Mara puso los candidatos y construyó poder, pero el marismo no ha nacido

Mara puso los candidatos y construyó poder, pero el marismo no ha nacido
Hugo Martoccia – Mesa Chica 

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Mara Lezama es una formidable constructora de poder. Sólo hay que ver el camino recorrido desde su llegada casi solitaria al palacio Municipal de Cancún en septiembre de 2018, a este momento estelar. Controla todas las áreas del gobierno y de la política, y trabaja a destajo para pintar de guinda todo el mapa estatal el 2 de junio. Pero en esa construcción, la gobernadora parece haber dejado de lado la creación del marismo post AMLO, ese proyecto propio y superador que debía nacer con esta elección. 
El marismo que existe no tiene el tamaño suficiente para discutir las grandes cosas del poder. Parece más bien encaminado a acompañar la transición de 2027 desde algún lugar cómodo. Y poco más. 
Incluso, podría decirse que una de las cuotas de poder más importantes que tiene el marismo aun está en Cancún. A la cabeza de ese grupo está Miguel Ángel Zenteno como síndico de Ana Paty Peralta, y también Pablo Gutiérrez, actual alcalde interino, que es muy posible que siga en ese proyecto. Pero en el resto del estado hay poco o nada. 
No es que no haya nacido, en parte, una clase política nueva. El tema es que lo que hay no puede atribuirse absolutamente a Mara. De hecho, muy poco de lo que hay puede considerarse marismo. 
El tema de fondo es saber si la decisión de construir poder con figuras heterogéneas y muy alejadas de cualquier concepto de 4T y de marismo es una decisión de la gobernadora, o lo decidieron las circunstancias. O quizá el marismo es eso: la capacidad de armar un rompecabezas con piezas que a priori parece que no van a encajar. 
El efecto de esto es que hoy Mara tiene el control de todo y de todos, pero es el control natural del poder; y mucho más por cómo se vive ese poder en Quintana Roo, donde la gobernadora es siempre la jefa política de propios y extraños. Pero muy pocos de los que hoy están en ese poder le deben o le deberán a ella lo que tienen.
Aunque quizá los pocos que se lo deban sea suficiente para su proyecto, su tranquilidad y su futuro. 

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LOS NOMBRES 

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La lista de candidatos a presidencias municipales es toda una señal de este escenario que aquí se plantea. No hay un sólo marista en ese bloque. Veamos.
De morenistas de la primera hora quedan Yensunni Martínez en Othón P. Blanco, Mary Hernández en Felipe Carrillo Puerto, y Erik Borges en José María Morelos. Todos llegaron al poder en el mismo momento que Mara fue a su reelección, en 2021, y entendieron que era la candidata natural a la gubernatura y participaron de ese proyecto. Pero su adhesión al marismo es lejana, circunstancial y momentánea.
Ana Paty Peralta, de Cancún; Diego Castañón, de Tulum; Estefanía Mercado, de Solidaridad, y Blanca Merari, de Puerto Morelos, tienen una línea política que viene de otro lado. Se han acercado al marismo sólo como la opción natural en donde desarrollar su voluntad de poder. Y qué decir de José Alfredo “Chepe” Contreras, de Bacalar; Nivardo Mena, de Lázaro Cárdenas, o Atenea Gómez Ricalde, de Isla Mujeres, que ni siquiera deben tener a Mara como el contacto político más frecuentado de sus teléfonos celulares. Su participación en el marismo es casi accidental y muy traumática. 
El caso de José Luis Chacón, de Cozumel, podría ser especial. Aunque su pertenencia política es otra, podría decirse que le debe a Mara su candidatura, algo que quizá nunca iba a tener sin ella. ¿Eso es suficiente para ser el primer alcalde marista? Difícil de contestar. Habrá que ver cómo convive con ese tutelaje si gana la elección. 
Que se entienda bien. Esto no significa que esos alcaldes y alcaldesas no respondan a Mara. Hoy son maristas y lo serán hasta el último momento del sexenio. Mara ejerce un control casi personal sobre ellos. Pero no forman ni formarán parte del círculo más cercano de la gobernadora, personal ni político. Y probablemente no quieren hacerlo. 
Esto no disminuye un ápice de poder en Mara; pero muestra a las claras que su proyecto político no incluye al marismo como un continuador de poder. 
En los diputados la situación es igual. De entre los 15 candidatos que van a los distritos, quizá podrían nombrarse como maristas a Erick Arcila y Jimena Lassa, en los distritos 7 y 8 de Cancún, respectivamente. Y luego el primer plurinominal, Jorge Sanén. Nada más 
Más allá, hay nombres como Alberto Batun, Andrea González, Saulo Aguilar o Silvia Dzul, por decir algunos, que están en la misma situación que los alcaldes; son jugadores laterales. Y ni hablar de Tepy Gutiérrez, Renán Sánchez o Ruben Carrillo, por decir algunos, cuyos vínculos políticos no tienen nada que ver con la gobernadora y responden a otra gente y otros intereses, pero que trabajarán para ella mientras haga falta.

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PROYECTO 2027 

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Mara construye poder, eso es innegable. Un poder como no se veía hace mucho. Pero no construye un proyecto que la trascienda.
En ese punto hay quien retruca esa versión, y dice que ahí está el proyecto de Gino Segura de cara al 2027, como la continuidad del marismo. En parte, es cierto. Gino no se mueve como un candidato al Senado sino como candidato a gobernador. Y lo hace bien. 
Se ha dejado rodear por quienes Mara le puso, y ha tejido una red de cortesía política con alcaldesas y alcaldes, a quienes busca cada vez que pasa por sus territorios. No quiere pleitos sino aliados, y se ha convertido, hasta ahora, en una suerte de revelación política. 
Pero aún con todo eso a favor, y si fuese cierto que es el candidato natural para la sucesión de 2027, no se trata de un elemento absoluto del marismo. Gino es la opción natural que le resolvería a Mara varios frentes políticos que ella debe resolver, y que tienen que ver con los acuerdos (válidos, por cierto) que tuvo que hacer para llegar hasta donde llegó.
Gino tiene un pie en cada uno de esos frentes políticos, y su potencial postulación como candidato a gobernador, si finalmente sucede, se decidirá en una mesa que compartirán MORENA nacional, Mara Lezama, Jorge Emilio González, y, por supuesto, requerirá el visto bueno de Claudia Sheinbaum, si finalmente es la Presidenta de la República. Y eso en el mejor de los casos. También podría suceder que todo se decida en otro lugar. 
¿Sería una buena noticia para Mara una candidatura de Gino? Por supuesto que sí. Sería entregar la sucesión a alguien que de alguna manera hizo una carrera política a su lado, y que serviría de nexo, control y acuerdo para los diversos grupos políticos que confluyen en el poder de Quintana Roo. 
¿Hay algún nombre que implique un proyecto más marista a la gubernatura? No hasta hoy. Por ejemplo, es palpable la soledad con la que camina la candidata al Senado Anahí González. Su alianza con Humberto Aldana, Sanen y otros referentes morenistas necesita ser ampliada, y eso no se logra porque cada uno de ellos tiene demasiados adversarios internos. 
Ese grupo podría ser lo más parecido al marismo, pero no tiene fuerza real. Como están hoy, les alcanzaría para estar en las encuestas de MORENA y poco más. 

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EL LEGADO DE MARA 

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Hay quienes ven en esta decisión de Mara de construir poder antes que un proyecto futuro un estratégico plan. Creen que la idea de la gobernadora es marcar su gestión en la historia del estado con algunas referencias (primera mujer gobernadora, programas sociales en la Constitución, apoyo decidido a la mujeres, recuperación financiera del estado, mayor orden en la administración pública, alguna obra emblemática, etc) y terminar con un alto nivel de aceptación social. 
Si es así, antes de construir un marismo el objetivo sería apelar a la tranquilidad y mantener una cuota de poder político. En ese sentido, Mara puede dejar un legado institucional muy fuerte que la trascienda y la proteja. 
Puede dejar un Fiscal General hasta 2032; a fin de este año podría nombrar nuevo Auditor del estado y un Fiscal Anticorrupción, que se podrían mantener hasta 2031; Heyden Cebada podrá ser presidente del Tribunal Superior de Justicia hasta 2032; podrá nombrar dos magistrados de ese tribunal en 2025 por 15 años, y puede dejar un Congreso muy amigable en 2027. 
Su buena relación con Claudia Sheimbaum podría incluso situarla en un espacio nacional. Quizá por eso la idea de pintar de guinda el estado, con quien sea y como sea. Como si interesara más lo que se vea desde Palacio Nacional que desde Quintana Roo. Hay quienes dicen, incluso, que Mara se irá al Gobierno Federal antes de que concluya su mandato, y algunos dicen que tan pronto como el año que viene. Allí empezaría una nueva etapa de una carrera política propia, que no requiere de un marismo que la sostenga. Su legado se iría con ella. 
Por supuesto, hay otras versiones a ese futuro casi idílico. Es una realidad que en una parte de ese marismo que no se construyó, se agigantan los descontentos con la conducción política de la gobernadora.  
Un referente político que estuvo al lado de Mara desde siempre, dijo estos días: 
“Hay un malestar disimulado en el cuarto de guerra y no lo están midiendo bien. A quienes no dicen lo que quieren oír se los relega, y están generando que nadie se sienta parte del equipo”. 
Sin embargo, los mismos que ejercen esas quejas están seguros de que nada de eso será escuchado. El Poder, con mayúsculas, ya se ha asentado sobre ese entorno heterogéneo pero hábil de la gobernadora, dicen. Ese grupo ya sabe cómo filtrar lo que la gobernadora debe o no debe escuchar. El microclima del poder, que le llaman. 
La queja es real y se escucha mucho. Pero si se lee bien, encaja perfectamente con un proyecto que no requiere de esas voces ni de esas personas para permanecer. Si el proyecto de Mara Lezama es ella, su legado y su futuro, el camino que recorre es probablemente el correcto. 
No es nada extraño. Proyectos así han sucedido y sucederán siempre. La política no es tan compleja. De una u otra forma, se repite hace más de dos mil años. Nadie debería creer que está en la etapa fundacional de algo que ya sucedió muchas veces.