tan determinantes. En ese bloque aparecen elecciones como José María Morelos o el distrito 8 de Cancún. Quizá algún resultado desfavorable como esos prendería algún foco amarillo en la 4T de cara al futuro. Sin embargo, no podría esperarse gran cosa. Ninguna de esas demarcaciones tiene peso político de impacto estatal, ni alcanzaría para conformar un bloque opositor sólido.
Una potencial victoria del candidato de MC en Morelos, Francisco Puc, “Xiximak”, no sería más que un efímero festejo. Xiximak puede ser adversario electoral de Mara. Pero como alcalde, no podrá ser rival político de la gobernadora porque su gestión sería inviable.
Lo mismo en el Congreso. Si el PAN ganara el distrito 8 con Cristian Pérez, apenas podría engrosar la escueta lista de diputados plurinominales de la oposición que incluiría a José Luis Pech, Filiberto Martínez y Reyna Tamayo, en el mejor de los casos. No parece que pueda construirse un proyecto opositor desde allí.
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III.- UNA OPOSICIÓN REAL
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Un escenario muy distinto surgiría si la 4T pierde Solidaridad, Othón P. Blanco o Cozumel. Cualquiera de esas derrotas probables sería un golpe durísimo al proyecto de Mara.
Othon P. Blanco incluye a la capital del estado, Chetumal, a la que Mara le ha brindado una atención como hace años no se le daba. Perder allí sería un reclamo directo al proyecto, y tendría un valor simbólico fundamental.
Algo similar podría ocurrir con Cozumel. MORENA le sacó la candidatura a la reelección a Juanita Alonso porque consideró que hizo un mal Gobierno. Una derrota allí significaría que la gente también creyó lo mismo y no está dispuesta a premiar un fracaso.
Pero nada de eso tendría el impacto de una derrota en Solidaridad. Si Lili Campos gana la elección se convertirá inmediatamente en la candidata de la oposición para la gubernatura en 2027. En ese caso, por primera vez desde que ingresó a la política, Mara tendría que lidiar con una oposición real que no podría manejarse desde Palacio Nacional ni con un gobernador amigo.
Un escenario distinto, complejo, en el cual la gobernadora debería gestionar sus propios acuerdos de cara al 2027.
Y eso aún puede empeorar en el cuarto escenario.
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IV.- CRISIS
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