Hugo Martoccia – Mesa Chica
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La aparición de Rafael Marín Mollinedo en un evento de una comisión del Senado para recibir un reconocimiento, generó posiciones y lecturas diversas en el ámbito político. La más evidente, sin embargo, fue quizá la menos señalada. En los hechos, se trata del primer acto informal de campaña del director nacional de Aduanas hacia la gubernatura en 2027.
Ese dato, que podría ser menor o cotidiano en cualquier otro ámbito, no lo es en Quintana Roo. La aparición de Rafa implica que el marismo, la fuerza política dominante desde 2018, tendrá en frente quizá el mayor reto que jamás haya tenido a su larga y fructífera hegemonía política.
Y ese tampoco es un dato menor. El marismo es una fuerza política que ha llegado a ejercer un poder pocas veces visto en el estado, al menos desde la caída del PRI hegemónico. Maneja con mano de hierro no sólo lo que es su ámbito de competencia (el Ejecutivo) ni sus naturales derivaciones políticas (el Legislativo) sino que también ejerce un control absoluto sobre el Poder Judicial (que se acrecentará después de la elección de junio) los partidos políticos de oposición, todos los organismos autónomos y sus sistemas ese contralorías, y los 11 municipios, en temas que van desde el manejo de los recursos hasta la organización de un evento del día del niño.
Semejante construcción de poder debería ser casi un antídoto contra la oposición interna. Pero parece que Rafael Marín tiene otro planes.
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CAMPAÑAS Y RETROCESOS
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El impacto mediático que tuvo ese reconocimiento a Rafael Marín en la Comisión de Asuntos Frontera Norte del Senado, por sus dos meses frente a la dirección de Aduanas (la justificación y el espacio institucional del “premio” lo dicen todo) moderó un poco la euforia de los propios rafistas. Algunos dijeron, entonces, que no se trató de un acto de campaña sino de un evento formal de un funcionario público.
La realidad es que la propia construcción de ese evento muestra cual era su objetivo. Armar algo así implica una operación política entre los muy nutridos contactos de Rafa en MORENA, para avisarles que él quiere ser candidato a gobernador. De otro modo, nada tenía sentido.
Y, a la par, tiene que haber un grupo de senadores y empresarios que decidan participar, a sabiendas de cual es el mensaje y a quién están desafiando en Quintana Roo.
El caso más evidente fue el de Anahí González. La senadora dio un discurso en el cual habló enfáticamente del “liderazgo” de Rafa. Su presencia y sus palabras fueron entendidas como una clara señal de pertenencia a ese proyecto. Pero además una señal de que su propio proyecto, el de la presidencia municipal de Cancún, está supeditado al de su líder.
Por supuesto que algo así llama la atención. Anahí es quizá una hechura política de Marín; con él inició su camino. Pero Mara le dio a su carrera una dimensión de un nivel casi inesperado. Hasta hoy, nadie con la injerencia de Anahí en ese entramado marista había expresado con tanta efusividad que tiene un candidato que no es el de Mara Lezama.
Ese poder que Mara construyó, y del que ya se hablo más arriba, no permite demasiadas disidencias.
En el marismo dicen que ese apoyo de la senadora no pasa de ser un buen gesto con su amigo y referente, porque en realidad Anahí no está promoviendo realmente a Rafa ni armando estructuras a su favor. Puede ser, pero el efecto es mediático y de formas. Y ese efecto se notó.
Incluso, en el marismo detectaron que fue la propia senadora la encargada de invitar a algunos de sus compañeros al evento, y entre esas invitaciones nunca estuvo la de Eugenio “Gino” Segura, el principal “damnificado” de todo esto.
Nadie ha podido confirmar esa versión, pero algo sucedió, porque apenas unos pocos días después Anahí apareció con Gino en un evento político y de campaña en Felipe Carrillo Puerto, y luego acompañó a la gobernadora a la fiesta de El Cedral en Cozumel. Quizá le recordaron algunas cosas. O ella por sí misma decidió moderar su postura. O, también debe decirse, quizá fue una simple casualidad.
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EL DESAFÍO
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Hay quien dice que a Rafael Marín no le alcanza con los números que tiene en las encuestas ni con sus apoyos políticos para pelear realmente la gubernatura en 2027. Y argumentan que en su carrera política, Mara ha tenido que enfrentar retos muy poderosos y este sería sólo uno más.
Pero ninguna de las dos cosas es realmente relevante o cierta.
Primero, que hoy los números no le sonrían a Rafa Marín no tiene nada que ver. De hecho, cualquiera de los funcionarios de MORENA que hoy gobiernan (todos y todas; desde el primero hasta el último) antes de ser candidatos de MORENA tenían como mucho un dígito de aprobación en cualquier encuesta, y subieron a 40 puntos y para arriba cuando les pusieron la casaca guinda.
Además, y este medio lo ha dicho hasta el cansancio, las encuestas no son ni serán los principales métodos de selección de candidatos en MORENA. El método es la “valoración política”; las encuestas sólo sirven de apoyo. Hay que leer los Estatutos y las Convocatorias, para no equivocarse o sentirse sorprendido.
Por otra parte, no es cierto que Mara haya tenido otros desafíos internos del nivel del que hoy puede ser Rafa Marín.
Desde que subió el poder en 2018, Mara fue “la candidata de todos”. Por “todos”, entiéndase de AMLO, del entonces gobernador Carlos Joaquín y del líder del Verde Jorge Emilio González Martínez, quienes eran las tres figuras políticas del estado. Y de allí extendió esa aceptación a otros sectores del empresariado y la política, fundamentalmente al morenismo de base.
Mara aprovechó ese contexto y creció sin parar. Nadie nunca puso en duda su camino a la gubernatura. No lo hizo Marybel Villegas ni José Luis Pech, que eran senadores. Ni tampoco algún alcalde u otra figura del morenismo. Incluso cuando Rafa Marín quiso ser candidato en 2022, ya llegó tarde y todo estaba definido a favor de Mara.
Pero ahora es diferente. Rafa empezó dos años y medio antes de la elección; merodea la cúspide del poder; se reúne una vez a la semana con la Presidenta Claudia Sheinbaum y con el Secretario de Organización de MORENA, Andy López Beltrán, y trabaja todos los días, codo a codo, con los más poderosos empresarios del país.
Eso significa contactos personales, políticos y recursos económicos. Todo lo que hace falta para hacer una campaña electoral.
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EL FUTURO
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