Hugo Martoccia – Mesa Chica
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La troupe de legisladores maristas quintanarroenses (y otros que no se sabe ni siquiera de dónde vienen) se enteró en los últimos días que la política no es sólo aceptar órdenes, mencionar varias veces alguna muletilla de la 4T o aparecer en alguna red social acariciando animales o describiendo el desayuno del día. A veces hay que hacer algo de política, lo que incluye, entre otras cosas, leer, aprender, preguntar, dialogar, acordar y, si es necesario (esta vez lo fue) establecer estrategias para enfrentar una mala noticia.
La reforma a la Ley Federal de Derechos que obligará a los pasajeros de cruceros a pagar 42 dólares para desembarcar en nuestros puertos, mostró que los representantes legislativos de Quintana Roo, al menos en su gran mayoría, no tienen los reflejos políticos para enfrentar una situación que pudiera devenir en una crisis. Una industria vital del estado podría estar tambaleándose y, como se dice coloquialmente, “no pusieron ni las manos”.
¿Falta de oficio político, capacidad o práctica? Seguramente un poco de cada cosa. Esta camada de legisladores (la lista va mucho más allá de legisladores, debe decirse) ha sido construida bajo el manto protector del lopezobradorismo y, se sabe, ese término no significa lo mismo en todos los rincones del país. En el caso de Quintana Roo, ser un funcionario o servidor público lopezobradorista sólo exige ponerse una camisa guinda en la campaña electoral y pronunciar unas cuantas frases hechas. Literalmente. Si alguien le quiere agregar otros atributos (y hay quien lo hace, por suerte) es una cuestión personal.
Pero “la causa” no exige otros requisitos. Y en estos días eso quedó muy lamentablemente a la vista.
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REPRESENTANTES
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Si bien el impacto mediático de la información le cayó al Senado, y por consiguiente a los representantes estatales en la Cámara Alta, Eugenio Segura y Anahí González, el problema venía de antes. De hecho, al menos Gino y Anahí pudieron poner la cara y pedir que el pago por pasajero de crucero se difiera algunos meses. No lograron nada, pero tampoco estuvieron ausentes del debate.
Aún así, para el delfín “Gino” Segura no fue una buena semana. Su debut como presidente de la Comisión de Turismo del Senado lo puso ante una situación para la cual evidentemente no se había preparado y no supo cómo enfrentar. Pero la buena noticia de todo esto es que puede ser una señal de alerta importante hacia el futuro. Quizá obligue a hacer algún leve rediseño en la estrategia de asociarlo sólo con árboles y perritos. Un senador y candidato a gobernador de Quintana Roo tiene bastantes más temas para abordar.
Días antes, el papel de los diputados federales fue mucho peor: ni siquiera habían visto lo que votaron. Y eso, los pocos que fueron a votar; apenas 3 de los 7 que representan al estado.
Todo tiene que ver con todo: a 2 de esos 7 diputados federales, Enrique Vázquez, de MORENA, y Ernesto Sánchez, del PAN, no los conoce nadie en el estado. Y nadie sabe porqué representan a Quintana Roo. Quizá por eso ni siquiera se dieron cuenta lo que estaba pasando.
Los otros 5 tienen variados currículums políticos. Están los morenistas Humberto Aldana, Mildred Ávila y Marybel Villegas, y los verde ecologistas Juan Carrillo y Santy Montemayor. Todos fallaron por igual.
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LA LÍNEA DE TIEMPO
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Hay que hacer un breve repaso cronológico de los hechos para entender cómo se gestó esta situación.
El Paquete Fiscal del Gobierno Federal llegó a la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión el 15 de noviembre y se aprobó en Comisiones 10 días más tarde. Un Paquete Fiscal es un universo de información muy difícil de comprender. Pero lo mínimo que se le pide a quienes representan al estado en esa Cámara es que se informen de lo que puede impactar en su terruño.
Pero ninguno de los 7 diputados lo vio. O si lo vio no le importó o prefirió no mencionarlo. A veces funciona. Cuando el tema llegó al Senado, ya era un escándalo.
Un adelanto: ahí llegará en breve la información del Presupuesto final federal hacia Quintana Roo con otras sorpresas desagradables.
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EL FONDO
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Más allá de los vaivenes legislativos, el tema tiene dos vertientes claras, el económico y el político. Mara Lezama fue la única que encontró un discurso en ese caos. Apoyo total al Gobierno federal, pero no podemos perder competitividad, dijo. Una salida más o menos negociada es la única posible.
La gobernadora debe hacer un equilibrio difícil entre el apoyo total a la 4T y a la Presidenta Claudia Sheinbaum, y a la vez evitar el impacto a dos zonas muy complejas de su geografía política, económica y social, como son Othón P Blanco y Cozumel, los dos principales damnificados por esta medida federal, y a su vez algunos de los sitios donde MORENA y la 4T están en mayores problemas para el 2027.
La situación de fondo es compleja. Los cálculos que hacen en la industria turística dicen que la recaudación para el Gobierno federal por este Derecho podría alcanzar los 10 mil millones de pesos, y dos de cada tres pesos serán para financiar los proyectos de la SEDENA. Lease, por ejemplo, el deficiente Tren Maya.
Esta semana hubo una noticia impactante. El Tren ha tenido este año un deficit de 11 mil 800 millones de pesos contra una recaudación de poco más de 130 millones. Un caos financiero. De algún modo hay que tapar ese boquete. Y seguramente eso escuchará Mara en la Secretaría de Hacienda cuando busque caminos para negociar. Le van a decir que quién mejor para financiar ese déficit que Quintana Roo, que debería ser el estado más beneficiado con el Tren.
Si Mara consigue una prórroga, sería demasiado bueno para ella y para el estado.
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OTRAS VOCES OTROS ÁMBITOS
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