Hugo Martoccia – Mesa Chica
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El reparto de las candidaturas a las presidencias municipales y el armado de las planillas de Ayuntamientos en MORENA y la 4T, se entendió como un paso central de la construcción del marismo post AMLO, que ya había iniciado con las candidaturas al Congreso de la Unión y culminará con las diputaciones locales.
Mara Lezama tuvo la cintura y el manejo político para presionar donde debía hacerlo, y soltar lo que no hacía falta tensar. Pero lo que ahora debe analizarse es el resultado. La construcción de un marismo post AMLO requiere de que esa construcción haya sido la adecuada. Más allá de las formas hay que ver el fondo.
¿Con ese heterogéneo grupo de nombres el marismo creará su propio relato político y edificará su propio segundo piso de la transformación?
La construcción de poder es innegable; el origen diverso de esos nombres marca a las claras el intento de colonización política del marismo más allá de sus fronteras naturales. Las dudas se generan, quizá, cuando se intenta encontrar el hilo conductor de ese armado.
¿Cómo compaginar el profundo panismo de Atenea Gómez Ricalde con la lógica de operador político y electoral del sistema priísta en la cual se formaron actores como José Luis Chacón, Chepe Contreras o Juan Carrillo? ¿Cómo inculcarle un cuatroteísmo real a Diego Castañón sin que se pierda en un mero acto de demagogia? ¿Cómo tratar políticamente con el inefable Nivardo Mena, que ejerce sus enojos cambiándose de partido cada cierta cantidad de meses o años? ¿Cómo domar al siempre ambicioso Partido Verde o a este nuevo PT, que descubrió el utilitarismo al entregarle la franquicia a los Sindicatos de Taxistas a cambio de un poco de feliz supervivencia política?.
Mara está muy consciente de todos estos desbalances, pero utilizó la máxima de que se construye con lo que hay, no con lo que uno quiere. Más allá de eso, ha puesto sobre la mesa la exigencia de que no quiere ningún mal gobierno en los municipios, y que va a hacer lo que sea necesario para ello.
Sabe que cualquier error de un alcalde o alcaldesa tarde o temprano le pegará políticamente a ella. Podría decirse que son las espinas de las rosas. Mara ejerce tal centralidad política y mediática, que todo se le atribuye. Lo bueno la engrandece, pero lo malo también se deja atraer por esa fuerza de gravedad.
Ahí está el riesgo potencial de un ensamble con partes tan diversas y hasta contradictorias entre sí.
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LAS RAÍCES DEL ARMADO
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Quintana Roo es uno de los pocos lugares en el país en donde la influencia de Claudia Sheinbaum no alteró los acuerdos locales. Mara se ganó esa distinción y confianza con un acuerdo de fondo: todos los nombres de candidatos debían estar avalados por encuestas.
Las candidaturas de Ana Paty Peralta en Benito Juárez, Estefanía Mercado en Solidaridad y Diego Castañón en Tulum, se construyeron así, peldaño a peldaño. Esas figuras se fueron apuntalando hasta derrotar a sus rivales internos sin atenuantes. No había otra forma de imponerlas. Las candidaturas del Senado y las diputaciones federales no requirieron tanto trabajo; MORENA no tiene rival en esas elecciones y la decisión fue más bien de cercanías políticas y personales.
La reelección de Mary Hernández en Felipe Carrillo Puerto se impuso por sí misma, y la de Yensunni Martínez en Othón P. Blanco y la de Erick Borges en José María Morelos, se posicionaron a pesar de sus discretos números. Una, porque no tiene rivales serios; el otro, porque tiene tantos (la 4T compite separada allí) que el voto se atomiza.
Las dos candidatas, también debe decirse, son las más morenistas en toda la lista de nombres de ayuntamientos, y dejarlas fuera de la reelección hubiese acarreado un problema adicional.
Mara también construyó un acuerdo sólido en Tulum con los Dzul, para darle más volumen político a Diego Castañón, y refrendó la negociación de 2021 con José Alfredo “Chepe” Contreras en Bacalar, cuando se acordó que era mejor que ganara él antes que el PT.
Con Atenea Gómez Ricalde llevó el sentido práctico hasta límite: la alcaldesa panista de Isla Mujeres es candidata de MORENA simplemente porque gana las encuestas. Nada más. Y nada menos. En la 4T de hoy ese atributo vence a todos los demás. Tanto, que pudo esconder todos los negativos potenciales del grupo político que rodea a la alcaldesa isleña, que podría traer muchos dolores de cabeza.
Lo de Puerto Morelos fue aún mas fácil, porque es un tema del Verde. El Partido del Tucán garantiza que tiene aceitada toda la estructura para ganar sin contratiempos. Y así se aceptó.
El resto del partido Verde, o una parte importante de éste, ya ha sido absorbido por MORENA. O, mejor dicho quizá, se incorporó al partido guinda, desde donde el camino hacia los cargos públicos es mucho más fácil.
El PT, por su parte, ha tomado la decisión, aún no aceptada por sus bases, de asociarse a los Sindicatos de Taxistas. A Mara esa decisión no la perjudica en nada. Pero para el PT es una jugada muy riesgosa, que habrá que ver dónde termina.
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LAS EXCEPCIONES
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El peso de las encuestas tuvo dos víctimas: Emir Bellos en Lázaro Cárdenas y Juanita Alonso en Cozumel. No hay que descartar de ninguna manera los amores y desamores políticos en ambos casos, pero las encuestas tuvieron mucho que ver.
Sobre el caso Cozumel, aquí se ha comentado todo el proceso que llevó a José Luis Chacón a quedarse con esa candidatura, que en un principio, por una cuestión de género, era de Juanita Alonso. Chacón se había ganado toda la confianza de la cúpula del poder local, y lo querían en la candidatura, pero fueron las encuestas la que lo acomodaron finalmente.
Renán Sánchez ganó la encuesta general de MORENA en Cozumel, pero Chacón ganaba los careos contra Pedro Joaquín Delbouis, que era lo más importante. Había 20 puntos de diferencia entre él y Juanita. Entonces, no había mucho para analizar.
El caso de Lázaro Cárdenas incluyó otra faceta (casi nueva, podría decirse) de esa construcción política de la gobernadora. A pesar de que en sus encuestas Ismael “Mayito” Moguel estaba mejor posicionado (y por eso se le dio las candidatura en un principio) aceptó finalmente la postura del PT de llevar a Nivardo Mena. En la 4T muchos piensan que no es la mejor decisión, pero Mara decidió no tensar esa cuerda. Dejó que el PT eligiera su destino.
Esa jugada a favor de Nivardo fue otra de las rarezas de esta nueva versión del PT. El partido apostó por la promesa de Nivardo de ayudarlos a juntar votos en otras zonas del estado, pero hay dudas de que vaya a cumplir esa promesa. Parece que tiene otros acuerdos anteriores que cumplir.
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¿LO NUEVO Y LO VIEJO?
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Mientras Mara construye la continuidad de su proyecto, en Solidaridad se gesta una batalla de resultado impredecible. La panista Lili Campos ha logrado congregar a gran parte de la “vieja guardia” playense para hacer un frente común contra MORENA.
Carlos Joaquín, Gabriel Mendicuti, Marciano Toledo, Filiberto Martínez, Roman Quian; todos esos ex alcaldes tiene algún lugar interés alrededor de la panista, y van en frente común contra Estefanía Mercado y MORENA.
Hay quien ve en ese enfrentamiento una guerra de fondo entre la nueva y la vieja guardia de la política, que se pelea mucho más que unos puestos públicos: es un negocio formidable que todos quieren morder. Si existe o no esa guerra entre lo nuevo y lo viejo, es discutible. Lo que no es discutible es que para Mara es más que eso: debe ganar ese bastión opositor, porque si no desde allí se gestará su oposición para 2027 y su marismo post AMLO quedará trunco y será menos poderoso que el actual.
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EL SEGUNDO PISO
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